Capítulo 8
Querido diario:
Odio este sitio. A veces me gustaría tener la llave que abre la puerta principal del internado para irme cuando quiera, no solo la de este cuadernito de flores. Tampoco tendría dónde ir, ni me quiero ir yo sola sin mi mejor amiga…
Hoy en gimnasia ha vuelto a pasar lo de siempre: sor Pilar la ha mandado a las gradas a mirar cómo las demás jugamos al balón prisionero.
Es verdad que nos saca como dos cabezas a todas y es un poco bruta moviéndose, pero es que no es culpa suya haber crecido tanto de golpe.
Además, cada una es como es. Dice que es un peligro para la «integridad» del resto de las niñas y que su fuerza no es normal, así que la margina como si fuera un bicho raro.
La deja allí sola durante toda la hora mirando y esperando a que termine la clase.
Además, la Prota es una mongola. Si las monjas me oyeran decir esa palabra me castigarían, pero es mi diario e insulto como quiero.
Se pasa el rato cuchicheando y llamándola «jirafa», riéndose de ella por lo bajini para que las monjas no la oigan, aunque yo creo que lo oyen y les da igual.
Un día en los vestuarios se pasó mil pueblos.
Le escondió la toalla y, cuando salió desnuda de la ducha, empezó a reírse de los pelos de sus piernas con sus amiguitas.
Ella se quedó callada porque nunca se defiende, pero yo no pude aguantarme: me puse delante de ellas y les grité que, si volvían a meterse con ella, se lo diría a sor Marisa.
No se lo esperaban porque nadie les dice nunca nada.
Y va la Prota y me suelta que nunca me elige en su equipo porque le caigo fatal.
Y yo no me pude aguantar y le respondí: «Pues vaya, a mí me pasa lo mismo contigo».
Y me quedé tan a gusto. Yo creo que desde ese momento me la tiene todavía más jurada.
Pero a ver si ella me va a poder soltar lo que le salga de ahí y yo no.
Otra cosa: desde que me choqué con el chico ese estoy obsesionada.
Quiero saber quién es y qué hacía la noche que le vi.
Voy al baño de madrugada a menudo para ver si le pillo de nuevo por los pasillos; de hecho, ahora mismo estoy escribiendo sentada en la tapa del váter para que nadie me vea.
Llevaba días sin ver al chico, pero justo ayer me asomé desde la ventana de los baños y ahí estaba, más o menos a la misma hora y día que la primera vez.
Le vi sacar una llave y entrar directamente por la puerta.
He pensado en contárselo a alguna de las monjas, pero si el chico tiene llave es que alguien importante le deja entrar. No soy tonta. Se lo he contado a mi mejor amiga y me ha dicho que soy como una investigadora tipo Jessica Fletcher en la serie Se ha escrito un crimen . Me encanta, ¡ja, ja, ja!