Las cenizas del mundo (El despertar de Osharan 4) Fraem-Lab
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Disparaban las flechas en un intento de atravesar las alas, pero los dragones eran veloces y lograban esquivarlas.

Los endómicos se habían concentrado en dos grupos, uno en torno a la biblioteca y el otro en la plaza del memorándum.

Bajo las órdenes de los profesores y el herrero Raysit, lanzaban bolas de fuego creadas con sus propios lanfes.

Algunos de ellos yacían muertos junto a sus compañeros tras agotar su energía.

Eran los únicos que podían defender la ciudad y su legado, pues las malditas criaturas tan solo descendían para atrapar entre sus garras a los soldados.

Raysit usaba la energía a su alcance, ya había drenado la de los árboles casi por completo y comenzaba a estar agotado.

Notaba cómo se rompían sus músculos, dejando sus extremidades laxas y terriblemente doloridas.

Sus huesos estaban tan débiles que apenas lograban soportar el peso.

Su cuerpo se quebraba con cada oleada de endomia dirigida a los dragones.

Aun así, eso era mucho mejor que ver morir a los jóvenes estudiantes.

Cinco dragones abandonaron el vuelo conjunto y se dirigieron hacia él.

Abrieron sus fauces, dispuestos a consumirlo con fuego.

Raysit gritó con todas sus fuerzas mientras reunía la energía que quedaba en los árboles.

Era demasiada para asimilarla toda de golpe, lo sabía.

Con gran esfuerzo y sintiendo su mente quebrarse, convirtió todo aquel lanfe en largas picas de hielo que lanzó contra los dragones.

Estas atravesaron las gargantas y cabezas de las criaturas y se clavaron en sus alas.

Las bestias bramaron mientras derramaban su sangre plateada y se estrellaban sobre los edificios.

Raysit sonrió triunfal. Entonces cayó de rodillas, completamente agotado, y un velo oscuro cubrió su mirada.

El herrero no tuvo más pensamiento que unirse a su familia en el mundo venidero. Lo había dado todo por proteger la ciudad.

El último maestro del acero dárico acababa de morir.

El cielo se iluminó una vez más con cientos de flechas prendidas en llamas rojas que los dragones recibieron con un rugido. Los endómicos atacaron con fuego, con hielo, con aire. Protegerían Fraem-Lab hasta su último aliento.