Las cenizas del mundo (El despertar de Osharan 4) Zahel
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Zahel

—Es un lugar horrible. —Una voz masculina la sobresaltó.

—¿Hemos muerto? —preguntó él con cierto temor—. ¿Por eso estamos aquí?

—Quizás… —Alhanna se llevó la mano al pecho al recordar cómo Osharan había destruido su tatuaje. No, no podía ser cierto—. No, no estoy muerta —dijo, convencida de que Kishur la habría salvado justo a tiempo.

—Ojalá pudiera estar tan seguro como tú. —Él también se acarició el pecho, justo sobre el corazón, como si buscara algo—. Supongo que no debe sorprenderme, después de todo, nací para ser el portador de muerte. Es extraño cargar con un destino que no has elegido.

—Lo lamento —dijo Alhanna con sinceridad genuina—. Y también siento haberte dejado atrás cuando nos encontramos en Cimeag. Creí que de ese modo evitaría… bueno, esto. —Señaló a su alrededor.

Quiazz asintió y los dos se buscaron el uno al otro para agarrarse de las manos.

El calor que sintieron traspasó sus cuerpos.

Aquella tormenta que envolvía el cielo sobre Zahel se volvió más violenta y arrojó rayos hacia la superficie, que se perdieron entre la niebla.

Una risa escapó de aquel lugar, alzándose sobre el rugido del temporal, alcanzando sus mentes.

—Conozco tu nombre: Alhanna —confesó el joven con una triste sonrisa—. Me siento unido a ti de una forma irrefrenable. A veces noto que me falta algo y creo que eres tú. Desde que nos conocimos a través de aquella bruma, algo cambió en mi interior. ¿También te ocurre a ti?

—Si, no he podido olvidarme de ti ni del daño que te hicieron. Decidí mantenerte lejos para huir de Zahel, pero no servirá de nada. Tarde o temprano sé que estaremos aquí de nuevo —dijo ella con pesar.

—Yo también —admitió él con un murmullo.

Alhanna apretó la mano del joven y percibió que algo se entrelazaba entre ellos, como si una cuerda invisible rodeara sus muñecas. La niña comenzó a cantar y el páramo sobre el que la torre se alzaba se estremeció.

—¿Cómo te llamas? —preguntó Alhanna.

—Quiazz.

La niebla avanzaba y comenzaba a cubrirlos. La niña guardó silencio un instante y luego, volvió a reír. «Os sigo esperando», dijo dentro de sus mentes.

Alhanna y Quiazz supieron que nunca podrían escapar de Zahel.