Las buenas madres CAPÍTULO 3
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CAPÍTULO 3

Adrián Montalvo

A las siete y doce de la mañana, Clara descubrió que una fotografía podía engordar una historia.

La imagen mostraba a Adrián saliendo de una comisaría escoltado por dos agentes.

Estaba de perfil, con la mandíbula tensa y una mano levantada a la altura del pecho.

El titular que acompañaba la publicación hablaba del hombre que había «secuestrado durante cuarenta minutos» a un niño de ocho años.

Clara leyó la palabra dos veces. Secuestrado.

Luego miró hacia la cocina. Javier preparaba café.

Llevaba la misma camiseta del día anterior y tenía los ojos hinchados. Había dormido poco. Clara tampoco.

—Ya está en todas partes —dijo ella.

Javier colocó una taza frente a Clara.

—Mejor.

—No sé si es mejor.

—Se llevó a Nico.

—Lo sé.

—Entonces no entiendo qué parte te preocupa.

Clara bloqueó el teléfono.

—Que la gente publica cualquier cosa sin saber.

Javier se apoyó en la encimera.

—¿Qué cosa publicada es falsa?

—No sabemos qué ha declarado.

—Sabemos que cogió a nuestro hijo y se lo llevó del parque.

Clara envolvió la taza entre las manos.

—No estoy defendiéndolo.

—Llevas desde ayer haciendo algo muy parecido.

—Estoy intentando pensar.

—Pues piensa y explícame por qué sabía cosas de ti.

Clara dio un sorbo. El café estaba demasiado caliente.

—Ya hablamos de esto anoche.

—Tú hablaste. Yo escuché.

—La policía está investigando.

—Y tú sigues sin conocerlo.

Clara dejó la taza.

—Javier, Nico va a bajar en cualquier momento.

—Precisamente por eso llevo desde las cinco despierto.

Él abrió su teléfono y buscó algo.

—Adrián Montalvo, cuarenta y un años. Trabaja en una empresa de instalaciones audiovisuales. Vive a quince minutos de aquí. No tiene antecedentes que yo haya encontrado. Tiene un perfil viejo de fotografía. ¿Te dice algo?

—Podría haber miles de hombres con cámaras.

Javier la miró con cansancio.

—No te estoy acusando de nada. Estoy intentando entender por qué este hombre tenía una foto tuya embarazada.

Clara oyó pasos en el pasillo superior.

—Luego hablamos.

Nico apareció con el pelo revuelto y una manta arrastrando detrás.

—Hoy no voy al cole.

Javier cambió de expresión.

—Hoy puedes quedarte en casa.

—Perfecto.

—No te acostumbres.

El niño se sentó y pidió cacao. Clara se levantó para prepararlo. Agradeció tener algo que hacer con las manos. El teléfono de Javier vibró.

—Es mi madre.

—Dile que está bien.

—Ya lo sabe. Lleva escribiendo desde las seis.

Nico metió una cuchara en el cacao.

—La abuela se pone muy pesada.

—Ayer estuvo a punto de darle algo —dijo Javier—. Puedes permitirle un poco de pesadez.

—Solo un poco.

Clara observó a su hijo comer. Tenía el mismo mentón que Javier.

Siempre lo había pensado. También tenía las orejas de su abuelo materno.

Los ojos podían ser de cualquiera. De bebé, todo el mundo encontraba parecidos donde quería encontrarlos.

Adrián había hecho lo mismo con fotografías.

La idea le revolvió el estómago. Su teléfono empezó a vibrar.

Número desconocido. Clara dejó que sonara.

Volvió a hacerlo. Javier miró la pantalla.

—Cógelo.

—Será un periodista.

—O la policía.

Clara contestó. Era la policía. Debían presentarse a las diez.

A las nueve y cincuenta, Clara y Javier dejaron a Nico con la madre de él y entraron de nuevo en comisaría.

Esta vez los separaron desde el principio.

