Las brujas de Ibiza: La saga completa (Libros 1–5) 38 #2
63%

38 #2

—Leonard, soy yo… ¡por favor! Recuerda esa noche en mi casa. Recuerda cómo dijiste que Beethoven te gustaba porque te daba esperanza. ¿Sabes qué me da esperanza a mí? Tú. ¡Tú me das esperanza! Tu fe en mí, tu amor, a pesar de mi rechazo. Por favor… vuelve. Vuelve a ser tú.

Sus ojos se enfocaron de nuevo e inspiró de golpe, como si recobrara el conocimiento.

—Mina… —murmuró, su voz llena de desesperación— No es él… No es quien dice…

La criatura le lanzó un latigazo de luz y Leonard cayó de nuevo, inconsciente.

—Perro inútil —gritó Vesperon, furioso—. Voy a matarlo, a no ser que tú lo salves. ¿A quién sacrificaremos primero esta noche, Meenakshi? ¿A tu amante o a tu hermano?

—A ninguno. Jamás aceptaría ese trato —dije, conteniendo la rabia mientras surgía una idea en mi mente—, pero puedo ofrecerte una alternativa. Te daré la llave.

—¿Qué llave? —Los ojos de la criatura brillaron y parecieron hacerse el doble de grandes.

—La llave del portal. Existen muy pocas, pero yo tengo una. Te la doy a cambio de sus vidas.

La sala entera tembló, y pude sentir en mi interior la excitación de la entidad maligna. Tenía un plan, pero tendría que ejecutarlo rápido.

—Muéstramela —ordenó.

—Aquí está —dije, mi voz resonando en la cripta.

Saqué la llave del bolsillo. Esta refulgió en la palma de mi mano, súbitamente caliente. En presencia de Vesperon parecía hecha de oro macizo, y no de hierro oxidado como antes.

Teo me miró, horrorizado, y Krish se apretó contra él, muerto de miedo.

—¿Tenías una llave a la Oscuridad Primal y no me lo dijiste? —exclamó, apretando a Krish contra su pecho.

—Déjalo en mis manos —le respondí, tratando de infundir confianza en mi voz—. Te he dicho que está todo controlado.

—Esto es una locura —dijo Teo, empujando a Krish a un rincón y dando un paso hacia mí para intentar detenerme—. No lo permitiré.

—Qué hermosa —dijo Vesperon, haciendo la llave levitar en el aire e introduciéndola en el centro de la estatuilla—. ¿A cuál eliges entonces?

—Ese no era el trato.

—La llave por tu amante, entonces —replicó con indiferencia—. Y ahora, ¿qué me das a cambio de tu hermano?

Con un movimiento brusco, lanzó a Leonard a mis pies, liberándolo de las cadenas espectrales. Él me miró confuso, herido y temblando, como si no supiera cómo había llegado hasta allí.

Cerré los ojos y, por inercia, traté de conectar con los espíritus animales, pero solo recibí un eco vacío. Ya no podía. Vesperon le había entregado esos poderes a mi familia, y Vesperon me los había quitado.

—Yo seré la ofrenda —dije con absoluta seguridad—. Te ofrezco mi vida a cambio de la de mi hermano, y por fin estaremos en paz. ¿Qué me dices?

Ese era el plan, de todos modos. Vesperon podía creer que le estaba entregando a él mi vida, pero en realidad me sacrificaría por algo mucho más grande, sin que él lo supiera.

Leonard, que seguía confuso, sacudió la cabeza con un gesto de dolor.

—¡No! —murmuró como en sueños—. ¡Por favor, no lo hagas! ¡Es todo un engaño! Detenlo todo. ¡Huid de aquí!

—La dama ha decidido —dijo Vesperon, alzando sus brazos etéreos e ignorando a Leonard—. ¿Eliges ser el sacrificio voluntariamente?

Todos me miraron, consternados.

Nada me importaba ya. Había hecho las paces con la vida, y estaba dispuesta a dar lo que hiciera falta.

Era hora de empezar el ritual y abrir ese portal para que se tragase al monstruo. La llave estaba en su sitio. Y ahora yo iba a sacrificarme, siguiendo paso por paso el ritual de Lucentum.

La entidad inmaterial tembló como la llama de una vela. Miré a mi alrededor: solo quedaba la llave, la invocación, y una despedida.

Mi sacrificio para Cariocecus abriría el portal y aniquilaría al peor enemigo de mi familia.

Era solo un pequeño coste, por un bien mayor.

Mi vida…

A cambio de tres.

A cambio de todas las vidas de nuestros descendientes.

Si mi plan funcionaba, sería un buen trato.

—Sí. Acepto ser el sacrificio.

Un flash de luz hizo retumbar la sala y una grieta fina comenzó a abrirse en el suelo con un ruido bajo y profundo, justo debajo del altar, mientras tierra y piedras caían de las paredes amenazando con un derrumbe.

Apreté los ojos y los puños, decidida a no dejarme amedrentar. Sentí como las fuerzas me abandonaban, pero tenía que seguir con el plan. Tenía que enviar a Vesperon a los infiernos; al lugar donde mi tatarabuela quiso lanzarlo, pero no pudo.

Ella había cometido errores. Había sido egoísta, y se había dejado llevar por su sed de venganza. Mis motivos eran diferentes. Esta vez, el bien triunfaría.

Un rugido ensordecedor llenó la cripta. El suelo se agrietó, y una luz cegadora emergió de la fisura.

Vesperon comenzó a cambiar, su forma etérea volviéndose más sólida, más monstruosa.

Leonard, despertando de su trance, gritó:

—¡Mina, detente! ¡Ese no es Vesperon y nunca lo fue! ¡Es una entidad de la Oscuridad Primal que se ha hecho pasar por él, y os ha estado utilizando para que lo liberarais! Su verdadero nombre es Umbrael'Zathar, y…

Pero era tarde. El portal se abría, y la verdadera forma de la entidad se revelaba: un ser de pesadilla, con tentáculos de sombra y ojos de fuego, había comenzado a emerger de la creciente grieta, fundiéndose con el hombre espectral sentado en un trono de humo frente a nosotros.