Epílogo
Selena
Ibiza
Esa noche, el sueño fue diferente.
Como siempre, mamá estaba inconsciente, tendida junto al río, y yo le suplicaba que se despertara.
Pero esa noche, contra todo pronóstico, ella abrió los ojos.
―Sely… mi querida niña… mi Capuchita ―murmuró con una dulce sonrisa.
La observé boquiabierta, pellizcándome los brazos para recuperar la conciencia.
―No, espera ―dijo, deteniéndome―. No te vayas todavía. Por fin entendiste mi mensaje, y lo usaste para cumplir tu destino. Me alegro mucho.
― El veneno está en la medicina ―dije, comprendiendo de pronto.
Me había pasado quince años barajando las últimas palabras de mi madre en mi mente, incapaz de comprender por qué había dicho algo tan banal como «el vino está en la cocina» o «el verano está en la vitrina».
De pronto, todo cobraba sentido.
― Todas las sustancias son venenos, y no existe ninguna que no lo sea . Es la dosis la que diferencia un veneno de un remedio ―explicó, aunque ya no hacía falta.
―Paracelso ―añadí.
―Siempre, Capuchita. Ahí están todas las respuestas. Derrotaste tú sola al lobo malvado… estás ya hecha una mujer. Estoy tan orgullosa de ti…
Mamá se incorporó, me plantó un beso en la frente y después se esfumó.
Desperté de súbito, con los ojos llenos de lágrimas. No estaba en el bosque, sino tumbada a la orilla de la playa de San Antonio. Raoul me abrazaba, y una manta de cuadros nos protegía de la fría brisa de octubre.
―Te quedaste dormida ―me dijo con una sonrisa, señalando el cielo estrellado.
Recordé que habíamos bajado a la playa a esperar a que Teo apareciera por el Serenata.
Estaba tan agotada después de lo ocurrido en los Pirineos, y el posterior viaje de ida y vuelta a Sierra Nevada, que debí de quedarme dormida esperando.
―No te lo vas a creer ―le dije―. He soñado con mi madre, y esta vez el sueño era distinto…
No pude terminar de contárselo, porque justo entonces apareció Iris, retorciéndose las manos.
―Chicos, os estábamos esperando para empezar la reunión. ¿Venís?
Asentimos y la seguimos, sabiendo que a Teo no le iba a gustar lo que estábamos a punto de contarle.
―¡Por todas las criptas! ¿Qué parte de “recuperad el artefacto para mi cliente” no entendisteis? ―exclamó cuando le explicamos lo sucedido, dejando su vaso de whiskey sobre la barra con más fuerza de la necesaria.
No le había gustado nada enterarse del destino del Prisma de Ordesa, aunque yo estaba segura de que, en el fondo, era consciente de que mi reacción había sido justificada.
Quizás no la mejor o la más sensata, pero yo desde luego tenía mis motivos, y él sin duda los entendía, aunque no los compartiera.
El Prisma de Ordesa había sido el culpable de la muerte de mi familia, del padre de Raoul y de Freddy, aparte de muchas otras personas cuyos nombres ni siquiera conocíamos.
Era innegable que el planeta estaba mejor sin un objeto así.
―No lo entendéis. En buenas manos, un objeto mágico como ese podría cambiar el mundo ―dijo Teo.
―Eso mismo dijo Penélope. Y eso mismo pensaba Damir. Todos creían que sabrían usarlo, a diferencia de los demás, y mira cómo terminaron…
―Si tan solo pudiera pasar una vez al otro lado… Si pudiera comprender qué hay, qué es lo que habita en la Umbrícora…
―Nada te devolverá a Emmanuel ―dijo Iris, que acababa de llegar y se había sentado en un taburete a su lado. Le dio un suave beso en la mejilla y lo abrazó.
―Estamos de tu parte, Teo ―le aseguré, mientras Raoul me apretaba la mano por debajo de la mesa, dándome ánimos―, y trabajaremos juntos mano a mano, hasta borrar la Oscuridad de la faz del planeta.
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¡Gracias por leer la historia de Selena y Raoul!
Pasa la página y continúa leyendo MINA, ESPÍRITUS DE SOMbrAS , donde desvelarás el oscuro secreto de Mina, cuya familia sufre bajo una antigua maldición…