Las buenas madres CAPÍTULO 2 #2
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CAPÍTULO 2 #2

—Y yo acabo de encontrar a mi hijo después de pensar durante cuarenta minutos que podía estar muerto.

El hombre bajó un poco el tono.

—Lo entiendo.

—No creo que lo entienda.

—Tiene razón. No puedo entenderlo. También necesito averiguar quién se lo llevó y por qué.

Clara miró hacia la puerta.

—Quiero estar con Nico.

—Estará con su padre en cuanto salga de la otra sala. Esto puede durar cinco minutos o una hora. Depende de lo que me cuente.

Clara apoyó las palmas sobre las piernas.

—No sé quién es ese hombre.

—Su hijo dice que se llama Adrián.

—Eso he escuchado.

—¿Tuvo alguna relación con un hombre con ese nombre alrededor de la época en que quedó embarazada?

Clara sintió un golpe de calor en la cara.

—Está sacando conclusiones.

—Estoy siguiendo lo que ha contado su hijo.

—Mi hijo tiene ocho años.

—Y ha dado detalles bastante concretos.

El agente abrió una carpeta.

—La patrulla que recogió a Nico ya ha localizado la cafetería. El hombre pagó con tarjeta. Tenemos un nombre.

Clara no preguntó. Hacerlo habría resultado absurdo.

—Adrián Montalvo.

El apellido terminó de abrir una puerta que ella había mantenido cerrada durante años. Clara respiró despacio.

—No me suena.

El agente escribió algo.

—¿Seguro?

—Si me pregunta si recuerdo a todos los Adrián que he conocido, no puedo ayudarle.

—Le pregunto por Adrián Montalvo.

—No recuerdo a nadie con ese nombre.

La mentira salió mejor de lo que esperaba. El policía dejó el bolígrafo.

—Tenemos cámaras del establecimiento. También estamos revisando las de la zona. Si este hombre se acercó a su hijo porque la conocía, necesitamos saberlo cuanto antes.

—Ya le he respondido.

—De acuerdo.

La entrevista terminó poco después. Cuando Clara salió, Javier esperaba de pie.

—¿Qué te ha preguntado?

—Lo mismo que escuchaste.

—¿Y qué has dicho?

—Que no conozco a ese hombre.

Javier se quedó mirándola.

—Tenía fotos tuyas.

—Podía descargarlas.

—Sabía lo de la marca de Nico.

—Eso me preocupa igual que a ti.

—No te he preguntado si te preocupa.

Clara miró hacia la sala donde estaba su hijo.

—Ahora mismo quiero irme a casa con Nico.

—Y yo quiero saber por qué un desconocido cree que puede preguntarle a nuestro hijo por mí.

—Lo averiguará la policía.

—Si tú no sabes nada, supongo que sí.

La duda quedó entre los dos hasta que una agente apareció con Nico. El niño corrió hacia ellos.

—¿Podemos comer pizza?

Clara lo abrazó.

—Puedes pedir dos si quieres.

—Con una me vale.

Javier se agachó.

—¿Seguro que estás bien?

—Papá, ya me lo habéis preguntado veinte veces.

—Te lo preguntaremos alguna más.

—Pues voy avisando de que la respuesta seguirá siendo la misma.

Javier sonrió y le revolvió el pelo. La policía les explicó que probablemente tendrían que volver al día siguiente. Un agente los acompañó hasta la salida para evitar a los periodistas que empezaban a congregarse frente al edificio. Clara no entendió cómo habían llegado tan rápido.

—¿Periodistas por esto?

—La foto de su hijo ha circulado muchísimo —explicó la agente—. Alguien ha publicado que ha aparecido y que había estado con un hombre.

Javier soltó una palabrota.

—¿Podemos salir por otro sitio?

Los condujeron hasta un acceso lateral. En el coche, Nico pidió el móvil de su padre para jugar. Javier se lo dio y condujo. Clara iba detrás con el niño.

—¿Mamá?

—Dime.

—¿De verdad no conoces a Adrián?

Javier redujo un poco la velocidad. Clara miró por la ventanilla.

—No recuerdo a nadie con ese nombre.

Nico aceptó la respuesta con más facilidad que un adulto.

