CAPÍTULO 5 #3
El domingo fue tranquilo. El lunes, Clara llevó a Nico al colegio y regresó caminando porque Javier necesitaba el coche.
Hizo la compra en un supermercado cercano.
Al salir, Adrián estaba junto a la entrada del aparcamiento.
Clara lo vio cuando ya tenía el carro a medio metro.
Él llevaba una bolsa pequeña en una mano.
—Clara.
Ella retrocedió.
—No te acerques.
Adrián se quedó donde estaba.
—Necesito cinco minutos.
—Tienes una orden de alejamiento.
—Lo sé.
—Entonces lárgate.
—No voy a acercarme a Nico.
—Ya lo hiciste.
Adrián miró alrededor.
—Por favor.
Clara sacó el teléfono.
—Voy a llamar a la policía.
—Hazlo cuando termine.
—No tienes nada que decirme.
—Sí tengo.
Adrián dio un paso. Clara levantó el móvil.
—Ni uno más.
Él se detuvo.
—La prueba.
Varias personas empezaban a mirar.
—¿Qué prueba?
—Dime que la hiciste alguna vez.
—No tengo que decirte nada.
—Dime que sabes que no es mío.
Clara apretó el manillar del carro.
—No lo es.
—No te he preguntado eso.
El tono de Adrián le recordó al de Javier. Clara notó la rabia subirle al pecho.
—Te llevaste a mi hijo de un parque.
—Sé lo que hice.
—No tienes ni idea.
—Sí la tengo. Pienso en eso desde que pasó.
—Pues piensa desde más lejos.
Adrián bajó la voz.
—He pasado nueve años sin saber si tengo un hijo. Tú podías haber terminado con esto en una tarde.
Clara dio un paso hacia él.
—No vuelvas a convertirte en la víctima.
—No estoy diciendo que lo sea.
—Entonces desaparece.
—Solo dime si hiciste la prueba.
—No.
Clara comprendió demasiado tarde qué acababa de responder.
—No la hiciste.
—No hacía falta.
—Entonces nunca supiste si era mío.
Clara intentó pasar con el carro. Adrián le cogió el brazo. El tirón apenas tuvo fuerza, pero bastó.
—Suéltame.
Él lo hizo al instante.
—Perdona.
—No vuelvas a tocarme.
—Clara, necesito…
—Te ha dicho que no la toques.
Teresa apareció desde la acera. Clara se quedó mirándola. Mientras Clara intentaba entender qué hacía allí, Adrián retrocedió.
—Esto no va contigo.
—Te equivocas.
Teresa se colocó entre ambos.
—Vete.
Adrián miró a Clara.
—Cinco minutos. Eso era todo.
—Ya los has tenido —respondió Teresa.
Adrián señaló a Clara.
—Dile que te cuente por qué estoy aquí.
Teresa no se movió.
—La policía puede preguntártelo.
Adrián soltó una risa nerviosa.
—Claro. La policía.
Sacó el teléfono. Teresa se lo quitó de la mano. Todo ocurrió muy rápido a partir de ahí.
—¿Qué coño haces? —preguntó Adrián.
Intentó recuperarlo. Teresa apartó el brazo.
—Voy a llamar yo.
—Devuélveme el móvil.
Adrián le agarró la muñeca. Clara empujó el carro contra un bolardo y se acercó.
—Basta.
Teresa se soltó y el teléfono cayó al suelo. La pantalla se quebró en una esquina. Adrián se agachó.
—Perfecto. De puta madre.
Clara vio un coche detenerse junto a la acera. Mónica conducía. Rocío iba en el asiento del acompañante. El cristal bajó.
—¿Qué pasa? —gritó Rocío.
Clara miró a Teresa.
—¿Las has llamado?
—Llevábamos una hora detrás de él. Me bajé cuando aparcó y ellas dieron la vuelta.
Clara se quedó mirándolo. Adrián recogió el móvil.
—¿Me estáis siguiendo otra vez?
Mónica aparcó mal y bajó.
—¿Otra vez?
Adrián miró a Clara.
—Entrasteis en el garaje.
La sangre se le iba de la cara.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque el dueño me llamó cuando vio las cámaras.
Teresa dio un paso.
—Entonces sabías que encontramos la caja.
—Sí.
—¿Y aun así apareces aquí?
—He venido a hablar con Clara.
—Tienes prohibido hacerlo.
Adrián miró a las cuatro mujeres y luego hacia el supermercado. Varias personas observaban desde lejos.
—Me voy.
Teresa levantó su teléfono roto.
—Espera a la policía.
—Llámala. Yo no pienso quedarme aquí con vosotras.
Empezó a caminar hacia una furgoneta aparcada al final de la fila. Teresa fue detrás.
—No te vayas.
Adrián siguió. Rocío salió del coche.
—Teresa, déjalo.
Él abrió la puerta de la furgoneta. Teresa la cerró de un golpe antes de que pudiera subir.
—He dicho que esperes.
Adrián perdió la paciencia.
—Apártate de mi coche.
—No.
—Teresa —dijo Clara.
Adrián intentó abrir de nuevo. Teresa volvió a impedirlo. Él la apartó con ambas manos. Mónica se acercó.
—Eh, tranquilo.
—Que me dejéis en paz.
Adrián miró alrededor.
—¿Dónde está la otra? ¿La enfermera también viene?
Rocío frunció el ceño.
—¿Cómo sabes quiénes somos?
Adrián se rio.
—Entrasteis en una propiedad grabadas por una cámara. ¿Qué pensabais?
Teresa sacó unas bridas del bolsillo de la chaqueta. Clara tardó un segundo en comprender lo que veía.
—¿Qué coño haces con eso?
—Estaban en el coche.
—¿Para qué?
—Por si intentaba algo.
Adrián miró las bridas. Luego a Clara.
—Esto se ha acabado.
Sacó las llaves de la furgoneta. Teresa intentó cogerlas. Forcejearon. Mónica se metió entre ellos. Rocío agarró a Teresa por el brazo. Clara oyó un claxon. Alguien gritó desde un coche para que se apartaran. Adrián consiguió soltarse.
—Voy a denunciaros a todas.
Teresa respondió:
—Hazlo.
—Lo voy a hacer ahora mismo.
Adrián empezó a caminar hacia la entrada del supermercado. Mónica abrió la puerta trasera de su coche. Clara vio el gesto. Después oyó una voz.
—Mételo.
Durante mucho tiempo ninguna de ellas recordaría con certeza quién lo dijo.