Las buenas madres CAPÍTULO 16 #2
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CAPÍTULO 16 #2

La acusación abrió con los cuarenta minutos.

Clara no esperaba eso. Pensó que empezarían por la nave.

La fiscal habló de Nico. Del parque. De Adrián.

De la decisión ilícita de llevarse a un menor.

Durante unos minutos, Clara sintió que la sala recordaba quién había iniciado el primer daño. Después la fiscal cambió.

—Nada de lo anterior autorizaba a las acusadas a sustituir a la justicia.

En la sala nadie se movió. La fiscal reconstruyó los días.

Sin dramatismo. Precisamente por eso funcionó.

Una puerta cerrada. La fiscal repasó el agua, la comida, las bridas, los golpes y la prueba genética.

Un menor utilizado para obtener una muestra sin conocer el motivo.

Un hombre que pidió salir. Otro día. Otra noche.

Una fractura. Una verdad que se desmontaba.

La negativa a abrir. La muerte. Los segundos.

El 112. El cuerpo. La lona. La furgoneta.

La cantera. El reloj. Cada sustantivo pesaba.

La defensa intentó separar. La retención había nacido de un enfrentamiento caótico, sin un plan previo ni una intención inicial de matar.

Las acusadas actuaban bajo miedo extremo. La conducta de Adrián había sido grave. Las lesiones letales fueron accidentales. No podía asegurarse que una llamada inmediata hubiera evitado la muerte. Clara escuchó. Todo era cierto. Ninguna de esas verdades conseguía limpiar las otras.

***

El primer testigo importante fue Nico. La declaración de Nico llegó al juicio mediante una grabación realizada con garantías, sin obligarlo a comparecer en sala.

Clara no quería verla. La pusieron. Nico tenía ocho años en la grabación.

La misma camiseta que había llevado a una de las entrevistas.

La psicóloga preguntaba. Él respondía. Adrián no me hizo daño.

Me compró un batido. Me preguntó por papá.

Lloró. Dijo que conocía a mamá. La fiscal detuvo un momento concreto.

—¿Tenías miedo?

Nico pensaba.

—Al principio.

—¿Y luego?

—Luego quería volver.

Clara apartó la mirada. La grabación terminó. Samuel estaba inmóvil. Pilar le cogió la mano.

***

Adrián apareció después a través de vídeos.

Las grabaciones reconstruyeron la cafetería, las cámaras de salida y a Adrián pagando.

La forma en que miraba a Nico. Parecía un hombre corriente haciendo algo que sabía que estaba mal, no un secuestrador de película.

Esa normalidad resultaba difícil de soportar.

La acusación mostró también la carpeta. Después aparecieron las fotografías, la cronología y las capturas.

La defensa de Teresa quiso insistir en la obsesión. La fiscal no se opuso.

—Nadie niega la conducta preocupante de Adrián.

La abogada continuó.

—¿Entonces acepta que existían razones para temer por la seguridad del menor?

—Acepto que existían razones para acudir a policía y juzgados.

La sala quedó quieta. Teresa miró al frente.

***

Cuando declaró Javier, a Clara le costó respirar. Él habló de la desaparición. De la relación de Clara con Adrián. De la prueba. De las mentiras.

La fiscal preguntó:

—¿Usted sabía que su pareja estaba siguiendo a Adrián junto con las otras acusadas?

—No.

—¿Sabía que lo habían llevado a la nave?

—No.

—¿Sospechó?

Javier tardó.

—Sabía que Clara mentía.

—¿Por qué no acudió antes a la policía?

—Porque quería creerla.

A Clara le dolió la respuesta.

—¿Qué le hizo cambiar?

—La prueba genética.

—Explíquelo.

Javier habló de la muestra. De la excusa médica. De la pregunta. ¿Cómo conseguís ADN de Adrián? Clara recordó la cocina. La puerta. El día.

—¿Qué hizo?

—Llamé a la inspectora Pardo.

—¿Y después?

—Seguí a Mónica.

El abogado de Mónica se levantó. La fiscal reformuló. Javier explicó la zona. Los coches. La nave. Todos comprendieron, aunque nadie lo dijera, que Eva había llegado demasiado tarde para salvar a Adrián. Clara lo pensó.

