28
Mina
Nos mantuvimos en la misma posición durante un largo rato: Leonard sujetando la roca del techo, y yo sollozando en silencio, agarrada a sus piernas como a una tabla de salvamento.
El hueco era tan pequeño que podía tocar ambos lados tan solo con estirar los brazos.
Aterrada, pensaba sin parar en mi abuela y en mis hermanos, a quienes jamás volvería a ver.
—Mina… —murmuró Leonard tras lo que pareció una eternidad—. Apaga eso.
Inspiré hondo y abandoné mis pensamientos lúgubres sobre el futuro, que no eran mucho peores que el presente.
—¿Q-qué? —pregunté, sorbiéndome las lágrimas y alzando el rostro hacia el suyo.
—La linterna —dijo él con voz ronca—. Apágala un momento, por favor.
Apreté el botón y se escuchó un suave clic. Todo quedó en penumbra, y mis ojos comenzaron a acostumbrarse a la ausencia de luz. El túnel estaba completamente oscuro, excepto por…
—¡Un momento! —exclamé, sin poder creerlo.
—Sí —asintió Leonard con los dientes apretados—, es justo lo que pensaba.
Un fino hilillo de luminosidad plateada se colaba por un resquicio en el techo: era la luz de la luna a lo lejos, colándose por un finísimo hueco.
—¡Es la luz del exterior! —dije esperanzada—. Debemos de estar cerca de la superficie, en la ladera de la montaña.
—Así es —corroboró Leonard.
Sentí la esperanza burbujear de nuevo en mi interior. Si la luz podía entrar por ese resquicio, es que había una manera de salir de allí. Bastaría con cavar en la dirección correcta, y en un par de horas estaríamos fuera.
Claro que iba a ser difícil ponernos a cavar, en las circunstancias actuales.
—Voy a intentar quitar algunas piedras desde donde estoy —propuse, haciendo ademán de levantarme.
—Ni se te ocurra moverte. Podrías hacer que se nos cayera todo encima.
—¿Y entonces qué propones? —repliqué—. ¿Qué nos quedemos aquí parados hasta que la erosión se lleve medio metro de montaña en un par de siglos?
Leonard bufó, impaciente.
—Voy a intentar sujetar la roca con un brazo y cavar con el otro.
—Menuda estupidez. Eso es impo…
Con un gruñido gutural, arrastró el antebrazo por la base de la roca, de modo que quedara centrada sobre él. Poco a poco, fue sacando la otra mano. Luego extendió el brazo libre y comenzó a rascar suavemente en la pared, con cuidado de no quitar demasiada tierra a la vez.
Genial . A ese ritmo, estaríamos fuera en el próximo milenio.
—¿Qué piensas hacer cuando ya no puedas estirar más el brazo? —pregunté sin mala intención.
Leonard solo gruñó en respuesta y siguió rascando en la pared.
—Espera. Tengo una idea —dije de pronto—. Sé de alguien que podría ayudarnos.
Cerré los ojos y entoné la invocación que me había enseñado mi abuela, y a ella la suya:
«Por el poder de la tierra y la oscuridad,
Criaturas del suelo, venid a mi llamado.
Despertad de vuestra morada profunda,
Y extended vuestro dominio en estas galerías.»
Una horda de gusanos, arañas y escorpiones comenzaron a reptar fuera de sus agujeros, rodeándonos. Leonard, atrapado en su posición de columna improvisada, me miró con horror mientras las criaturas trepaban por sus piernas y su espalda, atendiendo a mi llamada.
—No te preocupes, son inofensivos —lo tranquilicé. Acaricié al escorpión más grande de todos y lo acerqué a mis labios para susurrarle su importante misión—: Abrid un agujero hacia el exterior, pero con cuidado. Que no se desprenda ni un solo guijarro, ¿entendido, pequeñines?
Reptando en fila, las pequeñas y oscuras criaturas comenzaron a moverse hacia la fina rendija por la que se colaba el aire exterior. Cada vez llegaban más, apareciendo desde todos los rincones del túnel derrumbado.
—Nos sacarán de aquí —dije—. Puede que les cueste un rato, pero seguramente les será más fácil que a ti con un solo brazo. Mejor concéntrate en sujetar esa roca con ambas manos.
Leonard asintió, y una gota de su sudor me cayó sobre el rostro.
—Más vale que esto funcione —dijo con un suspiro.
