3
Oksana
Al bajar del ferry en Ibiza ya había anochecido.
Me recibió el típico olor a combustible y a brea, y una oleada de viento fresco que contrastaba con el calor del barco.
Me subí el cuello de la chaqueta y arrastré mi maleta mientras buscaba el maldito coche de Raoul, supuestamente conducido por Garrett.
Vi a lo lejos el todoterreno negro. No fue muy difícil distinguirlo entre los demás, porque estaba aparcado en doble fila, torcido y entorpeciendo el tráfico, ya de por sí denso.
No me extrañó en absoluto.
Garrett estaba apoyado en el capó, luciendo una sonrisa amplia y despreocupada, con una camisa de flores algo abierta en el pecho y esa típica aura de no tener prisa que conseguía irritarme de inmediato.
—¡He aquí la dama de hielo! —anunció, haciendo una reverencia exagerada que hizo que todos los rizos dorados se le pegaran al rostro con la brisa.
Levanté la mano en saludo. Luego abrí el maletero y lancé dentro mi equipaje, tratando de entrever quién más había en el vehículo a través de los cristales traseros tintados.
—¿Leonard y Mina? —pregunté mientras me acercaba al asiento del conductor.
—Sí. Están detrás —dijo Garrett, señalando con la barbilla.
—Perfecto —respondí—. Siéntate con ellos.
Enarcó las cejas, fingiendo shock.
—¿En serio no vas a permitir que conduzca?
—Por encima de mi cadáver —repliqué.
—Al menos déjame el asiento del copiloto, ¿no?
Gruñí, dudando. Pero Garrett sacudió la cabeza y dio la vuelta para ponerse en el asiento junto al del conductor. Mientras tanto, yo me senté dentro y comencé a ajustar la altura del asiento y los espejos.
—Hola, ¿eh? —me saludó Mina desde atrás, poniéndome una mano en el hombro.
Me giré a mirarla, y por un instante, antes de que cerrase las compuertas de su mente, pude escuchar: «Siempre centrada en sí misma. Hay cosas que nunca cambian».
—Te he oído —murmuré.
—¡Perdona! Pero casi morimos en una catacumba. Lo mínimo habría sido, “Hola, Mina, ¿qué tal? Qué alegría verte… viva.”
—Hola, Mina, me alegra verte viva —repetí con voz de loro—. Hola, Leonard, me alegra verte... lo que sea que estés.
Mina bufó.
—Un placer volver a verte, Oksana —respondió Leonard desde atrás, con su característica y soporífera gentileza.
Traté de leer su mente, pero los vampiros eran un poco más difíciles, y yo estaba bastante cansada. Sin embargo, me llegó algo desde el lado de Garrett: «Es una buena chica. Está agotada, la pobre.»
Garrett, siempre tan… puro y benévolo.
¿Cómo soportaba ser así 24/7?
Aunque luego añadió:
«Mejor que conduzca ella, porque mi carnet de conducir se lo compré a un falsificador turco en Kings Cross, y de paso me vendió un kebab…»
Bufé y puse el motor en marcha.
Aquello era el colmo.
—Vámonos a casa de una vez —dije malhumorada.
Garrett se rio por lo bajo, y me pregunté si aquello del falsificador lo habría pensado adrede para provocarme.
Por el retrovisor vi que Mina apoyaba la cabeza en el hombro de Leonard, y él parecía sorprendentemente cómodo con la situación.
Fruncí el ceño. ¿Cuándo leches había pasado eso ? La última vez que los vi, apenas se conocían, y Mina no paraba de decir que estaba demasiado ocupada como para perder su tiempo con los hombres.
El mundo estaba peor de lo que pensaba.
Garrett notó mi expresión de asombro y señaló hacia atrás con cara de saberlo todo.
—¿Has visto? Esos dos tortolitos se han enamorado mientras tú estabas de vacaciones en Mallorca —comentó.
—No estaba de vacaciones —repliqué, mientras Mina abría la boca para protestar—. Estaba desintoxicándome de la estupidez reinante en el mundo. Spoiler: no funcionó.
El motor rugió suavemente, y me centré en sortear los vehículos que habían ido a recoger a otros pasajeros, y querían hacer exactamente lo mismo que nosotros. Por desgracia para ellos, no tenían tantas malas pulgas como yo, y eso los dejaba en desventaja.
Durante los primeros minutos reinó un silencio extraño en el coche, roto solo por los murmullos de Mina y Leonard en la parte de atrás.
Mina soltó una risita y le dijo algo al oído al vampiro. Este le dio un suave beso en los labios. Aquello era increíble. Un poco desagradable, incluso. Garrett los observó y sacudió la cabeza, dejando escapar un silbido bajo.
—¡Pero qué bonito! No sabía que también oficiaban bodas exprés en las criptas. Solo os daré un consejo: cuando firméis, no os olvidéis del acuerdo prenupcial, ¿eh? La mitad para cada uno... sin olvidaros de las antigüedades malditas. Y nada de tener niños. Que os saldrán con colmillitos.
Mina le dio un manotazo en la cabeza desde detrás, ofendida.
—¡Garrett! No seas idiota —dijo entre risas.
Garrett se rio también.
—Te lo digo por tu bien… Sabes que tengo demasiada experiencia con todo eso —dijo en voz más baja, aunque su tono se volvió sombrío hacia el final de la frase.