Maeros
Todos tenían una espesa cabellera blanca y dos cuernos que se retorcían hacia la nuca. Ocultaban sus rostros con máscaras. De momento, no parecían tener intención de atacarlos. La gente afirmaba que eran inmortales, seres venidos de otro mundo.
Las llamas devoraban los edificios, los reducían a cenizas. Gran parte del puerto quedó destrozado mientras las bolas incandescentes seguían descendiendo sin piedad.