Las cenizas del mundo (El despertar de Osharan 4) Laen’dah
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Laen’dah

No comprendía las acciones de Osharan, ¿de verdad trataba de controlar el poder de la joven?

Encomendar su adiestramiento a Trivaz había sido un grave error, pues el demonio la odiaba con todo su ser.

Busqué a Kishur y lo vi desplomarse, aún con Alhanna entre los brazos.

Negué con la cabeza: el dárico jamás aprendería.

Por fortuna, había logrado poner a una nueva soñadora en su camino.

Con gran esfuerzo, fui hacia la Drefara. Sentía que el Dragón jugaba conmigo, que se dedicaba a desbaratar mis planes, a enredarlo todo.

—Si tan solo pudiera saber lo que piensas… —murmuré.

Pero debía seguir pasando desapercibido para Osharan.

Tenía de nuevo a un soñador junto al dárico y de momento me bastaba con eso.

Continuaría hablándole para intentar alejarlo del Dragón.

Aunque quizá, tras lo ocurrido con Alhanna, no hiciera falta mi intervención.

Osharan siempre había tenido la lealtad y la devoción de todos los seres, ya fueran mortales o inmortales, pero ¿qué ocurriría si el único al que prestaba atención lo rechazara? La idea me agradó.

Regresé a mi sillón junto al ventanal. Estaba expectante, ansiaba que Osharan sufriera de la forma que fuera.

No estaba seguro de si tal cosa sería posible.

Confiaba en que los devoradores alcanzaran su propósito de encerrarlo en el Vacío, e incluso los ayudaría, aunque eso significara la perdición para Muriath.

Alguien como yo sobreviviría a pesar de todo, y después, con ayuda de los Olvidados, restauraríamos el mundo tal como deseáramos con el lanfe de Osharan. Tan dolo debía ser paciente.