***

Pilar declaró al tercer día. La sala cambió en cuanto Pilar se sentó a declarar. Bastaba con que fuera la madre de Adrián. La fiscal preguntó por Adrián. Pilar no lo idealizó.

—Era pesado.

Alguien en sala se movió. Pilar siguió.

—Cuando quería una respuesta, podía convertirse en la persona más insistente del mundo.

—¿Sabía usted que investigaba a Nico?

—No con detalle.

—¿Sabía que creía que podía ser hijo suyo?

—Sí.

—¿Qué le decía?

—Que lo dejara.

Clara levantó la vista.

—¿Por qué?

—Porque el niño tenía un padre.

—¿Y Adrián?

—Decía que necesitaba saber.

—¿Qué pensó cuando supo que se llevó a Nico?

—Que había hecho una barbaridad.

La fiscal no insistió.

—¿Y después?

—Quise saber dónde estaba.

—¿Cuándo empezó a preocuparse?

—La primera noche que no contestó.

—¿Conocía a las acusadas?

—No.

—¿Qué sintió al saber que había permanecido retenido durante días?

Pilar miró hacia las cinco. Clara bajó la vista.

—No sé cómo responder sin decir cosas que no ayudan.

—Puede tomarse su tiempo.

—Pensé en Clara.

Clara levantó la cabeza.

—¿En ella?

—Sí. Pensé en los cuarenta minutos que no encontraba a su hijo.

La fiscal guardó silencio.

—¿Por qué?

—Porque yo llevaba más de un día sin encontrar al mío.

Las lágrimas llegaron sin aviso. Pilar continuó.

—Y entendí su miedo. Eso hizo todavía más difícil soportarlo.

—¿Por qué?

—Porque entenderla no hacía que lo que estaba haciendo estuviera bien.

La sala permaneció en silencio. La defensa no pudo quitarle peso.

***

Samuel declaró después. Seguía siendo menor. Voz demasiado adulta por obligación.

—¿Cuánto tiempo conoció a Adrián?

—Cuatro meses.

—¿Qué relación mantenían?

—Estábamos empezando.

—¿Sabía que era su padre?

—Sí.

—¿Cómo se enteró?

Contó la prueba de genealogía. Irene. La conversación. El día en que vio a Adrián.

—¿Cómo fue?

Samuel sonrió apenas.

—Incómoda.

—¿Por qué?

—Porque no sabíamos qué decir.

—¿Tenía miedo de él?

—No.

—¿Lo veía a solas?

—Al final sí.

—¿Le hizo alguna vez daño?

—No.

La defensa de Teresa pidió intervenir.

—Samuel, ¿sabía que Adrián guardaba fotografías de otro menor?

—De Nico.

—Sí.

—Me lo contó.

—¿Le parecía normal?

Samuel miró a la abogada.

—No.

—¿Se lo dijo?

—Sí.

—¿Qué respondió?

—Que lo sabía.

—¿Y siguió?

—Hasta que se lo llevó.

La abogada insistió.

—Entonces acepta que su padre tenía una conducta obsesiva hacia ese niño.

Samuel apretó la mandíbula.

—Sí.

—Gracias.

La fiscal se levantó.

—Una última pregunta. ¿Cree usted que esa conducta justificaba que Adrián fuera retenido, golpeado y abandonado sin asistencia?

La defensa protestó y la fiscal reformuló la pregunta. Samuel la miró.

—Mi padre tenía que haber ido a juicio.

Clara sintió el corazón en la garganta.

—¿Qué quiere decir?

—Que si había hecho algo ilegal, tenía que pagarlo.

—¿Y lo que ocurrió?

Samuel miró a las cinco.

—No pudo.

Pilar se frotó los párpados. Clara lloró. Teresa siguió mirando al frente.

***

La declaración de Eva fue la más dura. La fiscal empezó por su profesión.

—¿Cuánto tiempo lleva trabajando en urgencias?

—Doce años.

—¿Cuántas reanimaciones calcula que ha realizado?

