Las cenizas del internado (Isla Ballena 3) Capítulo 46
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Capítulo 46

No iba a presentarme en la isla ciega de rabia para acusar a Luna sin pruebas definitivas. Acabé en el calabozo una vez y casi me cuesta la carrera. Así que busqué el número de Isaac en la agenda y le llamé.

—Escucha. Y no me interrumpas, que te conozco —le dije—. Necesito tu ayuda. Nos dejamos algo sin investigar en el incendio del internado.

—¿De qué estás hablando? ¿Has vuelto a las andadas? Eso ya se cerró… No te martirices.

—¡Joder, que esta vez es algo serio! Creo que he dado con la verdad.

—El año pasado también todo parecía que encajaba y mira qué fiasco… Hay que andar con pies de plomo.

—«Mira qué fiasco» y todo lo que tú quieras, pero al final tenía yo razón con que había una trama de robo de bebés. A ver, que tengo el anuario del 98 delante y Luna fue interna en las Esclavas. Es la Prota del diario de Clara.

—¿Qué dices? Nunca mencionó que fuera al internado. ¿Cómo se nos pasó por alto cuando revisamos los listados de alumnas?

—Porque se llama María, Luna forma parte de su apellido.

No nos dimos cuenta de ese detalle. Y en las fotos del anuario...

Bueno, con doce años, todas las niñas parecen cortadas por el mismo patrón.

Te das cuenta de que es ella si te fijas bien.

Y hay más: he descubierto que venía rebotada de otro internado del sur del país.

La echaron de allí tras abrirle un expediente disciplinario por prenderle fuego a la biblioteca. Y no fue el único. Blanco y en botella.

—Madre mía... —consigue articular Isaac—. Por favor, espero que no tengas razón. Si está involucrada, mi radar ha fallado totalmente con ella… Siempre he tenido mucha confianza con Luna. Ella estaba al tanto de mi investigación a espaldas de Valentina sobre el internado.

—Necesito que indagues más sobre ello en la isla, yo desde aquí lo tengo más difícil. Teniendo en cuenta su historial, quizás hay algún cabo suelto que la vincule con el incendio de la casa del perito.

—Déjamelo a mí. Voy a mover un par de hilos con el inspector que llevó el atestado del incendio. Te mantengo informada. Ándate con ojo.

—Tú también. Suerte.

El trabajo de Isaac en la isla no tardó en dar sus frutos: apenas unos días después de nuestra conversación telefónica, la policía judicial de Isla Ballena desatascó una investigación que había permanecido blindada por una mezcla de incompetencia y falta de pistas fiables.

La primera pieza en caer fue puramente logística: la tarde en que ardió el edificio del perito Juan, un radar registró la matrícula de Luna por exceso de velocidad a menos de un kilómetro de la escena.

Esto no confirmaba que ella hubiese provocado el incendio del perito, pero podía ser un indicio sumado a su historial de piromanía.

Con los expedientes de Luna de los anteriores internados y la multa del radar, la policía interrogó de nuevo a sor Marisa.

Esta vez la anciana no pudo sostener su fachada de santa frágil y confesó que siempre estuvo al tanto de las fijaciones de su alumna con el fuego.

La familia García de Luna había puesto mucho dinero en el patronato cuando internaron a Luna, para que sor Marisa mantuviera su silencio y ocultara sus fechorías.

Pero lo peor vino después.