Capítulo 14
Tengo el runrún todo el rato en la cabeza, no me puedo contener: le tengo que preguntar algo a mi tía sin levantar sospechas.
Aunque es la persona en la que más confío y la que más quiero en este mundo, no quiero involucrarla en la investigación de Isaac.
Si hay gente poderosa ahí metida, prefiero mantenerla al margen de todo por si acaso.
Además, Isaac me ha pedido discreción con el pendrive .
Pero también me ha dicho que trate de sacarle información, así que, mientras cenamos, pienso en ver cómo lo hago.
—Por cierto... —le digo a mi tía intentando que mi voz suene casual—, me dijiste que apenas conocías a Valentina, ¿verdad?
—Sí, así es. De vista y poco más. Algún trámite en el ayuntamiento, lo típico de una isla pequeña —responde sin apartar los ojos del plato.
—¿Y no la viste nunca por el internado? Me han dicho que a veces pasaba por allí —suelto el farol, observando su reacción.
Mi tía ni siquiera parpadea. Sigue comiendo el pollo como si nada.
—Bueno, es posible. Creo que se pasaba en ocasiones para supervisar la gaceta de las alumnas, un periódico a nivel interno que se hacía en algunos cursos como asignatura optativa.
—¿Y mamá estaba en ese periódico? Como quería estudiar periodismo, igual que yo…
Deja los cubiertos a un lado un segundo y me mira con una sonrisa, la que usa cuando cree que me estoy obsesionando con algo.
—¿Tu madre? Pues no me extrañaría nada, siempre estaba escribiendo —dice con tono nostálgico—. Me suena que estuvo metida algún año en la gaceta. Pero ya te digo que yo de aquella época recuerdo el patio, las monjas y poco más. Los detalles de lo que hacían las mayores se me escapan.
—¿Entonces mamá conocía a Valentina y ya tuvo que aguantarla?
—A ver, siempre se ha sabido que Valentina es una tía con carácter.
Supongo que hace treinta años tendría también lo suyo, pero cuando yo era pequeña tu madre tampoco me contaba sus cosas.
No sé si pasaban tiempo juntas, lo mismo casi no tuvieron contacto.
Pero no le des tantas vueltas al comportamiento de Valentina, cielo.
La gente que es así no cambia —responde ella, volviendo a su plato, como queriendo cortar la conversación.
—Ya, seguro que ha sido siempre una amargada. Porque la tía es para echarle de comer aparte.
—¿Sabes qué? Ahora que mencionas a tu madre, tengo un montón de cosas de recuerdo en unas cajas en el desván. Podríamos revisarlas y ver si te quieres llevar algo.
—Vale, pues este finde podríamos sacar esas cajas y que me hables más de mamá.
Creo que ya es hora de enfrentarme a ello. Quiero saber cómo era mi madre y entender por qué se quitó la vida.
—Es bueno que hablemos de ella, porque recordarla la mantiene viva en nuestra memoria.
Sonríe. La conversación deriva entonces hacia sus nuevas plantas de invernadero y el clima.
Podría sacar el portátil, enseñarle la foto de la entrega de premios y preguntarle por qué aparece mamá en los archivos secretos de Isaac, pero algo me detiene.
Me convenzo de nuevo de que es mejor no meter a mi tía en esto para que no haya represalias si hay gente importante detrás de toda esta historia.
De repente, mi móvil vibra sobre la mesa: es un mensaje de Isaac para que le confirme si he podido revisar el pendrive .
Mi tía me mira con preocupación.
—¿Pasa algo? Te has quedado muda.
—Nada, nada. Es spam , que me paso el día bloqueando números —digo guardando el móvil en el bolsillo del pantalón.
Cuando termino de recoger la cena y me voy a la cama, saco el móvil y le respondo:
Sí, te confirmo que he visto los archivos y me apunto al jaleo. Tenías razón, no me cuadra nada. Vamos con ello hasta el final. Hasta mañana.
Apenas he terminado de responder a Isaac cuando el móvil vuelve a vibrar en mi mano. Sonrío por instinto, seguro que es él de nuevo y quizá me cuenta algún detalle más sobre los archivos de la investigación.
Pero la sonrisa se me congela en la cara en cuanto abro el mensaje. No es Isaac, no.
El mensaje que me llega es de otro número desconocido. Es una amenaza directa con un nuevo aviso:
Tu padre está metido en un buen lío. Nos debe ya 20 000 euros y cada día que pasa se incrementa en 1000€. Sabemos que estás en la isla y sabemos dónde vives. Haz que pague si no quieres que esto te salpique.
Joder, ¿pero en qué coño está metido mi padre?
Encima saben dónde vivo. No solo me ha arruinado la vida a mí, ahora que he venido a la isla para escapar de todo esto, igualmente parece que me han puesto una diana en la espalda.
¿Y ahora qué hago? Lo tiene que solucionar mi padre, pero sé de sobra que no lo hará porque no tiene tanto dinero.
No quiero llamarle de nuevo y tener que escuchar su voz, porque si empieza con sus mentiras y excusas voy a terminar gritando y estampando algo contra la pared.
Le mando un mensaje sin rodeos diciendo que pague o interpondré una denuncia.
Seguido lanzo el móvil sobre la cama como si fuera una granada y me quedo mirando el techo, esperando una respuesta que probablemente nunca llegue.
Si mañana no tengo noticias suyas, tendré que acudir a comisaría para que nos pongan protección.
No sé si estas amenazas son un farol, pero meter a la policía de por medio siempre empeora las cosas.