1. Patri se encuentra con las chicas #2
En ese momento Cati vuelve al salón y Patri aprovecha para recuperar su espacio personal mientras su amiga va a romperle las costillas a su siguiente víctima.
Sabe que Isa se niega a tomar pastillas antiedad y a entrar en quirófano, y lo cierto es que le sorprende su vitalidad.
Quizá la vida en el campo asturiano sea verdaderamente la vida mejor.
—Suéltame, venga —oye decir a Cati—. ¿Y esta música tan carca?
—La escritora Patricia Abellán siempre tiene que romantizar la vida —se ríe Isa.
—Es una canción buenísima, aunque… —protesta Patri, pero una cuarta voz la hace detenerse.
—A mí me gusta. Creo que es perfecta para esta noche.
Las tres amigas se giran para ver a la anfitriona.
La doctora Marie Aminata Yeo sonríe desde el umbral del recibidor.
Lleva unos vaqueros y una sencilla camisa blanca, una diadema que le recoge los rizos blancos hacia atrás y al menos, piensa Patri, se ha acordado de quitarse la bata de laboratorio antes de subir.
—¿Recordáis el concierto de Sting al que fuimos en Madrid? —dice, antes de que Isa pueda abrazarla siquiera.
—¿El viaje que hicimos en el 87? —pregunta Cati.
—No, fue en el 85 —responde Isa—, yo acababa de cumplir diecisiete años y me parecía que era un drama acercarme tanto a los dieciocho.
—Es verdad, ¡celebramos allí tu cumpleaños! —recuerda Patri.
—¿Cómo podéis acordaros de todo eso? —pregunta Cati, riéndose.
Patri se encoge de hombros. La verdad es que no se acordaba hasta que no lo ha mencionado Marie. Pero al verlas a las cuatro, en persona, en aquella casa, en el mismo salón donde planificaron el viaje, le ha venido todo de golpe. La memoria funciona de manera extraña y selectiva.
Las cuatro se quedan un momento en silencio recordando aquella noche.
—¿Y os acordáis del viajecito hasta allí? ¿En un autobús de aquellos viejos?
—¿Y el de vuelta? ¡Se estropeó y nos quedamos atascadas en Albacete! —suspira Isa.
La nostalgia es amarga.
—Anda, ¿por qué no nos ponemos al día y dejamos los ochenta? —dice Cati.
—Vamos a cenar —concede Marie—, pero difícilmente me vais a sacar de los ochenta…
Las amigas se ríen porque saben que van a pasarse la noche recordándolos. Puede que haya un motivo para la cena de esta noche, pero primero vendrán las anécdotas y los viejos tiempos.
—Marty, modo cena —pide Marie a su pulsera.
La iluminación de la sala disminuye para recrear una cena a la luz de las velas. La canción ochentera da paso a un agradable jazz.
—Sentaos mientras traigo los platos.
—¿Tienes un sacacorchos? —pregunta Cati mientras la sigue hacia la cocina.
Patri se acerca a la mesa y se sienta en la silla junto a la ventana.
Era la misma de la que siempre se apropiaba cuando la madre de Marie la invitaba a quedarse después de toda la tarde con su hija.
Observa a Isa dejarse caer en el mismo lugar que ella también ocupaba, de espaldas a la chimenea. Algunas cosas nunca cambian.
—¿Estás escribiendo alguna novela nueva? —le pregunta su amiga.
—Siempre estoy con alguna, sí.
—¿No me vas a contar de qué va?
—Hasta que no la acabe, ya sabes que no me gusta decir mucho. —Patri sonríe, con la sensación de haber vivido esta conversación miles de veces.
—Mientras no me saques a mí en el libro, yo te apoyo.
—Algún día te sacaré, Isa, cuando me quede sin ideas —replica la escritora.
—Patri, a ti eso nunca va a pasar, pero sácame favorecida, ¿vale? Una persona ejemplar.
—Tranquila, que yo siempre altero la realidad.
Su amiga le atiza con la servilleta de tela a modo de protesta y ambas se ríen.
Entonces vuelve a entrar Marie en el salón, sujetando con cuidado una fuente de horno tapada.
A la autora le llega el olor de recién hecho, pero no sabe identificar la receta.
Cati la sigue con la botella de vino en la mano.
—Es un antiguo Jumilla —dice, con los ojos brillantes mientras la doctora coloca la comida en la mesa.
—¿En serio? Pero si de esos ya no quedan… —se sorprende Patri.
—Lo tenía por ahí guardado para una ocasión especial.
—¿Tan especial es esto? —pregunta Isa con curiosidad.
—Yo creo que sí —corrobora Marie.
La anfitriona destapa la fuente y desvela su contenido. Las tres se acercan a observar lo que van a cenar. No reconoce lo que está viendo, pero asume que es algún tipo de pudin.
—Pudin de seitán y verdura —sonríe la anfitriona.
Patri tiene que aguantarse la risa al ver la cara de decepción de Cati con el sacacorchos en la mano. Aunque era de esperar, pues el codillo es un absoluto lujo en 2045 y su amiga es la persona más lista que conoce, pero no la mejor cocinera.
Se sirven los platos por turnos y comienzan a comer. Al cabo de tan solo unos minutos, Cati pregunta:
—Bueno, Marie, cuéntanos lo que nos vayas a contar, no nos tengas en ascuas.
—Espera —dice Isa—. Antes de nada, tengo una pregunta.
Cati la mira furiosa, pero Marie se ríe.
—Dispara.
—¿En serio le has puesto Marty?
—¿Quién es Marty? —pregunta Patri.
—Mi asistente virtual. ¿No te gusta? —responde la dueña.
—¿Como Marty McFly? —se ríe Isa—. ¿Eso no te convierte en una científica loca?
Se produce un silencio incómodo en la sala.
Patri no se atreve a decir nada porque, aunque no recuerda el personaje, sabe que es un tema sensible.
Su amiga, que una vez fue una científica destacada en uno de los laboratorios más importantes del país, lleva años encerrada en su sótano de Llano de Brujas después de que la despidieran.
Entonces Marie suelta una carcajada. Las demás se unen, aliviadas.
—Pues ahora que lo dices —comenta entre risas—, no lo había pensado. Fue el primer nombre que me salió cuando lo diseñé.
—¿Inconscientemente? Tiene más delito incluso…
—Me estoy perdiendo algo, creo —comenta Cati, sirviendo el vino.
—Creo que es de una película ochentera —interviene Patri haciendo memoria—. ¿Regreso al pasado?
—No, era Regreso al futuro —la corrige Isa, que es la experta en ciencia ficción.
—Un nombre genial, ¡brindemos por Marty! —exclama la empresaria, con la copa en la mano.
—¡Y por nosotras también! —se une Marie.
—¡Por más reuniones presenciales! —propone Patri.
—Si me pagas tú el kilometraje… —refunfuña Cati.
—Pues si tú eres la que está más forrada en esta mesa… —protesta Isa.
—¡Por otro concierto de Sting! —dice la doctora.
—¡Mejor por tener diecisiete otra vez! —grita Cati levantándose de la silla.
—¡Venga ya, que ahora estamos mucho mejor! —se queja Isa.
Beben casi atragantándose de la risa. Patri se termina la copa y se le da un nuevo comando de voz al asistente.
—¡Marty, quita este muermo de jazz y pon otra vez La chica de ayer !
* * *