Las buenas madres CAPÍTULO 1 #2
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CAPÍTULO 1 #2

Cuatro minutos desde la hora que recordaba haber comprobado.

Quizá diez desde la última vez que había visto a Nico.

La diferencia le pareció enorme. Intentó reconstruir la tarde.

Nico había pedido agua. Rectificó en su cabeza.

La que había pedido agua era Alma. Nico ni siquiera había recogido el bocadillo.

Clara miró sus manos. Seguía llevándolo consigo.

El papel de aluminio estaba arrugado y parte del pan salía por un extremo.

La patrulla llegó poco después. Dos agentes bajaron del coche.

Preguntas. Nombre. Edad. Altura aproximada. Ropa. Fotografía reciente.

Clara abrió la galería del teléfono y empezó a pasar imágenes. Nico comiendo pizza. Nico dormido en el sofá. Nico disfrazado. Nico con Javier. Nico sacando la lengua.

—Esta es de hace cuatro días.

El agente tomó los datos y envió la imagen. Clara vio cómo la cara de su hijo abandonaba su teléfono para empezar a circular por otros.

17:59.

Un policía preguntó a Javier por la custodia cuando llegó corriendo desde la esquina. Había dejado el coche mal aparcado.

—Vivimos juntos —respondió él.

—Necesito comprobar cualquier posibilidad.

—La única posibilidad es que mi hijo estaba aquí y ya no está.

El agente mantuvo el tono.

—También necesito saber si existe alguien que pueda querer llevárselo.

Javier miró a Clara.

—Que sepamos, nadie.

Clara miró a Javier un segundo y volvió hacia el parque. Mónica regresó con el coche.

—He dado una vuelta a la manzana y he bajado hasta la rotonda. No he visto nada.

—Gracias.

Mónica quiso añadir algo y se detuvo. Clara entendió lo que todas evitaban decir.

Si Nico había subido a un coche, la distancia ya no significaba nada.

La policía pidió acceso a las cámaras de la heladería y de la farmacia.

Otro agente llegó. Algunas salidas quedaron vigiladas.

Una mujer mostró a Clara el teléfono. La fotografía de Nico circulaba por un grupo de WhatsApp con un texto que empezaba por NIÑO DESAPARECIDO. Clara apartó la vista.

A las 18:11 alguien avisó de un niño parecido dos calles más abajo. Clara corrió con Eva y un policía. Encontraron a una madre sujetando la mano de su hijo, asustada por cuatro desconocidos que se acercaban deprisa.

—Perdone —dijo Eva.

Clara no consiguió decir nada. Regresaron al parque. El reloj marcaba 18:17. Javier hablaba con su madre. Clara reconoció el tono que utilizaba cuando intentaba mantener la calma delante de ella.

—Todavía no lo hemos encontrado. Te aviso en cuanto sepamos algo.

Clara se quedó junto a un banco. Se dio cuenta de que estaba apretando el bocadillo. El jamón sobresalía y la miga se había pegado al aluminio. Javier terminó la llamada y se acercó.

—Dame eso.

—Déjalo.

—Vas a destrozarlo.

—Es de Nico.

Javier la observó. Después retiró la mano.

—Eso lo sé.

La policía seguía preguntando. A cada minuto aparecía otra persona dispuesta a ayudar. Vecinos. Padres. Clientes de los bares. Un repartidor. La cantidad de gente buscando a su hijo hizo que Clara comprendiera la dimensión de lo que estaba pasando mejor que cualquier frase. Eva se colocó a su lado.

—Si necesitas sentarte, me lo dices.

—Quiero seguir buscando.

—Entonces voy contigo.

Caminaron hacia la calle lateral. Clara llamó a Nico otra vez.

Su voz ya salía rota. Pasaron por delante de una tienda cerrada.

Eva miró detrás de unos contenedores. Clara vio una pelota verde bajo un coche y durante un segundo creyó que pertenecía a Nico.

Era un juguete de perro. Volvieron. A las 18:22 una agente se acercó a Clara.

—Necesito que vengas conmigo.

La forma en que dijo su nombre la dejó inmóvil.

—¿Han encontrado algo?

—Una patrulla ha localizado a un niño que coincide con la descripción.

Javier apareció a su espalda.

—¿Está bien?

—Está consciente, habla con normalidad y no presenta lesiones visibles.

Clara agarró a la agente del antebrazo.

—Quiero verlo.

—Lo están trayendo. Tardarán muy poco.

—Quiero ir donde está.

—Está con dos compañeros y viene hacia aquí.

Clara apartó la mirada un momento. Javier la abrazó.

Ella siguió mirando el bocadillo cuando volvió a abrirlos.

La presión de sus dedos lo había dejado reducido a una masa torcida.

Las lágrimas llegaron sin avisar. Rocío empezó a llorar al verla.

Mónica se tapó la boca. Eva abrazó a Nuria, que había llegado en algún momento sin que Clara reparara en ello.

Teresa se quedó cerca de la entrada del parque.

Javier repetía que Nico estaba bien. El coche apareció a las 18:28.

Clara corrió antes de que terminara de detenerse.

Un agente bajó y abrió la puerta trasera.

Nico salió con la camiseta verde, los pantalones cortos y las zapatillas sucias. Llevaba el pelo igual que una hora antes. Parecía cansado y algo desconcertado por toda la gente que esperaba. Clara se arrodilló y lo abrazó con tanta fuerza que el niño protestó.

—Mamá, me haces daño.

Ella le tocó la cara, el cuello y los brazos.

—¿Te duele algo?

—Estoy bien.

—¿Te ha hecho daño alguien?

—Me he raspado aquí jugando antes.

Nico enseñó una rodilla. Clara conocía aquel raspón. Se lo había visto al salir de casa.

—¿Y después?

—Mamá, estoy bien de verdad.

Javier se arrodilló junto a ellos y abrazó al niño. Clara apoyó la frente en su pelo. Nico empezó a mirar alrededor.

—¿Por qué hay tanta policía?

—Porque no sabíamos dónde estabas —respondió Javier.

—Fui a dar una vuelta.

Clara se separó.

—¿Una vuelta con quién?

Nico miró al agente.

—Con un señor.

Javier se quedó quieto.

—¿Qué señor?

—Uno que estaba fuera.

—¿Lo conocías?

—Me dijo que conocía a mamá.

Clara dejó de acariciar el pelo de Nico.

—¿Qué te dijo exactamente?

El policía intervino con cuidado.

—Vamos a hablar de eso en un sitio tranquilo. No queremos que tenga que repetirlo muchas veces.

Nico miró a su madre.

—Solo quería preguntarme cosas.

—¿Qué cosas?

—De papá.

Javier frunció el ceño.

—¿De mí?

—También de cuándo nací.

Clara sintió la humedad del papel de aluminio pegada a la palma.

—¿Te dijo cómo se llamaba?

Nico tardó unos segundos en responder.

—Adrián.

Clara mantuvo la cara quieta. A su alrededor seguía habiendo gente.

Rocío abrazaba a Alma. Mónica hablaba con sus hijas.

Un agente pedía a varias personas que se apartaran.

Javier tenía la vista puesta en Nico. Clara pensó que podía guardar aquella reacción para sí.

Levantó los ojos. Teresa la estaba mirando.

Clara aflojó los dedos alrededor del bocadillo.

—No conozco a ningún Adrián.