CAPÍTULO 3Los fantasmas de la mente #3
No quería regresar a ello, pero las imágenes se manifestaban inevitablemente sobre el oscuro fondo de la cama de Michelle.
Aquella voz que no era suya aunque saliera de su propio interior aún retumbaba dentro de sus oídos, igual que ese extraño « tic-tac ».
Y luego estaban las marcas en sus muñecas.
Tal vez después de haberla tocado en aquella visión existiese algún tipo de vínculo sensorial entre ambos.
A esas alturas, y mientras sentía un cosquilleo extraño en las muñecas, la pregunta era inevitable: ¿había estado dentro del mismo reloj donde se alojaba el Lórdezeit cuando era el Fantasma del Tiempo?
Por imposible que pareciese, ¿habían compartido sus mentes o sus cuerpos?
La mínima posibilidad de que aquello fuera plausible resultaba tan perturbador que se obligó a confiar en que todo había sido producto de una pesadilla horrible.
A la mañana siguiente, el recuerdo de aquella escena, si bien no se había borrado, sí estaba distorsionado en su memoria.
No lo manifestaban abiertamente, pero muchos de los reclutas del Noroeste echaban de menos al malogrado Viggo Estrango, especialmente tras aquel último discurso donde los animó a no venirse abajo ni sentirse inferiores a nadie dentro de Lúgardark.
No obstante, desde que Syliana Meistre se hizo cargo de la instrucción de Arlasofía Táctica sustituyéndolo, la habilidad de todos había alcanzado otro nivel, incluido el de la propia instrucción.
La anciana ejercía de una forma distinta, mucho más vivaz y práctica, sin apenas abrir el Manual oficial de Arlasofía . Era una mujer especial en muchos sentidos, no solo por la desconcertante vitalidad que mantenía a su avanzada edad.
Durante la instrucción de esa mañana, como era habitual, Xalara nunca estuvo en el centro de atención de la Lady Maestre. Incluso juraría que se mostraba incómoda cuando se acercaba a ella.
—Tienes que decírselo —apuntó Michelle en voz baja, sentada a su lado.
—¿Qué? —se sorprendió Xalara, ensimismada, igual que había estado desde que abandonaron el dormitorio.
—Tienes que contarle a Syliana lo que te pasó ayer por la noche. Ella te ayudará, es muy sabia.
—No voy a decirle nada —se reafirmó—. Tampoco puedo confiar en alguien que me ignora y me evita —añadió, tratando de disuadir las réplicas de su amiga.
Syliana tenía junto a ella, en el centro del auditorio, a un nutrido grupo de reclutas que había reclamado previamente y que ahora, mediante arlasofía , sostenían en el aire por encima de sus cabezas una esfera de madera .
—¿Por qué se le cayó encima del cogote? —preguntó Syliana, caminando alrededor de una recluta de pelo castaño llamada Bánsot, que tenía la vista fija en el suelo, donde yacía su esfera.
—Porque perdí la concentración —contestó titubeando.
—Sí, desde luego —afirmó la maestre—. ¿Pero solo por eso?
—Y… porque…
—Yo le responderé —dijo Syliana—: porque no ha aprendido nada desde la última vez, cuando también se le cayó.
Varios reclutas rieron, conteniéndose.
La Lady Maestre detuvo su paseo repentinamente y dirigió los ojos hacia el techo, como si hubiera algo extraño en él; aunque Xalara no veía nada en las gruesas vigas de madera.
—¿Qué hay allí arriba? —preguntó Syliana, manifestando un gran interés y preocupación en su timbre de voz.
Cuando la maestre fingió que algo había caído sobre su ojo, todos los reclutas apartaron la atención hacia ella, incluso aquellos que miraban al techo para no perder el contacto visual con sus esferas, provocando que se desplomaran al desactivarse la fórmula begagxio .
—¿Saben por qué se les ha caído ahora a ustedes?
—preguntó ante el fastidio de sus reclutas—.
Porque no han aprendido nada del error de su compañera —se respondió—.
Cuando estén en medio de una batalla, si pierden la concentración, es muy posible que también pierdan su vida.
Espero que esta lección no la olviden nunca —añadió dirigiéndose también a los reclutas que estaban en la grada—.
Ahora, los que estén sentados, que bajen y se unan a sus compañeros.
Xalara se levantó y bajó junto a Michelle y la otra mitad del Noroeste hacia el centro del auditorio.
—Bien —dijo la Lady Maestre cuando todos se unieron—. Formen un óvalo a mi alrededor.
La anciana esperó a que completasen la orden para volver a hablar.
—Como ya saben, en unos días finaliza el primer semestre de la EDMO.
Según el protocolo, esto que vamos a hacer ahora debería impartirse en el segundo.
Pero en estas últimas semanas he notado un gran salto en sus habilidades, así que considero que están listos para empezar —hizo una pequeña pausa—.
¿Alguna vez han conseguido, o al menos intentado, activar dos fórmulas arlasóficas al mismo tiempo?
