Las Cinco Disciplinas (Arlasófica 3) CAPÍTULO 5Las Cinco Disciplinas #2
13%

CAPÍTULO 5Las Cinco Disciplinas #2

Cuando entraron en el comedor, Xalara se sorprendió al ver que, además de las habituales cinco mesas, una para cada comarca, había una sexta, más corta y colocada frente a las otras cinco, con siete sillas apostadas detrás de ella.

Xalara quiso comentar aquella circunstancia con su amiga, pero no lo hicieron hasta sentarse, como de costumbre, en el extremo de la mesa de su comarca, apartadas del resto, ocupando un espacio que siempre estaba vacío, algo que esta vez las dejaba muy cerca de la nueva mesa .

—¿A qué crees que viene esa mesa? —preguntó Michelle en voz baja, para evitar la reprimenda de los supervisores.

—No lo sé, pero imagino que desde ahí anunciarán a los reclutas elegidos —opinó Xalara.

Michelle parecía dispuesta a añadir algo más, pero se quedó callada cuando vio al nuevo recluta acercarse hacia ellas con la bandeja que portaba su cena. Como todo hacía indicar, Aden se sentó enfrente de ellas.

—Buenas noches —saludó—. No tiene buena pinta esta cena, ¿verdad?

Ellas se miraron sin decir nada. Justo entonces, todas las cabezas se orientaron hacia la ancha puerta del comedor, por donde entraban los maestres, con Syliana al frente, obligando a los reclutas a ponerse en pie. Xalara avisó a Aden con un gesto disimulado para que él también se levantara.

Los maestres ocuparon la nueva mesa, quedando en el centro la Lady Maestre.

Para Xalara no resultó sorprendente que, enseguida, Gúlfrica clavara su despectiva mirada en ella.

Después de tomar asiento, Syliana hizo un gesto con las manos para ordenar a los reclutas que se sentaran y que, en teoría, cenasen.

Disimuladamente, Xalara estudió la mesa de los maestres.

Gúlfrica estaba sentada a la derecha de Syliana, que a su izquierda tenía al veterano maestre de Historia Militar Aldo Rénir.

A su lado se encontraba el siempre serio Tíndrac Zoris.

Junto a Gúlfrica se sentaba la maestre más joven de todos: Brenda Lenders, con el pelo suelto, algo nada habitual en ella.

A su lado se hallaba la maestre de Cocina y Nutrición Lysaria Faen, que parecía comentarle a Brenda algo sobre alguno de los reclutas del Suroeste.

En el otro extremo estaba Sirio Fónder, quien impartía Sanación y Primeros Auxilios.

Los reclutas asignados para las tareas de cocina y servicio de esa noche se afanaron en servirles la cena a los maestres. Por lo que comprobó Xalara, era mucho más suculenta y apetitosa que la suya.

Mientras cenaban, Xalara repasaba mentalmente cómo había sido la instrucción de Combate de esa tarde, en la que Gúlfrica se había ensañado con Aden, a quien enseguida apartó del resto y lo señaló como un completo inútil.

Una voz proveniente de la mesa de los maestres atrajo la atención de todos.

—¡¿Qué haces, torpe?! —tronó Gúlfrica, poniéndose de pie con su corto y platino cabello—. ¡Me has tirado la cena encima del uniforme!

—Lo siento, maestre. No era mi intención —se disculpó asustada una recluta muy delgada de la comarca del Noreste—. Ahora mismo se lo limpio.

—No —dijo la maestre, deteniéndola cuando se iba—. Que lo haga ella.

El índice de su mano derecha señalaba sin discusión hacia Xalara.

—¡Verdreven! —rezongó Gúlfrica—. ¡Ven aquí ahora mismo y limpia el destrozo que ha hecho esta estúpida!

La recluta del Noreste se apartó de ella, primero despacio y luego deprisa.

Xalara se levantó después de que Michelle le diese una pequeña patada en la pierna, como si ahí tuviera una palanca que la pusiera en marcha.

La muchacha salvó el banco sin respaldo de su mesa y caminó hacia la de los maestres, coincidiendo en su camino con la recluta que había manchado a Gúlfrica, quien le pasó el testigo de una bayeta, bajo la mirada indiscreta de todos los presentes, excepto de la Lady Maestre, que miraba al frente.

« Hasta en esto me vas a ignorar » —lamentó Xalara.

—Vamos, limpia —la apremió Gúlfrica.

Xalara secó el uniforme y luego movió la mano hacia la mesa para quitar lo que había caído en ella.

—No me has limpiado las botas —protestó la maestre—. Están salpicadas.

Cuando la recluta miró hacia abajo, comprobó que estaban impolutas.

—¿No has oído lo que te digo? ¡Límpialas !

Pensó en hacerlo mediante arlasofía , pero sabía que no se lo iba a permitir. Xalara se acuclilló, con el corazón bombeando a toda velocidad mientras apretaba los dientes con rabia.

—De rodillas —exigió la maestre—. He dicho de rodillas —insistió, inclinándose para acercar su tenso rostro al de Xalara, a quien no le quedó más remedio que obedecer.

