Capítulo 28
He decidido que este diario será un testimonio de lo que ocurre aquí dentro. Ya ni querido diario ni leches. Esto es serio.
Esta tarde en el confesionario le he llevado al cura un recorte que tenía guardado del anuario del año pasado donde salía la chica embarazada. Así podrá buscarla y ayudarla a salir.
Desde hace más de un mes me tienen supercontrolada por las noches: si quiero ir al baño tengo que ir corriendo y volver echando leches a la habitación.
Por eso no me he atrevido a salir para seguir con la investigación.
Mi amiga dice que su hermana debe estar a punto de dar a luz.
No sé si el cura estará a tiempo de sacarla de ahí antes de que nazca el bebé o qué va a pasar con todo esto.
Pero lo peor ha sido lo del comedor: mi mejor amiga me la ha liado gordísima...
Las alubias estaban tan asquerosas que daban ganas de vomitar.
Para no comérmelas, se me ha ocurrido poner mi plato encima del suyo, y luego otro vacío encima del todo con las alubias espachurradas en medio.
Los hemos llevado a la cocina disimulando y que pensaran que nos lo habíamos comido todo.
¿Y qué ha pasado? Pues que las monjas nos han traído otra vez los platos con las alubias frías y aplastadas a la mesa y nos han obligado a tragárnoslas...
¡Qué asco! Y como eso les ha parecido poco castigo, nos han enviado al despacho de la Cuervo.
Total, que hoy nos toca pasar la noche encerradas bajo llave en la sacristía de la capilla rezando el rosario.
Es una tortura. Menos mal que estaremos las dos juntas.