Nadie respondió, sino que todos se miraron esperando a que alguien lo hiciese.
—No me extraña —dijo finalmente Syliana con una media sonrisa—.
No es algo sencillo, ni todos pueden llegar a hacerlo; según dicen algunos —se detuvo un momento para mirarlos a todos—.
Sin embargo, están realizando la EDMO y en ella se busca la excelencia en todo lo que les instruyan.
Hoy intentaremos activar a la vez la fórmula volter y la fórmula begagxio .
Como comprenderán, para ello necesitan las dos manos.
Si alguno de ustedes es muy diestro o demasiado zurdo, este ejercicio les resultará casi imposible.
Pero soy de las que piensan que, con esfuerzo y voluntad, todo se puede lograr. Ahora necesito que formen una fila.
Los reclutas se pusieron en movimiento, e igual que Diago Zúnkerberg se apresuró para ponerse el primero, Xalara buscó con ahínco colocarse en las últimas posiciones, justo por detrás de su amiga Michelle.
—Ahora que están listos, les diré en qué consiste el ejercicio —dijo Syliana, sacando una de esas pequeñas esferas de madera del bolsillo de su uniforme—.
Tienen que llevarla levitando sobre la palma de su mano, mientras que con la otra mantendrán los dedos luminiscentes para guiarse.
El objetivo es llegar hasta la puerta del auditorio sin que ninguna de las dos fórmulas se les desactive o tengan fallos.
Si lo logran, tendrán el privilegio de irse sin que nadie les reproche, y descansar o hacer lo que quieran hasta la siguiente instrucción.
De lo contrario, volverán a la fila y se colocarán en último lugar para realizar un nuevo intento.
Varios reclutas se miraron satisfechos, seguramente convencidos de que no podía ser tan complicado.
— Begagxio —pronunció Syliana para, desde la distancia, pulsar el interruptor que apagó casi todas las lámparas, trayendo la penumbra al auditorio—. Cuando quiera, recluta Zúnkerberg —dijo entregándole la esfera de madera .
Diago la colocó sobre la palma de su mano derecha, pronunció la fórmula y la esfera se elevó deprisa, controlando que no lo hiciese demasiado. Acto seguido, flexionó el brazo izquierdo y giró la mano hacia arriba:
— Volter —dijo, y un instante después sus dedos se volvieron incandescentes, iluminando su rostro orgulloso.
Sin apartar la vista de sus manos, dio un paso al frente. La bola cayó al suelo y los dedos se apagaron al mismo tiempo que su gesto de suficiencia.
Xalara y Michelle intercambiaron una mirada de soslayo para compartir la satisfacción por el fracaso de su compañero.
—Recluta Zúnkerberg, vaya al final de la fila —ordenó Syliana—. Como han podido comprobar, esto no es sencillo: requiere un nivel máximo de concentración y habilidad. La mente colapsa porque necesita partirse en dos mitades, por así decirlo. Recluta Zambrano, adelante.
Zanerya dio un paso al frente con una actitud petulante. Su técnica consistió en hacerlo al revés que Diago, activando antes la fórmula volter . Pero cuando activó la fórmula begagxio , la primera se desactivó. No le quedó más remedio que ponerse a la cola de la fila, detrás de su amigo.
En tercer lugar, le tocó el turno a una recluta llamada Keity Járrenjeil, una chica que le caía bien a Xalara a pesar de no tener apenas relación con ella. Por eso esperaba que lo consiguiera.
—Recluta Járrenjeil —dijo Syliana—, una pregunta antes de su intento. ¿A qué se dedican sus padres en el pueblo?
—Son ganaderos, señora. Tenemos vacas de ordeño.
—¿Y usted, a quién quiere más, a su padre o a su madre?
—¿Señora?
—Responda.
—Los quiero a los dos por igual, claro —respondió encogiendo los hombros.
—Pues lo mismo tiene que hacer con las dos fórmulas —aseguró Syliana—. No sé si me explico .
—Creo que sí —dijo la recluta, que activó ambas fórmulas con éxito y comenzó a caminar sin contratiempos, dando pasos muy cortos y torpes.
Cuando había avanzado un par de metros, la esfera de madera cayó sobre su mano, fracasando en el intento. Aun así, lo hizo mejor que Diago y Zanerya, desatando un gesto de irritación en ambos reclutas cuando Xalara se giró para comprobar sus reacciones.
—La reflexión que acabo de transmitirle a vuestra compañera puede parecer una tontería, pero les aseguro que es lo más eficaz a la hora de activar y mantener dos fórmulas arlasóficas al mismo tiempo. Aplíquenlo a partir de ahora. ¡Siguiente!
Keity le entregó el testigo de la esfera al recluta que venía por detrás y se fue al final de la fila.
Uno a uno, el resto de reclutas del Noroeste lo intentaron con mayor o menor acierto, pero ninguno se acercó a completar el objetivo que Syliana les había encomendado.