Las buenas hijas Capíulo cuarenta y dos
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Capíulo cuarenta y dos

CAPÍTULO CUARENTA Y DOS

CHARLOTTE

—Bueno, es increíble —dice Adeline con el dibujo de Emily en la mano. Charlotte está agitada porque ha corrido casi todo el camino—. ¿Acaso no te dije que no subestimaras a Emily Brown? —Exhala con un silbido—. Esto es mejor de lo que planeamos, mucho mejor. Espero que funcione.

Charlotte hace una mueca al oír las palabras de Adeline. “Es mejor de lo que planeamos”. Aunque está acostumbrada a la rudeza de Adeline, la fea verdad de esas palabras duele. Todas ellas son peones en este juego brutal.

—¿Llegarás a enviarlo a tiempo?

—Voy ahora mismo a buscar a mi contacto en The Times. Va a aparecer en los periódicos de la tarde, te lo garantizo.

Charlotte se muerde el labio inferior.

—Esto va a tener consecuencias —agrega Adeline mientras se pone el abrigo.

Charlotte encuentra a Emily en casa con la mirada fija en la taza de té; las otras dos están comunicando algo no dicho, algo que puede percibir pero no nombrar.

—¿Te quedas a dormir? —pregunta Charlotte—. Quizás estés más segura aquí que con tu padre.

Beatrice y Sadie intercambian una mirada de sorpresa pero Charlotte no da explicaciones.

—No —dice Emily—. Mi padre va a estar furioso pero tengo que ir a casa.

—Estaba segura de que ibas a decir eso. Recuerda que siempre tenemos la puerta abierta para ti si lo necesitas.

A Emily se le llenan los ojos de lágrimas; Sadie asiente con un gesto a pesar de que no sabe qué está pasando.

—Mejor me voy —dice Emily poniéndose de pie.

Charlotte la acompaña hasta la puerta. La tensión entre ellas es palpable. Charlotte extiende los brazos y la abraza en ese momento.

—Perdón por haber sido tan injusta contigo —susurra Charlotte—. Estaba equivocada, ya arriesgaste mucho por nosotras.

—Está bien, no importa —dice Emily y abraza fuerte a Charlotte.

Charlotte mira a Emily entre lágrimas pero sonríe.

—Ahora eres una de nosotras y lo sabes —dice. Las dudas se diluyen en una esperanza recién nacida.

Emily asiente con un gesto y una risita parecida a un sollozo antes de salir a la calle oscura.