Epílogo
Mina
El anochecer había caído sobre las ruinas de Edeta, y Leonard y yo caminábamos juntos por el empinado camino que llevaba a la entrada del yacimiento.
Sentí el teléfono vibrar en el bolsillo: era Garrett, el fiel cocinero del Serenata, que se había ofrecido a recogerme al día siguiente en el aeropuerto.
—Hey, lechuguita —me dijo, y al fondo pude escuchar una gaviota—. ¿Cómo está mi vegana preferida?
Miré de reojo a Leonard, con su abrigo de cuero negro hasta los pies y su nariz aguileña, y sentí una ola de calor recorrerme de arriba abajo.
—Bastante bien, la verdad —contesté—. Hemos estado… descansando después de todo lo ocurrido.
Me ruboricé un poco al recordar cómo habíamos “descansado” durante las últimas dos noches, y me alegré de que Garrett no pudiera verme en ese momento.
—Bueno, me alegra escuchar eso —dijo Garrett—. ¿Entonces mañana a las ocho?
—Sí. Aeropuerto de Ibiza. Gracias, Garrett.
—Oye, una cosa —dijo, y su voz sonó diferente, casi tímida—. Tenemos que pasar también a por Oksana. Llega en ferry al puerto, sobre las nueve. Me pidió que fuera a por ella. Ha estado pasando unos días con su familia, en el hotel.
Fruncí la nariz, extrañada de que Oksana hubiera elegido llamar a Garrett para que la recogiera, y no a Raoul, o incluso a Naomi.
Ni siquiera sabía que esos dos hablasen entre sí, o se llevasen bien.
A decir verdad, ni siquiera sabía que Oksana se llevase bien con nadie.
—Claro, ningún problema —contesté tras reponerme de la sorpresa—. Hasta mañana por la tarde, entonces. Tengo ganas de veros.
Me moría de ganas de volver a la normalidad, y me preguntaba cómo sería mi nueva vida: ahora que la maldición ya no acechaba en cada esquina, y que ya no teníamos que ocultarnos.
Ahora que por fin era libre de amar, y de decidir qué hacer con mi vida.
Me sentía renacida, como si el destino me estuviera invitando a empezar de nuevo.
Colgué y guardé el teléfono en mi bolso. Leonard me miró y me guiñó el ojo.
—¿Todo bien?
—Todo muy bien —respondí, apretándolo contra mí—. Garrett irá a recogerme mañana. Es mejor que tú vueles por tu cuenta.
La luz de la luna se filtraba a través de los árboles, creando un juego de luces y sombras sobre las piedras desgastadas. Nos detuvimos frente a la inscripción medio borrada con el nombre de Rhada: visible solo para nosotros, pero guardiana de tantos secretos y sacrificios del pasado.
Leonard se detuvo y tomó mi mano, agachándose junto a la pequeña inscripción.
—No ha sido fácil llegar hasta aquí —dijo, su voz llena de emociones encontradas—. Pero hemos sobrevivido, y por fin eres libre.
Me agaché junto a él y me abrazó con fuerza. Asentí, apretando mi mejilla contra su pecho firme: ese pilar en el que sabía que, a partir de ahora, podría apoyarme siempre que lo necesitase.
—Sí, yo soy libre, pero… —Me separé un poco de él para mirarlo a los ojos—. Pero fue gracias a Teo. Su sacrificio nos salvó a todos. Y tenemos que hacer algo; no podemos dejar las cosas así.
—Claro que no. —Me puso el pulgar bajo la barbilla, alzándome el rostro con suavidad—. Lo encontraremos. Lo traeremos de vuelta.
Saqué de mi mochila una pequeña placa de mármol con una estrella de siete puntas en un lado y un pequeño texto en el otro. La puse en ese rincón de las ruinas de modo que solo se viera la estrella, pero el texto quedase oculto detrás.
Lo leí una vez más antes de enterrarla para siempre, y los surcos relucieron bajo los rayos de luna, mientras pasaba los dedos suavemente sobre el texto grabado:
En memoria de Rhada y Anand Shah: vuestro sacrificio nos mostró que todos tenemos la capacidad de cambiar nuestro destino y de enmendar nuestros errores. Descansad en paz.
Luego, sintiendo la piedra fría bajo las manos, cerré los ojos y dejé que una lágrima solitaria rodara por mi mejilla.
—Os prometo que honraré vuestro sacrificio —murmuré, mientras los pasos de Leonard se acercaban de nuevo por detrás de mí—. A vosotros, a Teo, y a todos aquellos que dieron su vida para que hoy tengamos un mundo mejor. Lucharemos por vuestra memoria, y por un futuro esperanzador para todos.
Enterramos la pequeña lápida de manera simbólica, y luego Leonard colocó una flor sobre ella.
—Todos los errores del pasado nos han traído hasta aquí —susurró, acariciándome el pelo—. Hemos aprendido y hemos crecido. Siempre suele suceder así, pero es más fácil verlo cuando dejas un poco de distancia de por medio. De cerca, todos los problemas parecen mucho más grandes.
Me levanté y miré a Leonard, sintiendo una determinación renovada.
—Vamos a hacer de este mundo un lugar mejor. La vida nos ha dado una segunda oportunidad, y no la desaprovecharemos.
Leonard sonrió y me abrazó con fuerza.
—Por supuesto, mi pequeña activista. Yo te apoyaré siempre. En lo que haga falta.
Nos dimos la vuelta y comenzamos a caminar de regreso a casa.
Con cada paso, sentía que el peso de la maldición se desvanecía, reemplazado por la esperanza y la promesa de un nuevo comienzo.
Las sombras del pasado ya no gobernarían nuestras vidas. Con el cierre del portal no solo habíamos sellado a la entidad, sino también un nuevo comienzo para nosotros dos.
Mientras caminábamos hacia un horizonte lleno de posibilidades, supe que juntos seríamos capaces de enfrentar cualquier desafío. Si habíamos conseguido vencer nuestros propios retos internos, ningún obstáculo común podría con nosotros.
—Vamos a casa —dije—. ¿Te apetece ver una película?
Su sonrisa se volvió tan amplia que no dejó lugar a dudas. Ni siquiera tuve que preguntarle cuál, porque ambos lo sabíamos.
Y así, juntos, dejamos atrás las ruinas del pasado, caminando hacia un futuro lleno de esperanza y posibilidades infinitas.
∽
La historia continúa…
Únete a los miembros del Serenata Nocturna en una misión desesperada para salvar a Teo de las Tinieblas.
Pasa la página para leer Oksana, El ángel caído.