Clara encontró en el despacho al mismo agente del día anterior y a una mujer de paisano que se presentó como inspectora Laura Pardo.

—¿Ha descansado algo? —preguntó.

—Poco.

—Intentaremos ser breves.

La inspectora abrió una carpeta.

—Adrián Montalvo ha prestado declaración.

Clara esperó.

—Afirma que la conoce desde hace nueve años.

Clara mantuvo las manos sobre el regazo.

—Ya expliqué que no recuerdo a nadie con ese nombre.

La inspectora no reaccionó.

—Dice que mantuvieron una relación.

—Está mintiendo.

—Ha aportado fotografías.

Clara sintió un golpe seco en el pecho. La inspectora giró una imagen sobre la mesa.

Clara y Adrián estaban sentados en una terraza.

Ella llevaba una camiseta amarilla que había olvidado por completo.

Adrián tenía un brazo alrededor de sus hombros.

Clara miraba hacia la cámara con una sonrisa amplia.

La foto tenía fecha. Nueve años atrás. Clara tardó un momento en hablar.

—Conocer a alguien y mantener una relación no son lo mismo.

—¿Lo conocía?

—Coincidimos durante una época.

El agente del día anterior tomó nota. La inspectora sacó otra fotografía. Esta vez no había margen. Adrián besaba a Clara en la sien. Ella tenía la mano apoyada en su pecho.

—Parece algo más que coincidir.

Clara miró hacia la puerta.

—Tuvimos algo corto.

—Ayer nos dijo que no lo conocía.

—Ayer acababa de encontrar a mi hijo después de cuarenta minutos.

—Eso explica muchas cosas. Necesito que me explique esta.

Clara apoyó la espalda en la silla.

—Estuve con Adrián unos meses.

La inspectora esperó.

—¿Cuánto tiempo?

—Cuatro o cinco meses. No lo recuerdo exactamente.

—¿Cuándo terminó?

—Antes de que naciera Nico.

—Eso deja bastante margen.

Clara se volvió hacia la mujer.

—¿Qué ha dicho él?

—Le preguntaremos por su versión después de conocer la suya.

—Entonces no sé qué quieren.

—La verdad.

Clara apretó los labios.

—Terminamos. Volví con Javier. Me quedé embarazada.

—¿Adrián sabía del embarazo?

—Se enteró.

—¿Por usted?

—Creo que por amigos comunes.

La inspectora consultó sus notas.

—Él dice que se lo comunicó usted.

Clara tragó saliva.

—Puede que le escribiera.

—¿Le dijo que el niño no era suyo?

—Porque no lo era.

—¿Hizo una prueba de paternidad?

Clara dejó pasar un segundo.

—No hacía falta.

—¿Por qué?

—Porque yo sabía con quién estaba.

La mentira resultó más difícil de pronunciar que la noche anterior. La inspectora no apartó los ojos.

—Adrián sostiene que las fechas coincidían.

—Adrián puede sostener lo que quiera.

—También afirma que durante meses intentó pedirle una prueba y que usted se negó.

Clara cruzó los brazos.

—¿Esto es una investigación sobre el hombre que se llevó a mi hijo o sobre mi vida sexual?

—Sobre el motivo por el que se acercó a su hijo.

Clara se fijó en la fotografía.

—Se acercó porque está obsesionado.

—¿La acosó?

Clara eligió con cuidado la respuesta.

—Insistía.

—Necesito algo más concreto.

—Me escribía. Llamaba. Quería verme.

—¿La amenazó?

—No recuerdo amenazas.

—¿Se presentó en su casa?

—Una vez.

—¿Entró sin permiso?

—No.

—¿La golpeó?

Clara se irritó.

—¿Hace falta que me pegara para considerar que su comportamiento era enfermizo?

—No he dicho eso. Estoy intentando delimitar qué ocurrió.

Clara se inclinó hacia delante.

