Capíulo sesenta y uno
CAPÍTULO SESENTA Y UNO
EMILY
—¡Ha llegado carta de Beatrice! —Emily siente un gran alivio al encontrar el sobre en el buzón.
Ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que recibieron noticias suyas, y a pesar del menosprecio apenas disimulado de Charlotte por lo que, supone, es la lujosa vida matrimonial de Beatrice y su abandono intencional, a Emily le preocupa que el silencio de Beatrice tenga una causa más infame.
—¡Léela por favor! —grita Charlotte. Tiene las manos negras de tinta porque está escribiendo un artículo para Voto femenino . Hace poco asumió el cargo de coeditora junto con Isabel.
Emily lee en voz alta.
Queridas Hiedra y Malva real:
Quiero disculparme por mi negligencia de estas últimas semanas.
Les aseguro que la vida de casada no es lo que imaginan.
Estoy en un estado de confinamiento… no, no estoy embarazada, parece que sufro de neurastenia.
Me han prohibido hasta escribir esta carta pero, como ya dijimos, a veces hay que transgredir las leyes…
No hace falta decir que mi criada tiene órdenes estrictas de enviarles esta carta sin que se entere mi esposo.
Si me quieren contestar, por favor, envíen la respuesta a Daisy Smith, no a mí; ella me la entregará personalmente.
—¿Qué es neurastenia? —pregunta Emily.
Charlotte está conmocionada.
—Es una gran farsa, un diagnóstico general para mujeres que no se adaptan a las normas.
—Entonces, ¿no está enferma de verdad?
Charlotte suspira.
—Es posible que se sienta muy mal. Y que esté desconsolada. Pero enferma, no.
Me resulta muy difícil poner esto en palabras, así que seré breve.
Tengo problemas desde el día de mi boda.
Entré en un estado de melancolía impenetrable y, sinceramente, no sé cómo salir.
Tengo veintidós años pero me siento como si tuviera cien.
Recurro a ustedes, mis más queridas amigas, como última esperanza.
Se me ha prohibido recibir visitas, pero mi reposo terminaría a final de este mes si demuestro una buena recuperación.
Haré todo lo posible por fingir mejoría con la esperanza de poder verlas en ese momento.
La verdad es que, lo estarán suponiendo, extraño a nuestra Anémona más de lo que puedo soportar.
Me castigo por no haberla despedido antes de su partida y ahora temo que mi silencio haya sido imperdonable.
Ya me resulta muy difícil escribirles, y escribirle a ella es imposible para mí en este momento.
Les cuento todo esto porque, aunque sé que no hay nada que se pueda hacer, temo que si no cuento la verdad y pongo estas palabras en el papel, me van a devorar por dentro.
—¡Pobre Beatrice! No imaginaba que estuviera sufriendo tanto.
—¿Cómo podíamos saberlo? —Emily mueve la cabeza—. Pero ¿qué podemos hacer?
Charlotte mordisquea la punta de su pluma.
—Tenemos que volver a traerla a Londres, no hay vida para ella en Kent. Si pudiera regresar a la ciudad…
—Si convenciera a Daniel de que la deje volver a la Unión…
—Creo que se va a sentir mucho mejor —dice Charlotte—. Beatrice Piper necesita no sentirse inútil.
—Parece que Daniel es muy estricto. —Emily camina por la habitación con la carta de Beatrice todavía en la mano—. Necesitamos una excusa para que venga.
Charlotte da un gritito ahogado y señala un recuadro impreso en el periódico que tiene frente a ella.
—¿Qué es? —Emily lee por encima del hombro de Charlotte. Es un anuncio; tienen docenas de anunciantes en el periódico todas las semanas. Hasta los principales comerciantes del West End perdonaron a las suffragettes por destrozar sus escaparates: el capitalismo triunfa sobre todo.
—Es un anuncio para el derbi del Rey, lo había olvidado por completo. Ese es justo el tipo de evento esnob en el que imagino a un hombre como Daniel Rosseter.
—¿El derbi?
—Sí —dice Charlotte sonriendo a Emily. Hay una chispa en su mirada—.
Podríamos organizar una protesta allí, reclamar a la aristocracia, a la Casa de los Lores y al mismísimo Rey.
La prensa ya va a estar, así que es perfecto para hacernos publicidad.
Apuesto a que Beatrice podría convencer a Daniel para que asista, hasta pueden ir como pareja…
—Y entonces, podría escabullirse y unirse a nuestra marcha —sugiere Emily.
—Vamos a poder ver a Bea, asegurarnos de que esté bien —dice Charlotte asintiendo con la cabeza—.
Y ella va a sentirse mucho mejor si tiene la oportunidad de volver a participar.
¡Podemos extender una bandera gigante de una punta a la otra de la pista!
Es el lugar perfecto para un acto; ¡no puedo creer que no hayamos pensado antes en organizar un acto en el derbi!
—Es perfecto —coincide Emily—. Escribe a Beatrice.