21 #2
La veía por lo que era: una mujer sedienta de vida y aventura, aterrizada de pronto en un mundo que se lo ofrecía todo, tras años viviendo en un lugar oscuro y relegado.
Cuando Flip la miraba no veía un monstruo.
No veía su sangre demoníaca. No veía su posible lado malo.
Él solo la veía a ella, tal cual era, pura y simple.
Nadie la había mirado nunca como la miraba Flip.
Vanessa metió unas monedas en la ranura, descolgó el auricular negro y marcó el número que se sabía de memoria.
—¿Sí? —respondió una voz cansada.
Lali.
Si Flip era su alma gemela, Lali era su otra mitad. Sonaba igual, pero no era lo mismo.
—¡Lali! —exclamó Vanessa, entusiasmada—. ¡Tengo tantas cosas que contarte!
—Dolores, ¿cómo estás? ¿Qué tal por Ibiza?
—Bien, ¡de maravilla!
—¿De verdad? Pero, ¿dónde vives ahora? ¿Comes lo suficiente? ¿Te hace falta dinero, hermana?
Lali era así. Había nacido diez minutos antes y, quizá por eso, siempre se comportaba como si fuera la mayor. O, mejor dicho, como si fuera su madre.
—Ya te he dicho que estoy bien. Conocí a una chica en el puerto, y ella me habló de una comunidad llamada La Finca, llena de gente fantástica. Ahora vivo aquí, vendo ropa que hago yo misma, y me encanta. Y tú, ¿qué tal por Sabadell?
—No estoy en Sabadell, sino en casa de la tía…
Aparte de eso, nada nuevo. Como siempre, voy hasta arriba de trabajo.
Y, hablando de eso, ¿cuándo vuelves? No puedo quedarme más tiempo en la granja.
Tengo el taller abandonado, la encargada está a punto de dar a luz, y no puedo estar en dos sitios a la vez…
—Véndela, Lali. No voy a volver.
Al otro lado se hizo el silencio.
—¿Vender la granja? Pero… la tía Inés quería que…
—La tía Inés ha muerto, Lali. Solo quedamos nosotras.
Se oyó un suspiro. Quizás un sollozo contenido.
—Lo sé. No hace falta que me lo recuerdes. Ya es bastante duro desde que no está.
Vanessa se sintió mal por Lali. Era demasiado formal. Incapaz de soltar ni una sola de sus responsabilidades. Le dolía que sufriera tanto por su propia obstinación.
—Lali, ninguna de nosotras regresará a la granja, entiéndelo. Tú tienes tu taller, y yo soy muy feliz aquí. De verdad. Por fin he encontrado mi lugar. He encontrado… —Miró a Flip a través del cristal sucio de la cabina—. He encontrado el amor. He descubierto quién soy realmente.
—¿El amor? ¿Quién? ¿Qué? ¿De qué me estás hablando, Dolores?
—No. Llámame Vanessa . Aquí ya no soy Dolores. Aquí todos me llaman Vanessa .
—Dolores, deja de comportarte tan raro.
—¡No me comporto raro! Es que por fin soy yo, ya te lo he dicho. Y llámame Vanessa, por favor.
—Vale… Vanessa . Lo que tú digas.
—Escúchame. He conocido a alguien. Es holandés y vive aquí en Ibiza.
—¿Y a qué se dedica?
—Pues… vende pulseras en los mercadillos.
—¡Dolores! Quiero decir, ¡Vanessa! ¡No puedes ir por ahí con un hombre que vende baratijas en mercadillos! ¿En serio no lo entiendes? Es una pérdida de tiempo. Si de verdad buscas un hombre, al menos encuentra a alguien que te cuide. Deberías pensar en tu futuro, en…
—¿En qué futuro? ¿En el que tuvo la tía Inés, encerrada en una granja, encargándose de dos niñas que no eran suyas mientras el pueblo entero la criticaba? ¿En esconderme del mundo y criar gallinas con un pañuelo en la cabeza, para que nadie sospeche?
Eulalia bufó, perdiendo la paciencia.
—Escúchame. Los hombres, al igual que los niños, son una pérdida de tiempo, y lo sabes.
Al menos, lo son para nosotras. Aunque este tal Flip no te engañe o te abandone, aunque sea fiel, y distinto de todos los hombres normales, un día se hará viejo, y tú no.
Tú vivirás cien, doscientos, trescientos años más que él.
Y eso te romperá el corazón. Si no te lo rompe él mismo mañana, ocurrirá dentro de cincuenta años.
Pero pasará, y entonces sufrirás más de lo que puedes imaginar.
Huye ahora que aún puedes, hermana. Aún puedes ser libre.
—Nunca he sido tan libre como ahora —le espetó Vanessa con rabia.
—Está bien. Pero no voy a vender la granja. De momento, contrataré a alguien que se encargue de ella. Por si cambias de idea.
—No voy a cambiar de idea.
—Te conozco muy bien. Eres mi hermana gemela.
De acuerdo. Vanessa podía ser un poco voluble. A veces. Solo a veces. Pero eso era antes, eso eran cosas de Dolores. Ahora era… ahora era Vanessa. Vanessa Cross.
—Pues te equivocas. No pienso volver a ese agujero espantoso. Voy a quedarme aquí, con este hombre, con mi nombre nuevo, con mi vida nueva. Es más, me he hecho un tatuaje para afirmar mi decisión. Es una mariposa, una Vanessa. Y Flip se ha hecho uno igual. ¿Te imaginas? Sin que yo le dijera nada…
—¿Flip?
—Sí, Flip es mi…
Lo pensó un segundo. Su… ¿qué? En La Finca no tenían nombres para eso.
—Es mi alma gemela —dijo con un suspiro.
—Tu alma gemela no durará.
—Lali, ¿sabes? A veces eres una persona horrible.
—Solo intento ahorrarte un sufrimiento asegurado.
—Se va a cortar la llamada. No me quedan monedas. —Vanessa rebuscó en el monedero. Le quedaban varias, pero no quería seguir hablando—. Pensé que te alegrarías por mí.
Se oyó un carraspeo.
—Vanessa —dijo Lali, aunque se notaba que le costaba—, feliz cumpleaños.
—También a ti.
—Te quiero, hermana.
—Hmm…
Vanessa no estaba de humor para corresponderle. Le dolía la negatividad de su gemela. Había esperado que la conversación fuera muy diferente.
El teléfono público comenzó a pitar. Se acababa el saldo.
—Que sepas que siempre te apoyaré, hagas lo que hagas, te llames como te llames —dijo Lali rápidamente, consciente de que les quedaba poco tiempo—.
Pero me duele verte sufrir y, si pudiera, quitaría de este mundo todas las cosas feas que podrían hacerte daño.
—Hizo una pausa y tomó aire—. Recuerda nuestra promesa, ¿me oyes? Siempre juntas. Siempre…
La llamada se cortó y Vanessa colgó, malhumorada. No murmuró la palabra «siempre», como solía hacer en respuesta. Estaba demasiado dolida. Su hermana había arruinado su cumpleaños.
Esa noche le pareció que su hermana le había dicho que le gustaría que Flip desapareciera del mundo.
Pero años después, lo entendió perfectamente.
No. Lali no había dicho eso, ni mucho menos.
Pero hay cosas que una no entiende al momento, sino con el tiempo. Y, generalmente, cuando sucede ya es demasiado tarde.