Las buenas hijas Capíulo once
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Capíulo once

CAPÍTULO ONCE

BEATRICE

—Espera —dice, con la voz como un graznido.

Bea trice detesta que le pase eso. Tiene el rostro demacrado y manchado porque anoche estuvo llorando otra vez.

En Girton los cotilleos viajan a toda velocidad, así que, por la mañana, llega al vestíbulo como puede.

Quiere ver a Charlotte antes de que sea demasiado tarde para despedirse—.

Lo siento tanto. —Beatrice recorre el pasillo con la mirada, necesita asegurarse de que nadie está escuchando—. ¿Adónde vas?

—A Londres —dice Charlotte—. Voy a trabajar con la USPM a tiempo completo.

—Todo esto es mi culpa —susurra Beatrice y estrecha la mano de su amiga.

—¿Tu culpa?

—Por llevarte a la Unión. Nunca tendría que haberte dado ese panfleto. Ojalá pudiera hacer algo para compensarte.

—Bueno, hay algo que puedes hacer —dice Charlotte, y retira la mano.

—¿Qué?

—Ven conmigo. Ven con nosotras.

Beatrice da un paso atrás.

—No puedo.

—¿No? —se enoja Charlotte—. En realidad debería agradecerte por haberme dado ese panfleto, sirvió para mucho más que tu amistad.

El calor sube por las mejillas de Beatrice al ver que Charlotte mira el collar de perlas que está retorciendo entre los dedos.

La expresión de su amiga se interpreta con una facilidad insólita.

Beatrice es solamente otra chica rica de Girton a los ojos de Charlotte; su interés en la causa de las mujeres fue tan fugaz como cualquier capricho pasajero de debutante.

Es muy complicado , quisiera gritar Beatrice pero, en cambio, baja la mirada.

—Yo nunca llegué a sentirme parte de este lugar —dice Charlotte—, pero está claro que tú sí.

—Perdóname —insiste Beatrice y, antes de que Charlotte pueda reaccionar, sale corriendo por el pasillo y cierra la puerta detrás.

Por la ventana ve cómo su amiga sale al sol y al cielo azul y baja la escalera de ladrillo rojo dando saltitos, feliz como una niña pequeña.

Charlotte busca el broche que dice VOTO FEMENINO en el bolsillo y se lo sujeta, con orgullo, en la solapa.

No mira atrás, pero Beatrice no deja de mirarla hasta que desaparece por el camino.