20. Y yo te buscaré #3
»Pero podéis imaginar qué sucedió porque me habéis visto aquí hoy mismo.
Llegué al laboratorio y me encontré con esta versión de mí misma, tan vieja y arrugada.
—Su amiga Isa resopla al escuchar esto—.
Quise hablar con ella, conmigo. Tenía muchas preguntas, pero no tuve tiempo; enseguida sentí un mareo y me desmayé.
El TX15 estaba completamente desajustado y producía vértigos al viajante de manera fulminante.
En ninguna de las pruebas siguientes conseguimos mantener la consciencia más de unos segundos.
Nunca supe cómo había logrado volver a mi tiempo, aunque lo deduje.
Seguramente me había mandado mi versión anciana.
»Cuando desperté, volvía a encontrarme en Laboratorio Ícaro de 2015, pero para Adela no habían pasado más que unos minutos.
Volvió a entrar, quizá por un pálpito, y me encontró tirada en el suelo junto a mi mesa.
Le expliqué lo que había sucedido. Se puso furiosa.
Según lo veía ella, yo había dejado que Ícaro explotase de nuevo. Discutimos. Me marché a casa.
»Los meses siguientes fueron difíciles. Adela se retrajo de una forma que solo había visto cuando acababa de entrar.
No confiaba en mí y yo tampoco en ella. Hicimos muchas pruebas posteriores, pero la máquina tenía fallos, además del calibrado.
Habíamos conseguido viajar al pasado, aunque no podíamos hacer nada en él.
Además, había otro asunto: aparecíamos exactamente donde activáramos el aparato. Era poco práctico.
—¿Por eso hemos ido en furgoneta a Madrid?
—Efectivamente, podemos viajar en el tiempo, pero no en el espacio. Aunque haya teóricos que lo llamen espacio-tiempo porque la Tierra siempre está girando y…
—Marie —la interrumpe Patri, que no está tomando apuntes, pero le encantaría.
—¿Qué?
—Lo acabamos de hacer.
—¿El qué?
—Viajar… a otro sitio.
—¡Es cierto! —Se tapa la boca Isa—. Estábamos en el callejón y, cuando Adela nos ha enfocado con la luz verde, hemos caído dentro del laboratorio.
Marie se queda callada unos instantes, sorprendida. Después niega con la cabeza y acaba de explicar su historia:
—El resto lo conocéis, más o menos. La tensión aumentó hasta niveles insoportables. Discutíamos casi a diario. Una noche me despidió. Creo que no lo decía en serio, pero decidí que lo sería. Recogí mis cosas y me marché.
—Y te llevaste algo de recuerdo, ¿no? —se burla Isa.
—Por eso en mi empresa no dejamos solos a los despedidos… —comienza Cati, pero, cuando ve que no tiene un público interesado en el protocolo corporativo, se calla y hace un gesto de cremallera sobre los labios.
—Adela se aseguró de que ningún otro laboratorio me contratase porque quería que volviera con ella. No lo hice. Había llegado a mi límite. Pensé que no la necesitaba y subestimé la capacidad de llevar un proyecto sin financiación.
»Me recluí en la casa vacía de mi madre y trabajé en inventos independientes que me daban lo justo para ganarme la vida.
Quise olvidarme del asunto, pero no paraba de darle vueltas.
No podía volver, no tenía acceso a Ícaro ni a todo el material que habíamos construido allí juntas, pero tenía que volverlo a intentar. Empecé de cero y sin medios.
»He conseguido restaurar el primer prototipo de cápsula que visteis en mi sótano este verano, en 2045.
Tardé muchos años en arreglarla. La primera vez llegué a 1985, a mi huerto, una semana antes del concierto.
Volví enseguida porque tenía muchísimo miedo.
Se me pasó poco a poco. Cometí muchos errores, la verdad: en el segundo viaje vi a mi madre una vez más.
Me prometió que no diría nada y así fue. Nunca me lo contó de joven.
»En el tercer viaje cogí el autobús y me fui a Madrid.
Estaba tan cambiado y tan bonito. Después, me fui al concierto de Sting y pagué la entrada.
Disfruté de la música como si fuera la primera vez y me empapé de nostalgia.
Nos vi, a todas, de lejos, tan jóvenes y con tantas ganas. Pero me sentí muy sola.
»Quería volver al concierto de Sting, bailar y disfrutarlo todo otra vez. Pero esta vez quería estar con vosotras. Una canción más. Por eso os invité a cenar. Pensaba explicároslo mejor pero todo se precipitó… Siento haber fingido que el salero estaba roto, no sabía si aceptaríais venir hasta allá.
Patri espera a que Marie continúe hablando, pero se queda callada, ha llegado al final de su discurso. Las piezas encajan, pero de una forma que no esperaba. Siente que la garganta le quema por dentro y no tiene ni idea de qué responder.
Entonces, se abalanza sobre ella para darle un abrazo. Al principio, Marie está rígida y sorprendida, pero después se deja llevar y la abraza de vuelta con fuerza. Enseguida nota los abrazos de Cati e Isa por encima de sus brazos.
Permanecen así unos minutos, hasta que oyen la explosión del Laboratorio Ícaro a lo lejos. Han pasado diez minutos y es hora de moverse.
—Tienes razón —dice Isa, con la voz ronca—. Yo no habría aceptado. Así que me alegro de que el salero estuviera «roto».
—Yo también —se suma Patri.
—Y yo. ¿Ahora qué? —pregunta Cati.
—Ahora volvemos —dice Marie y, por si no quedaba claro, añade—: A casa, claro.
—Pero todavía hay un par de cabos sueltos… —susurra Isa.
—Un par de canciones más, por favor —le pide Patri sonriendo.