—Pues él sí se acordaba mucho de ti.

Clara se volvió.

—¿Qué quieres decir?

—Sabía cosas.

—¿Qué cosas?

—Que antes llevabas el pelo por aquí.

Nico señaló la altura de la mandíbula.

—Y que odiabas el café sin azúcar.

Javier dejó de mirar la carretera durante un segundo.

—¿Te dijo eso?

—Sí.

Clara sintió un pinchazo de irritación hacia Adrián. Después hacia sí misma.

—¿Alguna cosa más?

Nico pensó.

—Que tenías una canción favorita.

—¿Cuál?

—No me acuerdo. Una vieja.

Javier cambió de marcha.

—Clara, llevas toda la vida tomando el café sin azúcar.

—Desde hace años.

—¿Desde cuándo?

—¿Qué importa?

—Importa porque un hombre que no conoces sabe cómo tomabas el café hace ocho años.

Nico levantó la cabeza del teléfono.

—¿Estáis enfadados?

Javier contestó antes que ella.

—Estamos cansados. Tú sigue con el juego.

La conversación terminó hasta llegar a casa.

La pizza llegó casi una hora después. Nico comió dos porciones y dejó la mitad de la tercera.

Clara apenas probó la suya. Su teléfono no paraba de vibrar.

Mensajes de familiares. Compañeros. Padres del colegio.

El grupo PARQUE 17:30 estaba desbordado.

Mónica había escrito que lo importante era que Nico estuviera bien.

Eva preguntaba si necesitaban cualquier cosa.

Rocío había enviado un corazón y después lo había borrado, como si aquel símbolo le pareciera demasiado poca cosa.

Teresa había escrito:

«¿Sabéis algo del hombre?»

Clara dejó el teléfono boca abajo.

—¿Por qué no contestas? —preguntó Javier.

—No tengo ganas.

—Teresa pregunta lo mismo que yo.

—Teresa puede esperar.

Nico estaba viendo dibujos en el sofá. Javier bajó la voz.

—¿Y yo?

Clara recogió una servilleta usada.

—He contestado a la policía. No conozco a Adrián Montalvo.

—Está bien.

Javier se levantó.

—Voy a acostar a Nico.

Clara lo observó alejarse. Durante unos segundos creyó que la discusión había terminado. Javier se detuvo en la puerta del salón.

—He buscado el nombre.

Clara sintió el estómago contraerse.

—¿Para qué?

—Porque se llevó a mi hijo.

Sacó el teléfono y lo dejó sobre la mesa.

Había una fotografía de Adrián. Era reciente.

Tenía más arrugas alrededor de los ojos y llevaba el pelo más corto.

Conservaba la misma forma de mirar a cámara, como si nunca terminara de estar cómodo delante de un objetivo.

Clara tardó demasiado en apartar la vista. Javier lo vio.

—Lo conoces.

—Estoy mirando al hombre que se llevó a Nico.

—No era esa cara.

—¿Qué cara?

—La que pusiste cuando te enseñaron la foto en el parque.

Clara recogió el teléfono y se lo devolvió.

—Has pasado una tarde horrible y estás buscando respuestas donde todavía no las tenemos.

—Puede ser.

Javier guardó el móvil.

—Mañana tendremos más.

Subió con Nico. Clara se quedó sola en el salón.

Esperó hasta escuchar la puerta de la habitación del niño.

Cogió su propio teléfono. Escribió el nombre completo en el buscador.

Adrián Montalvo apareció en varias páginas.

Perfil profesional. Fotografías. Una noticia pequeña relacionada con la desaparición de Nico que ya incluía su nombre.

Clara cerró el navegador. Abrió otra aplicación.

Buscó entre contactos bloqueados. Tardó menos de un minuto.

Ahí estaba. Adrián. Sin apellido. Un número que llevaba ocho años guardado en un lugar donde nunca tenía que verlo.

Clara mantuvo el dedo sobre la pantalla.

Podía eliminarlo, pero bloqueó el teléfono y lo dejó sobre la mesa. Arriba, Nico se reía por algo que Javier acababa de decir. Clara escuchó aquella risa hasta que dejó de oírse.