Las cenizas del internado (Isla Ballena 3) Capítulo 47
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Capítulo 47

La prensa nacional se hizo eco del final de esta historia con un titular a toda página firmado por Isaac.

Me senté en el salón de mi piso compartido, con el periódico desplegado sobre las rodillas, y releí sus palabras por enésima vez.

El artículo era un despliegue magistral de la investigación en la que yo misma había participado:

La investigación judicial destapa una trama de corrupción que vincula a la orden religiosa con la familia García de Luna, el amaño de peritajes y el asesinato del perito que investigó el caso.

El testimonio de la superiora revela que, lejos de denunciar los hechos, optó por encubrirlos a cambio de una importante suma de dinero entregada por la familia García de Luna.

La justificación de la orden, según consta en las diligencias, fue evitar un escándalo que habría derivado en el cierre del internado y en responsabilidades penales por mantener encerrada bajo llave sin supervisión a la menor fallecida y el encubrimiento de un parto clandestino.

Para ello, la superiora del centro, con ayuda económica de la familia García de Luna, sobornó al perito encargado de la investigación para que certificase el incendio como un descuido y modificase la ubicación de la fallecida.

La detención de la autora y el hallazgo de pruebas

La investigación dio un giro definitivo tras la detención de María García de Luna por otro incendio provocado este mismo año en la vivienda del perito judicial.

El registro exhaustivo de su domicilio y el de sus padres permitió a la policía recuperar documentación clasificada que acreditaba la relación entre la familia y el internado.

La documentación incautada confirma la existencia de una red de corrupción que incluía la complicidad de mandos policiales de la época, encargados de bloquear las pruebas que apuntaban a la intencionalidad del fuego.

Asesinato y tráfico de influencias

La Fiscalía ha reabierto la causa por la muerte este año del perito que evaluó el incendio original.

Las primeras investigaciones habían apuntado a un suicidio, pero, tras la aparición de nuevos indicios, el caso ha sido recalificado como asesinato.

Los análisis toxicológicos confirman que en el cuerpo había presencia de un tipo de benzodiacepina, un fármaco específico que no se encuentra en farmacias, y que fue usado para sedación en múltiples partos clandestinos que se habían investigado en la última década en todo el país.

El testimonio de otros implicados ha permitido determinar que, ante la amenaza de que el perito destapara las irregularidades en la actualidad, sor Marisa había contratado los servicios de un sicario para asesinarlo, utilizando los contactos de la red de tráfico de sustancias ilegales que operaba en la zona y que suministraba sedantes al centro religioso.

Sentencia

La Audiencia Provincial ha dictado una sentencia de quince años de prisión para sor Marisa por los delitos de detención ilegal con resultado de muerte, asesinato como inductora y por su papel central en la red de adopciones ilegales.

No obstante, atendiendo a su avanzada edad y precario estado de salud, el tribunal ha concedido el beneficio de prisión atenuada, que cumplirá bajo arresto domiciliario en un centro religioso, sujeta a control telemático y a una estricta prohibición de comunicación con el exterior hasta el fin de sus días.

Por otro lado, el matrimonio García de Luna ha sido condenado a ocho años de prisión por cohecho y falsedad documental, mientras que su hija María García de Luna —autora material de los incendios— ha sido sentenciada a ocho años de internamiento en un centro psiquiátrico penitenciario.

El embargo judicial de los bienes de la fam ilia permanece vigente para cubrir las indemnizaciones a las víctimas.

Isaac había sido preciso en los datos técnicos, pero este texto era incapaz de recoger el horror real que yo había vivido. La verdadera magnitud de lo ocurrido no estaba en los juzgados, sino en los recuerdos que aún me perseguían.

Leer la declaración judicial de Luna me revolvió el estómago.

Detrás de sus bromas había una mente enferma.

Y lo peor es que yo no me di ni cuenta cuando trabajé con ella.

Eso es lo que más me asusta, que las personas de nuestro entorno pueden aparentar ser de lo más normales, y en realidad ocultar secretos muy oscuros.

¿Se puede confiar en alguien en este mundo?

El caso es que, en cuanto Luna cumplió dieciocho, salió del internado y sus padres le cortaron el grifo para que la niña se buscara la vida y madurara.

Se puso a trabajar como administrativa en el periódico de Valentina para intentar llevar una vida normalizada.

Tampoco tenía muchas opciones donde trabajar en la isla, teniendo en cuenta que sus padres dirigen muchos de los grandes negocios de Isla Ballena y que no querían resolverle la vida al enchufarla en una de sus empresas.

Está claro que conocían bien a su hija y no la querían cerca.

Luna admitió que, cuando Isaac empezó a investigar, se dio cuenta de que su reputación corría peligro.

Sabía que no iría a la cárcel por un delito prescrito desde hacía treinta años, lo que verdaderamente no estaba dispuesta a consentir era el escarnio público: que su apellido fuera manchado y que sus hijos tuvieran que ver cómo machacaban a su madre en las tertulias de la tele y en el patio del colegio.

Sabiendo cómo funcionan los pirómanos, ahora entiendo que Luna se hubiese estado conteniendo durante años; pero esa presión terminó por hacer saltar su control y salir disparada como un muelle a quemar lo que fuera.

Confesó el incendio del edificio del perito y la policía logró vincularla con varios fuegos menores, contenedores y poco más, cometidos en la isla.

Declaró que no tenía nada que ver con su muerte, aunque sí le importaba ocultar las pruebas para evitar que una chiquillada de su pasado destruyera su vida presente.

Irónicamente, su mayor temor terminó cumpliéndose.

Su detención abrió los telediarios nacionales y el nombre de su familia fue arrastrado por la prensa de sucesos durante semanas.

Su marido terminó empaquetando las cosas para llevarse a los niños lejos de la isla, a una ciudad donde nadie les recordara el monstruo que tenían por madre.

Fue devastador comprender que la historia de mi familia y la muerte de mi madre no habían sido más que el daño colateral de una inmensa red de cobardía. Todo se alimentó del silencio. Así de absurdo y retorcido parece que es todo en esta isla.

Conseguimos meter a mucha gente entre rejas, pero aquello fue una victoria a medias. En Isla Ballena, la justicia siempre se queda un par de peldaños por debajo de lo que realmente es justo y estoy segura de que la red criminal detrás de todo el asunto de los bebés es mucho más grande.

La historia se publicará en una novela escrita por Isaac, quien, además de un gran escritor, se ha convertido en mi amigo.

Al menos me queda el orgullo de saber que la verdad no se ha quedado enterrada.

He contribuido a destaparla y, de alguna manera, he conseguido rendirle a mi hermano fallecido el homenaje que merecía.