—Adrián quería controlar todo. Dónde estaba, con quién salía, qué hacía. Cuando terminamos no aceptó bien que yo quisiera desaparecer de su vida.

La inspectora tomó notas.

—¿Lo denunció?

—Quería olvidarme de él.

—¿Javier sabía de esta relación?

Clara miró de nuevo a la puerta.

—Sabía que estuve con otra persona mientras estuvimos separados.

—¿Sabía que ese hombre era Adrián?

—No.

—¿Sabía que Adrián podía tener dudas sobre la paternidad?

—No podía tenerlas con fundamento.

—Esa no es exactamente mi pregunta.

Clara notó la mandíbula tensa.

—Javier no sabía que Adrián pensaba eso.

La inspectora cerró la carpeta.

—Necesitamos conservar cualquier mensaje antiguo que tenga. Correos, fotografías, conversaciones.

—Han pasado nueve años.

—Busque igualmente.

—Lo bloqueé.

—Eso no elimina todo lo anterior.

Clara pensó en el contacto que seguía dentro de su teléfono.

—Miraré.

La entrevista acabó cuarenta minutos después. Javier esperaba en un pasillo. Tenía las manos en los bolsillos. Clara supo por su cara que también le habían enseñado las fotografías.

—Vamos fuera —dijo él.

—Podemos hablar aquí.

—Prefiero que no.

Salieron a una calle donde ya había cámaras. Un periodista gritó el nombre de Clara. Otro preguntó si conocía al hombre detenido. Javier caminó sin responder hasta el aparcamiento. Cuando llegaron al coche, abrió la puerta y la cerró de nuevo sin entrar.

—Cuatro meses.

Clara se quedó a dos metros.

—Fue hace nueve años.

—Le dijiste a la policía que no lo conocías.

—Ayer no sabía ni dónde estaba Nico.

—Hoy sí sabías dónde estaba y has seguido mintiendo hasta que te enseñaron una foto.

—No quería que esto se convirtiera en otra cosa.

—Ya es otra cosa.

Javier sacó las llaves.

—¿Puede ser su hijo?

Clara llevaba años evitando esa pregunta.

—Nico es tu hijo.

—Clara, escucha lo que te estoy preguntando. ¿Existe la posibilidad de que Adrián sea el padre biológico?

—No quiero tener esta conversación en un aparcamiento.

—Yo tampoco quería tenerla nunca.

—Baja la voz.

—¿Existe esa posibilidad?

Clara miró hacia las cámaras de la entrada.

—Estuvimos juntos antes.

—Lo sé.

—Las fechas no coinciden como él dice.

Javier la observó.

—¿Cuánto no coinciden?

Clara abrió la puerta del acompañante.

—Vámonos.

Javier no se movió.

—¿Cuántos días?

—No pienso ponerme a calcular aquí cuándo me acosté con cada uno hace nueve años.

—Entonces lo calculaste.

Clara apretó la puerta. Javier dio un paso atrás.

—Perfecto. Vámonos.

Condujo hasta casa de su madre sin hablar. Nico estaba jugando a un videojuego cuando llegaron. Corrió hacia Clara y le enseñó una construcción que había hecho.

—Mira, es nuestra casa.

Clara observó el dibujo digital.

—Te ha quedado enorme.

—He puesto una piscina.

—Ya veo.

—Papá dice que nunca tendremos una.

Javier dejó las llaves sobre una mesa.

—Tu padre puede equivocarse.

A Nico se le escapó una sonrisa. El teléfono de Clara volvió a vibrar.

PARQUE 17:30.

Teresa había enviado un enlace.

«Han puesto su nombre.»

Mónica respondió:

«Ya estaba circulando desde anoche.»

Rocío:

«He leído que tiene antecedentes.»

Eva:

«Eso no aparece en ninguna fuente seria.»

Teresa:

«Una madre del colegio dice que ya lo habían visto por la puerta otros días.»