14
Oksana
Cerré los ojos y, por una vez, no me esforcé por apartar las sensaciones que traía el recuerdo amargo de aquellos besos bajo el cielo estrellado de Mallorca.
Garrett me tomó de la mano, y mientras tanto dejé fluir un poco más esas memorias, disfrutándolas con culpa, como quien rasca la costra de una herida que aún no se ha secado del todo, sabiendo que no debería tocarla todavía.
Apreté los dedos de Garrett, curtidos por el sol y los muchos cortes del trabajo en la cocina, y me abstraje del entorno de aquel túnel absurdo y vacío.
Sentí la pasión de nuevo corriendo por mi cuerpo; esa atracción que no había vuelto a sentir desde entonces, por mucho que lo había intentado.
Olvidé dónde estaba y con quién.
Un remolino surgió entre mis piernas y comenzó a extenderse por mi pecho. Pasión. Era pasión contenida; años de sentimientos reprimidos, a los que había dado permiso para desbordarse por primera vez.
Dos manos se deslizaron por mis antebrazos, hasta sujetarme por los hombros. Eran cálidas; sorprendentemente agradables y firmes.
Pero yo no las quería ahí.
Las quería sobre mi espalda, o abrazando mi cintura… y luego más abajo. Mucho más abajo.
Tomé una y la llevé al lugar deseado. Luego lo abracé tan fuerte como pude, frotándome contra su cuerpo, perdida en esa sensación olvidada que se desbordaba de golpe.
Acerqué la nariz al perfil de su mandíbula angulosa, y sentí su respiración sobre mi cuello.
Entreabrí los labios, buscando los suyos.
Estaba ahí.
Tan cerca.
Casi podía sentirlo, duro contra mi cuerpo, dispuesto a retomar lo que habíamos dejado años antes.
«Oksana. ¿Me oyes?»
Abrí los ojos de golpe, y ante mí encontré el rostro de Garrett, no el de Teo.
Tenía los labios entreabiertos y una expresión confundida, aunque también algo acalorada.
—No me atrevía a interrumpirte —dijo con un hilo de voz, soltándome de golpe—. Estabas en trance y pensé que… pensé que te estaba ayudando.
Sacudí la cabeza. Yo también me sentía confundida.
La cercanía de su piel, su calor, su energía…
había sido todo tan distinto; tan opuesto de lo que conocía y anhelaba, pero a la vez tan reconfortante.
Si no hubiera hablado; si no me hubiera interrumpido…
lo habría besado, y lo habría disfrutado. Y sospechaba que él también.
Pero no habría sido justo.
Tomarlo así, como si fuera otro. Usarlo para tapar un vacío.
Inspiré hondo, aún temblando por dentro.
—Lo he oído —dije jadeando, y señalé hacia el primero de los túneles—. Venía de ahí. Me ha llamado.
Señalé hacia el primero de los túneles.
Garrett levantó la palma de la mano abierta.
—Eso es. Lo estás recuperando —dijo, más serio de lo habitual—. Tu don. Tu brújula.
Yo asentí.
No necesitaba más palabras.
Garrett echó a andar, la llama oscilando en su palma, proyectando sombras naranjas en las paredes del túnel. Su silueta, alargada por la luz, avanzaba firme. No miraba atrás.
Pero yo sí.
Yo iba detrás, con las rodillas aún débiles, los labios resecos, y una pregunta imposible latiendo dentro de mí:
¿Y si no había sido solo la confusión?
¿Y si no quería que fuera otro?
¿Y si, por un instante… había sido Garrett aquel a quien anhelaba?