Las cenizas del mundo (El despertar de Osharan 4) Runna
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Runna

L a última luz del ocaso trajo a los dragones consigo.

El mar se recortaba en el horizonte oscurecido ya por la temible noche.

Las llamas hacían que Galear brillara igual que una antorcha.

Los kalastys llegaron al atardecer y, sin encontrar resistencia alguna, habían entrado en la ciudad.

Los runnenses contemplaron en la distancia como aquellos seres invadían sus hogares y soportaron la rabia en silencio.

La comandante Halan había evacuado el lugar al completo y toda la población se encontraba refugiada en las montañas doradas, junto a la costa.

Los túneles naturales que recorrían el interior de los montes les permitirían ocultarse.

Desde allí se podía ver toda Galear, desde el muelle hasta las calles de empinadas cuestas.

Los kalastys saquearon moradas, destruyeron construcciones, rugieron frenéticos ante una victoria tan sencilla.

Halan también había retirado al ejército, una decisión difícil pero consensuada.

Serían más útiles junto a la población, porque su gente era lo único que debían proteger, costara lo que costase.

Cuando los dragones grises surcaron el cielo y comenzaron a lanzar los mortíferos rayos contra Galear, los corazones de los dáricos se encogieron por la pena.

Su hermosa ciudad quedaba reducida a cenizas ante sus ojos.

Las lenguas de fuego blanco consumieron los edificios como si fueran de arena, engulleron las calles y los monumentos.

El oleaje embravecido del mar acompañaba la destrucción, tan rabioso como los propios dáricos.

Las naves que se quedaron en el muelle desaparecieron también bajo las cegadoras llamas.

No se habían contentado con sacarlos de su hogar, lo hacían desaparecer por completo.

Halan oía el llanto de su gente. Algunos hajaeks se dejaron caer de rodillas tras presenciar la destrucción.

Ella se mantuvo firme, la mano sobre el pecho.

Observó a cuantos tenía a su alcance y se dijo que sus vidas eran lo más importante.

Regresarían cuando aquellos seres abandonaran el lugar y reconstruirían Galear sobre sus ruinas.

La harían más hermosa, más espléndida.