5
Garrett
Nunca pensé que terminaría siendo responsable de mandar a varias personas al infierno, pero ahí estaba, frente a todos mis compañeros de trabajo y con el destino de otras personas en mis manos.
Yo, el cocinero, el último mono de la agencia, de pronto tenía voz y voto y todo dependía de mí. La ironía del destino.
—Con todo el respeto, creo que no deberíamos dejar una decisión tan importante en manos de un simple cocinero de bar —dijo Leonard, no sin cierta altivez.
No me ofendí. En vez de eso, se me escapó una media sonrisa. Sin duda, el joven arqueólogo temía que un humilde cocinillas como yo fuera demasiado cobarde, o incapaz, para su importantísima misión.
—Estoy de acuerdo con Leonard —respondí, mirando a Johannes—. Es más; no me interesa este tipo de responsabilidad. Puedo dar mi opinión, pero no creo que deba ser yo quien decida nada.
Johannes frunció los labios, dudando.
En ese instante, una mujer con un vestido teñido de mil colores se nos acercó por detrás. No necesité darme la vuelta, ni ver sus largos cabellos negros con destellos plateados, para saber de quién se trataba. Me bastó con la energía oscura que desprendía, propia de los seres de las profundidades.
—Creo que deberíais de haberme invitado a esta reunión —dijo la mujer con tono de reproche.
—Vanessa —la saludó Oksana. En su voz no había alegría alguna.
El resto la miró como a una intrusa.
—Disculpe, señorita —dijo Johannes—. Esto es una reunión privada.
Los hombros delicados de Vanessa se agitaron en una risa contenida.
—Huelo el azufre de los infiernos desde mi tienda. ¿Me equivoco? Y os digo por adelantado que, sin mí, estaréis muertos antes de tocar el fondo de ese agujero.
—¿Quién ha hablado con esta? —preguntó Oksana, escandalizada.
Iris se mordió el labio y alzó la mano con timidez.
—¿Qué? —exclamó Oksana dirigiéndose a Iris—. ¿Por qué harías algo así? ¿Se lo has contado a ella ? ¡Es información confidencial!
—Vanessa tiene sangre demoníaca —susurró Iris—. Y conoce muy bien a Teo. Pensé que podría ayudarnos.
—No me parece buena idea —dijeron Oksana y Mina a coro.
—No me fío de los demonios —sentenció Mina cruzándose de brazos—. ¡Y encima es su ex! Ha intentado volver con él mil veces, sin éxito. ¿Quién nos dice que no está tratando de vengarse, o algo peor?
—Es la tataranieta de un demonio —apuntó Iris—. Eso no significa que sea una de ellos.
—Yo nunca he tenido nada serio con Teo —replicó Vanessa con los ojos entrecerrados.
Bueno, ahí le habría llevado la contraria. Pero, seguramente, ella había olvidado muchas situaciones embarazosas, gracias al don de los vampiros de borrar cosas de la memoria de sus víctimas.
—¿Has estado alguna vez en la Umbrícora? —preguntó Mina, desafiante.
Vanessa sacudió la cabeza, casi riendo.
—Eso no importa. Sé qué aspecto tiene el inframundo, y seguramente encontraría el camino mejor que vosotros ahí abajo, por puro instinto.
—El aspecto con el que se muestra la Umbrícora es distinto para cada uno —comenté con tono casual—. Suele tomar la forma de tu peor pesadilla, o de algo que jamás conseguiste superar.
—¿Y tú cómo sabes eso? —preguntó Vanessa sin malicia, más bien con curiosidad.
Ladeé la cabeza y la analicé con cuidado. No tenía permiso para hablar demasiado, pero si me quedaba callado y me guardaba lo que sabía, Teo jamás regresaría de los infiernos.
—Sé… algunas cosas que me contó mi madre —dije finalmente, lo cual no era del todo mentira.
Johannes se encogió de hombros y miró a Vanessa con dudas.
—En fin, si la tataranieta del demonio ya está aquí, que se quede, aunque no podrá unirse al equipo en caso de que se apruebe la misión —dijo Johannes—. Supongo que no nos vendrá mal tener a dos expertos en la Umbrícora entre nosotros.
—¿Dos? —preguntó Mina, sorprendida, y miró a Leonard.
—Yo soy experto en lenguas arcaicas —replicó Leonard—, pero no me consideraría un experto en…
Johannes negó con la cabeza y me señaló a mí.
—No. Él.
—¿Tú? —me preguntó Oksana, escandalizada.
Ja. Eso sí que no se lo esperaba nuestra Dama de Hielo, ¿eh?
—Es cierto que he visitado la Esfera Oscura un par de veces —admití—. Pero de eso hace ya… mucho tiempo.
Mucho más del que ellos pensaban.
—¡Garrett, por favor! —rio Vanessa, agitando su larguísima melena, que olía inicialmente a flores, pero si te fijabas, también a madera de pino chamuscada—. Uno no va a la Umbrícora a pasar el verano. ¿Qué tonterías estás diciendo?
La amonesté con una mirada fulminante.
Mis historias eran mías para contarlas, y lo haría cuando considerase oportuno.
—Tengo conocimientos acerca de los diez círculos de la Umbrícora —afirmé.
Leonard enarcó las cejas.
—Querrás decir, los nueve círculos —me corrigió—. La Divina Comedia de Dante deja claro que…
—No. He dicho diez . Dante se equivocaba en muchas cosas. Y si Teo sigue con vida, solo podremos encontrarlo en el décimo. El más profundo. Aunque estoy de acuerdo con los que dicen que la probabilidad es muy baja. Es más, si Teo fuera mortal, lo descartaría por completo.
—Si ella va, yo me quedo —dijo Mina cruzándose de brazos y señalando a Vanessa.
—Sabes que no lo harás —replicó Oksana, poniendo los ojos en blanco.
Sonreí. Todos sabíamos que Mina iría a cualquier parte para enmendar su terrible error.
—De todos modos, Garrett aún no ha votado —dijo Johannes de pronto.
Todos se acordaron de mí. Era cierto: todavía no había votado. Carraspeé un poco, sintiéndome incómodo al ser el blanco de tantas miradas.
—Creo que está claro —respondí con calma—. Es nuestro deber salvar a Teo. Todos los que estamos aquí le debemos algo, y ha llegado el momento de que devolvamos esas deudas.