Las cenizas del internado (Isla Ballena 3) Capítulo 5
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Capítulo 5

Ahora

Estoy impaciente por saber qué me quiere contar Isaac. Atravesamos la redacción en silencio y le sigo hasta una sala pequeña al fondo que dispone de nevera, fregadero, una máquina de café y una mesa redonda con cuatro sillas. Es el único rincón donde parece que puedes hablar sin susurrar.

Isaac se apoya en la encimera, junto a una cafetera que gotea sin descanso.

—¿Ya te ha dicho Valentina que aquí hay flexibilidad horaria? —dice soltando una carcajada breve antes de darle un sorbo a su vaso de plástico—. Es su mentira favorita con los nuevos.

—Me ha parecido que lo decía muy convencida —admito decepcionada, no voy a negarlo.

—Te aviso desde ya que es su forma elegante de decir que eres de su propiedad las veinticuatro horas —dice bajando un poco la voz—.

Ella espera que todo el mundo viva por y para El Faro .

Siempre que viene alguien nuevo trato de advertirle de cómo es esto de antemano.

Si te dejas, te exprimirá todo lo que pueda.

Pues empezamos bien.

—Entonces, ¿tú por qué sigues aquí? —le pregunto directamente—. No pareces el tipo de persona que se deja exprimir por nadie.

—Porque soy freelance . Yo no tengo contrato, soy un colaborador externo —dice con un encogimiento de hombros —. Vengo cuando me apetece y paso de sus comentarios. En realidad, esta tía me adora y sé cómo manejarla para que no me machaque como al resto.

—¿Te adora?

—A ver, le conviene que yo esté aquí. Tengo bastantes seguidores en mi canal de YouTube sobre true crime y le traigo muchísimas visitas a la web. Además, haber trabajado en medios de Londres y Nueva York le da caché al periódico.

—Insisto. Con tu trayectoria no sé qué haces aquí.

—Digamos que es un pacto con el diablo: yo le doy prestigio y ella me da el pase de prensa para investigar lo que me da la gana para mis libros.

Isaac se inclina hacia delante. Su tono se vuelve más suave, casi confidencial.

—Otra cosa: ojo con lo que comentas en la oficina. Luna y varios compis más son de fiar, pero Valentina tiene a unos cuantos de su familia contratados. Gente maja, pero mejor saberlo de antemano y no meter la pata.

—Vaya… Muchas gracias por advertirme.

—Si sabes desde ya a lo que te enfrentas, quizás dures aquí más de una semana, superando la media de los becarios de este año.

—Jo… Me estás dando miedo. Tengo que estar aquí tres meses por narices.

—No quiero darte miedo, solo avisarte para que estés preparada y no haya sorpresas.

Aunque te aseguro que hay periódicos peores.

No estás en la profesión más amable que digamos.

Pero, a ver, ¿a ti qué te trae por este peñasco en mitad del mar?

No pareces la típica becaria que se conforma con un periódico local pudiendo buscar algo mejor en la ciudad. Se ve que no eres de aquí.

—Qué observador —respondo con una sonrisa—.

Soy de la ciudad, pero paso temporadas en la isla desde pequeña en casa de mi tía.

Quería alejarme un poco del ruido y el ajetreo para hacer las prácticas y el trabajo de fin del máster de periodismo de investigación que estoy haciendo a distancia. Necesitaba un sitio más tranquilo.

—Ya. Te entiendo con lo del bullicio, yo hice algo parecido.

No soy de aquí pero mi madre compró un piso cuando yo era adolescente, así que me conozco la isla bastante bien.

Volví aquí buscando un poco de paz para escribir, pero, hasta que no pueda vivir de mis novelas, necesito ingresos trabajando como freelance .

Tengo un par de medios online con los que colaboro además de esto.

Vamos, no me ato a Valentina ni loco. Siempre es importante tener algo más y no depender de una única fuente de ingresos.

—Valentina ha dicho que escribes novelas sobre sucesos de la isla —digo, intentando mantener el foco en él. No quiero sacar el asunto de mi padre ni nada sobre mi vida personal en general.

—Eso es. Tengo terminada la segunda novela y estoy empezando la tercera.

Todas mis historias se basan en sucesos reales de aquí.

Pero lo hago desde el respeto, ¿eh? Soy bastante querido en la isla.

A veces solo necesitan que alguien cuente su versión de los hechos.

Lo mío es estar en contacto directo con la gente.

Mi lema es: «Con una cerveza todos sueltan la lengua».

—Yo también aspiro a eso... Quiero decir, a trabajar más fuera investigando en campo que delante de la pantalla.

Isaac asiente y tira el vaso de plástico a la papelera como si fuera un tiro a canasta.

—No te emociones, que también te va a tocar chupar mucho ordenador para ayudarme. Pero conmigo estás en buenas manos. Hoy me quedaré un poco más para enseñarte cómo va todo y que puedas empezar con algún artículo.

Paso el resto de la mañana con él y, sinceramente, creo que he tenido suerte, parece un tío de fiar.

Isaac tiene mucha experiencia y no se guarda los trucos.

Me pone al día, reviso algunos artículos sencillos que me han asignado y le mando un wasap rápido a mi tía para decirle que el ambiente es raro, pero que sobrevivo.

A la hora de comer salgo a la calle para respirar un poco y encontrar el bar donde he quedado con ella para comer algo rápido. El próximo día me organizaré mejor: sabiendo que tenemos un office , me traeré unos tuppers con comida casera.

Antes de llegar, me refugio bajo un soportal del puerto para protegerme de la llovizna y hacer una llamada a mi padre, lo que ahora mismo no me apetece nada.