Eva negó.

—No puedo calcularlo.

—¿Decenas?

—Sí.

—¿Sabe reconocer una emergencia vital?

—Sí.

—¿La lesión de Adrián lo era?

Eva tragó saliva.

—Sí.

—¿Pidió una ambulancia?

—Sí.

—¿Llegó?

—No.

—¿Por qué?

Eva miró sus manos.

—Porque no llamamos.

—¿Usted podía llamar?

—Sí.

—¿Lo hizo?

—No.

La fiscal guardó silencio.

—¿Por qué?

Eva respiró.

—Tuve miedo.

—¿A qué?

—A perder a mi hijo.

—¿Y eso cambió su obligación de auxiliar a Adrián?

—No.

Eva respondió sin dudar. La fiscal dejó pasar unos segundos.

—¿Podría haber sobrevivido con asistencia?

—No lo sé.

—¿Era posible?

—Sí.

—¿Suficiente para llamar?

Eva empezó a llorar.

—Sí.

Nuria estaba en el público. Eva la encontró entre las caras y consiguió continuar.

***

Mónica habló de la nave. No intentó suavizar demasiado.

—Yo sabía que estaba vacía.

—¿La eligió porque nadie iría?

—Sí.

—¿Desde el principio pensaba retener allí a Adrián?

—No.

—¿Cuándo entendió que estaba participando en un secuestro?

Mónica tardó.

—La primera noche.

—¿Por qué volvió?

—Porque si él salía podía perder a mis hijas.

—¿Y cuándo murió?

Mónica lloró.

—Pensé lo mismo.

—¿Por qué movió el cuerpo?

—Por mis hijas.

La fiscal la miró.

—¿Fue por ellas?

Recordó a su madre. A Rocío. A todos usando hijos.

—No.

La fiscal esperó.

—Fue por mí.

—Explíquelo.

—Yo tenía miedo de perderlas. Eso es mío. Ellas no me pidieron que escondiera un cadáver.

La sala quedó quieta. Clara miró a Mónica. Era la frase que todas necesitaban decir.

***

Rocío declaró con el acuerdo de colaboración. La defensa de Teresa fue dura.

—Usted recibe un beneficio por declarar.

—Sí.

—Entonces tiene un interés.

—Sí.

—¿Un interés en culpar a mi clienta?

—Tengo un interés en contar lo que hice.

—No le he preguntado eso.

—Lo sé.

La abogada se acercó.

—¿Teresa obligó a Rocío a ir a la nave?

—No.

—¿La obligó a volver?

—No.

—¿La obligó a obtener la muestra de Nico?

—No.

—¿La obligó a ayudar con el cuerpo?

—No.

—Entonces ¿por qué insiste en señalarla?

Rocío miró a Teresa.

—Porque ella fue la que más veces encontró una razón para no parar.

—Eso es una opinión.

—Sí.

—¿La vio matar a Adrián?

—No.

—¿La vio empujarlo?

—No puedo asegurarlo.

—¿La vio disfrutar?

Rocío sintió el cuerpo tenso.

—No sé qué sentía.

—Sin embargo declaró que le daba miedo cómo miraba a Adrián.

—Sí.

—¿Eso prueba algo?

—No.

La abogada sonrió.

—Gracias.

Rocío añadió:

—Pero el reloj sí.

La abogada se detuvo.

—No le he preguntado por el reloj.

—Lo sé.

La fiscal pidió que se dejara constancia. Teresa miró a Rocío y ella no apartó los ojos.

***

Clara declaró al sexto día. Antes de sentarse buscó a Nico, aunque sabía que Javier había decidido dejarlo fuera y ella había estado de acuerdo. La fiscal empezó por Adrián. Clara contó la relación sin adornos: control, insistencia, el embarazo, la duda, Javier, la mentira y la carta.

—¿Por qué la destruyó?

—Porque quería que las otras siguieran creyendo que Adrián era peor de lo que yo podía demostrar.

—¿Por qué?

Clara cerró los ojos.

—Porque así yo parecía mejor.

La confesión levantó un murmullo. El tribunal pidió silencio.