Capítulo 29
Ahora
Me escuecen los ojos por la falta de sueño y tengo un nudo en el estómago que me está matando.
Anoche no me dormí hasta las dos de la madrugada, pegada a la pantalla del móvil en la oscuridad de mi habitación y comiéndome la cabeza como una loca por lo que contenía ese diario que mi tía tenía escondido.
En las Esclavas pasaba algo gordo, muy gordo.
Los castigos de las monjas no me sorprenden, al fin y al cabo era la educación religiosa de los noventa, una época de abusos disfrazados de disciplina.
Pero lo que Clara muestra en su diario es imperdonable: sor Marisa la dejó encerrada bajo llave en la capilla.
Así que la niña murió porque estaba atrapada sin opción a huir del humo y del fuego.
La monja lo ocultó porque sabía que, si salía a la luz que la había dejado encerrada a propósito y sin supervisión durante toda la noche, le habrían caído posiblemente cargos por homicidio negligente.
Así que se aseguraron de borrar el rastro del castigo para protegerse el culo.
Y no solo eso: alguien provocó el incendio y también lo ocultaron.
Pero hay más: tener a una adolescente embarazada escondida en el ala de clausura cambia la historia por completo.
Eso es una irregularidad de manual, y está claro que lo taparon para evitar un escándalo que habría arruinado la reputación del internado.
Tengo que encontrar a ese cura. Me importa un bledo el secreto de confesión; él estaba al tanto del embarazo y necesito que cante todo lo que sabe.
Además, la última entrada es de la víspera de la tragedia.
Si la chica castigada el 28 de febrero por el lío de las alubias estaba encerrada en la capilla...
¡Joder, eso significa que este diario es de mi madre o de su mejor amiga!
Y esa amiga se salvó. De alguna forma, logró salir de allí mientras Clara se quedaba encerrada.
El caso es que hay una pieza que no encaja y eso me está volviendo loca: ¿qué hace mi tía con esto escondido en casa?
Ella me dijo que todas recibían un diario así al cumplir los doce años, igual que el de mi madre, que estaba en blanco.
Por las fechas, en 1997 mi tía tenía unos doce años, igual que la que escribe estas páginas.
Mi madre, en cambio, ya era mayor por aquel entonces.
¿Era este el diario de mi tía y se libró del castigo o era el de Clara?
Y si era el de Clara, ¿quién era la chica embarazada? Nada tiene sentido.
Quiero bajar a la cocina, plantarme delante de mi tía y gritarle para que me diga la verdad, pero tengo las manos atadas: si lo esconde es por algo.
Necesito creer que es por protegerme, pero tengo una sospecha que no me deja ni respirar: sabiendo que el incendio no fue un accidente y ella guardaba esto, ¿hasta qué punto estuvo implicada?
¡Joder, no voy a poder mirarla a la cara!
No voy a ir a pedirle explicaciones dudando de ella sin saber qué hay detrás.
Primero tengo que averiguar quién era ese bebé; cuando tenga pruebas, hablaré con ella.
Se lo tengo que contar a Isaac en cuanto llegue a la redacción. Él sabrá cómo tirar del hilo.