—Así está bien —dictaminó Gúlfrica tras unos segundos, con su habitual tono de malicia—. Vuelve a tu sitio.

Xalara se retiró de la mesa de los maestres y regresó a la del Noroeste. Por suerte el trayecto era muy corto, pero eso no evitó que viera las expresiones de burla generalizada.

—¡¿No tenéis hambre?! —terció ahora sí la Lady Maestre—. ¡A cenar!

No tardó en volver a oírse el sonido de las cucharas atacando los platos hondos de sopa que llenó el comedor.

Michelle observaba a su amiga como si intentara transmitirle su apoyo después de lo que había pasado. También Aden, a su manera, parecía buscar esa complicidad.

Odiaba a Gúlfrica Estéinar desde el día en que la conoció. Sin duda era algo recíproco. Xalara solo deseaba que la maestre se atragantara con su cena.

Minutos más tarde, bruscamente y casi seguro de forma intencionada, la Lady Maestre arrastró la silla hacia atrás mientras se atusaba el espléndido y largo cabello blanco, impensable en alguien de su edad.

—Imagino que el anuncio ha sido tomado por muchos de ustedes como algo precipitado, pero fue así por orden mía, para que no se distrajesen —explicó hablando alto, pero sin gritar—.

Ahora conoceremos a los reclutas escogidos para participar en el Torneo de las Comarcas.

Este evento ha formado parte de la EDMO desde sus inicios, y tiene un valor más simbólico que material.

No obstante, siempre ha sido un motivo de orgullo para los ganadores y sus compañeros. Igual que lo será en esta ocasión.

Algunos reclutas compartieron miradas con quienes tenían a su lado .

—Bien, después del recuento llevado a cabo por vuestros supervisores de dormitorio —continuó Syliana—, leeré los nombres más votados.

Uno de los supervisores del comedor le acercó una hoja de papel doblada por la mitad, que la anciana Lady Maestre se encargó de desplegar.

—Comenzamos con la Comarca del Noroeste —informó—. Por parte de sus integrantes masculinos, el elegido ha sido…

El estrepitoso ruido al abrirse la puerta del comedor detuvo las palabras de Syliana.

Un grupo de personas que no pertenecían a Lúgardark, accedió con descaro, seguramente debido a la ausencia de la figura del guardián.

Todos en el comedor se voltearon para observar a la Escolta Presidencial, con sus impolutos uniformes blancos, caminando junto a la presidenta del Gobierno y una mujer que Xalara no reconoció.

Detrás de ellas apareció también un hombre calvo y con bigote, cuya presencia era imponente, vestido con un uniforme negro y botones plateados.

En la puerta se apostaron al menos diez cuero negro .

La presidenta y su séquito se dirigieron directamente hacia la mesa de los maestres, donde Syliana no parecía dar crédito a lo que estaba ocurriendo, como todos los demás.

Con un largo abrigo negro y una bufanda gris alrededor del cuello, Crispina Streif, cuyo rostro se asemejaba al de un cadáver andante, llegó hasta la Lady Maestre y le tendió la mano mientras le decía algo que Xalara, a pesar de encontrarse relativamente cerca, no entendió: solo vio que Syliana negaba con la cabeza.

Después la presidenta se giró hacia los reclutas, cuando todos sus acompañantes tomaban posición en torno a ella.

El silencio que se adueñó del comedor y las expresiones de quienes estaban en él reflejaban el desconcierto generalizado, incluido el de los propios maestres. Sin embargo, Xalara estaba convencida de que nadie había recibido un impacto emocional tan potente como el suyo.

—Buenas noches —saludó la presidenta, utilizando un tono afable que Xalara no reconocía en ella—.

Estoy aquí para anunciaros que el antiguo Torneo de las Comarcas queda abolido, y será sustituido por algo mucho más emocionante para todos —hizo una pausa en la que barrió visualmente todo el comedor—.

Dado que esta es una nueva era para Lúgardark tras tantos años en el ostracismo, desde el Gobierno hemos decidido crear un nuevo desafío para vosotros los reclutas, quienes sois los verdaderos protagonistas de la EDMO —hablaba más rápido de lo esperado en alguien que presentaba su demacrado estado físico, como si quisiera llegar cuanto antes a la parte más importante de su discurso—.

Dicho evento consistirá en cinco disciplinas, cada una de ellas relacionada con las instrucciones de la EDMO.

El ganador o ganadora recibirá una gran suma económica y, lo más importante, el derecho a solicitar cualquier petición al Gobierno; y repito, cualquier petición —esto último lo dijo desviando la vista hacia Xalara, confirmando que, en todo momento, supo dónde estaba la recluta.

Murmullos y gestos compartidos se adueñaron del comedor.

—Pero nadie mejor para explicarlo que el árbitro encargado de impartir justicia, el señor Míxiliam Weinter —añadió la presidenta, en referencia al hombre que había entrado en último lugar, como reclamando para él un aplauso que nunca llegó.