—Claro que sí —respondí con más seguridad de la que sentía—. Confío en ellos. Saldremos de aquí y descubriremos el ritual a tiempo. Mañana por la noche, todo esto será solo un mal sueño. Ya lo verás.
—Ya —gruñó—. ¿Crees que lo conseguirán antes del amanecer?
Me mordí el labio, comprendiendo súbitamente el porqué de su pregunta.
Los bichos ya habían conseguido abrir un agujero de casi un centímetro de ancho, y seguían llegando desde los rincones más profundos.
Según mis cálculos, faltaban todavía varias horas hasta que saliera el sol.
Pero era difícil saber cuánto tardarían en crear un hueco lo bastante grande para que pudiera salir una persona por él.
—Si el sol me alcanza antes de que podamos escapar… —comenzó a decir, pero lo fulminé con la mirada.
—Eso no va a ocurrir. Te lo prometo.
—Bien —prosiguió con voz dolorida—. Pero, si eso ocurre, hay algo que necesito decirte.
Por un instante me invadió el pavor al pensar que iba a decir que me quería, o alguna estupidez por el estilo. Si lo hubiera hecho, se habría condenado a sí mismo a ser víctima colateral de la maldición de Rhada, igual que le había ocurrido a mi padre. Jamás me lo habría perdonado.
—Hay una llave en la cripta, bajo la iglesia del monasterio —dijo lentamente.
—¿Una llave? —repetí. Por algún motivo, no me había esperado que se pusiera a hablar de llaves—. ¿Qué clase de llave?
—La llave que menciona la inscripción —insistió—. ¿Recuerdas? Bajo la mirada del Cazador Celeste, cuando el equinoccio multiplique su poder, el camino prohibido se abrirá y la llave oscura será tu seguro fiel.
— La llave oscura será tu seguro fiel —repetí, todavía sin entender de qué hablaba.
—Presta atención —dijo, inspirando con dificultad bajo el peso de la roca—. Creo que sé a qué se refiere con eso de la llave oscura. Es una llave a la Oscuridad Primal, y yo tengo una.
—Pero, ¿qué me estás diciendo? ¿Te has vuelto loco? ¡Eso es imposible!
—No. No lo es. Esa llave me costó mi alma inmortal, pero es cierto: está en mi poder. La traje conmigo de Egipto y ahora mismo se encuentra encima del sepulcro, en la cripta, junto al resto de mis pertenencias.
—¿Cómo la conseguiste exactamente?
—Eso no importa ahora. Pero, si no salgo vivo de este agujero, hazme el favor de ir a buscarla antes de que caiga en las manos equivocadas.
—Tomó aire de nuevo y este silbó al pasar por su garganta reseca—.
El resto de los versos es fácil de interpretar.
El cazador celeste es Orión, que es visible durante el equinoccio.
Es la fecha en la que se debe llevar a cabo el ritual.
La llave oscura es el objeto de poder, y según la inscripción será “tu seguro fiel”.
Es decir, si hicieras el ritual sin ella podrías correr un grave peligro.
—Sí, pero, ¿y el ritual? No sabemos a qué ritual se refiere.
—Tienes un día y medio para averiguarlo. —Sonrió, haciendo un gran esfuerzo—. Confío en ti. Estoy seguro de que lo conseguirás.
Observé con frustración a las pequeñas criaturas, que seguían trabajando con afán. El agujero seguía igual de estrecho, y me pregunté cuánto tiempo más necesitarían.
—Gracias, Leonard —susurré—. No es que dude de que vayamos a salir de aquí. —Tragué saliva para ganar tiempo y estabilizar mi voz, que amenazaba con romperse de nuevo en sollozos—. Pero estoy muy agradecida de que me hayas ayudado en esto. Sin ti, no habría llegado hasta donde estoy ahora.
—¿Atrapada en un túnel a punto de derrumbarse?
—Sabes a qué me refiero —me sorbí la nariz, esforzándome por ocultar la emoción.
Leonard asintió, aunque me pareció que estaba perdido en sus pensamientos.
Me pregunté si estaría pensando en aquella llave, y en cómo la había conseguido.
Pensé en insistir y preguntárselo de nuevo, pero estaba claro que no quería compartirlo.
Cerré los ojos y me concentré en el suave murmullo de los escorpiones y gusanos mientras cavaban en las paredes de tierra, mientras mi mente barajaba todas las posibles opciones de lo que pudo ocurrirle a Leonard durante su estancia en Egipto.