Capítulo 13 #3
—Perdona —se disculpa Jack—. Miss Chi… —carraspea—. Quiero decir, Brooke. Este es Austin. Se encarga de mantener en forma a los caballos y de sus cuidados.
—Encantado, Brooke —sonriente se quita el sombrero y me tiende la mano.
—Un placer, Austin —le devuelvo el gesto.
Debe tener más o menos la edad de Jack. Su pelo luce distinto: más rapado por los lados, salvo por la parte central de la cabeza, algo más largo, donde se forman unos bonitos rizos dorados que están peinados de cualquier manera.
Tiene… un estilo moderno. Supongo. Se supone que debo estar al tanto de las últimas modas, pero no he visto a mucha gente en Chicago con ese look.
O más bien, no lo he visto en la gente con la que suelo relacionarme.
Sigo estudiándolo. Tiene un rostro cuadrado, mandíbula marcada y una barba en forma de ancla que rodea la boca y el mentón mientras mantiene las mejillas completamente afeitadas.
Le da un aspecto distintivo. Casi sofisticado.
Sus ojos son claros, bajo unas cejas tupidas, y cuando sonríe aparecen unos hoyuelos que lo hacen parecer el chistoso del grupo.
Creo que ya me cae bien. Entonces me fijo en algo más. Lleva un audífono en su oreja izquierda. Me pregunto por qué.
—Brooke, ven que te presento a los chicos.
Parpadeo para volver al momento. No me da tiempo a negarme.
Y la verdad es que me gustaría hacerlo. Porque sigo en pijama, sin maquillaje, con el brazo dolorido y sin haber tomado aún mi café mañanero —ese que consigue que el mundo tenga sentido—.
Además, puede que el sol ya esté lo bastante alto, calentando el cielo sobre nuestras cabezas, y que el frío todavía no haya llegado del todo, pero se puede notar que el tiempo está cambiando.
La ligera brisa del otoño empieza a sentirse en el aire con ese aroma tan característico que anuncia lo inevitable: las mañanas frías, el aliento condensándose en el aire y el crujir de las hojas secas bajo las botas.
Ese pensamiento me eriza la piel. Sin embargo, Austin me ha cogido del otro brazo con delicadeza, como si temiera hacerme daño.
Es entonces cuando me fijo en el tatuaje en forma de línea gruesa que le rodea el antebrazo.
Una línea sencilla, pero continua. No sé por qué, pero me quedo observándola unos segundos más de la cuenta mientras caminamos, como si bajo esa tinta hubiera un secreto que ocultar.
Me lleva hasta el recinto donde tienen a algunos caballos mientras me va hablando con entusiasmo, sin reparar en mi atuendo ni mis pintas, como si no le importara lo más mínimo.
Como si fuera la cosa más normal del mundo que aparezca una chica en pijama y casi medio aturdida por el sueño.
Y la verdad es que me cuesta no dejarme arrastrar por su energía. Tiene algo contagioso.
La luz me ciega durante unos instantes. Los rayos del sol a estas horas son cegadores, por lo que entrecierro los ojos instintivamente. Se ve que Austin se percata enseguida. Se detiene tan solo un segundo, me mira y de pronto me sonríe mostrando esos hoyuelos que le dan ese aire tan despreocupado.
—Espera.
Su gesto es rápido, pero sorprendentemente educado. Se quita el sombrero y, sin pensarlo demasiado, lo coloca sobre mi cabeza con naturalidad. La sombra que proyecta el ala me alivia al instante.
—Fantástico.
Estoy a punto de añadir «atento» a su lista de cualidades cuando ocurre algo.
Ni siquiera tengo tiempo de acostumbrarme al sombrero porque Jack aparece a mi lado.
No lo he visto acercarse. Solo siento su presencia invadiendo el espacio entre Austin y yo.
Su mano aparece de pronto sobre el ala del sombrero que llevo puesto y, con un movimiento rápido, me lo retira de la cabeza. Parpadeo, sorprendida.
—Eh… —antes de que pueda protestar, se lo planta de nuevo a Austin con absoluta naturalidad.
—Creo que esto es tuyo, amigo.
Austin lo mira durante un segundo. Lo suficiente para que algo pase entre ellos que no alcanzo a entender.
Después Jack se quita su propio sombrero y, entonces, lo coloca sobre mi cabeza.
Esta vez con mucha más calma, sus dedos rozando mi pelo.
El gesto es suave, pero firme. Como si ese simple acto tuviera más significado del que yo alcanzo a comprender.
—Mejor así —murmura.
Levanto la mirada hacia él. Sus ojos azules me observan con una intensidad extraña, cargada de algo que no sabría nombrar.
Después vuelve a dedicarme ese guiño suyo y cuando se aparta, escucho una pequeña risa ahogada de Austin.
No parece molesto; más bien… divertido. Lo que solo consigue confundirme más.
Bajo la mirada un instante, consciente del sombrero que ahora llevo puesto.
Del gesto de Jack. Y de la forma en que ambos me han mirado.
Desde luego hay algo entre estos hombres que no entiendo.
Estoy abrumada por todo lo que está pasando en pocos minutos.
Lo único de lo que mi cerebro es capaz ahora mismo es de echar un vistazo hacia atrás, por encima del hombro, buscando a Jack.
Junto a Dairon, que siguen nuestros pasos, y cuando me mira, suelta una pequeña carcajada al contemplar cómo su amigo me insta a que lo siga.
Ese sonido se me enreda en el estómago, a la par que me calienta por dentro. Y eso solo consigue confundirme más.
«Brooke, ¿se puede saber dónde te estás metiendo?»