Las brujas de Ibiza: La saga completa (Libros 1–5) 41
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Selena

De pie y encerrada en el baño, miré a mi alrededor, tratando de encontrar cualquier cosa que me ayudara a salir de esa casa y llevarme a Mina conmigo.

El espacio era un rectángulo estrecho, con una ventana al final y paredes cubiertas de azulejos verdosos y medio rotos, con las juntas ennegrecidas.

Abrí el grifo para que Chamuel pensara que estaba ocupada, y mientras tanto rebusqué en el armario sobre el lavabo en busca de algunas tijeras o algún producto tóxico que pudiera usar para defenderme.

No había absolutamente nada, aparte de un vaso con cepillos de dientes mohosos y un tubo de pasta reseco. En otro estante me pareció ver una bolsa de plástico con bolas de algodón de desmaquillar, y un bote oxidado de espuma de afeitar.

Me rasqué la cabeza, buscando la manera de salir de esa encrucijada. Luego cerré el grifo, porque el agua había comenzado a salir muy caliente y los azulejos fríos estaban comenzando a empañarse.

Me senté sobre el inodoro tapado, y al hacerlo algo me punzó el muslo. Tanteé los bolsillos y encontré dentro los palitos de endrino que había recogido en el bosque un rato antes.

Una idea se encendió en mi mente, y saqué el vaso sucio que había encontrado en el armario sobre el lavabo. Dejé a un lado los cepillos de dientes y lo lavé.

Fuera se escucharon pasos apresurados y voces. Me pareció que Chamu se alejaba un poco de su puesto de guardia. Dejé mi plan para más tarde y me acerqué a la puerta de puntillas, a escuchar qué estaba ocurriendo fuera.

―¿Qué leches pasa ahora? ―gritó Chamuel.

―Nada, mi futura esposa, que ha venido a darme un besito ―rio Damir en respuesta.

Chamuel emitió un sonido entre un gruñido y un eructo.

―Más quisieras tú ―dijo acto seguido―. Tanaya te rajaría el cuello antes que acostarse contigo. Además, como te oiga Bruna se va a poner hecha una fiera… No creo que a tu mujer le guste esa idea. Y recuerda que mañana vuelve de casa de su madre.

―Los alfas podemos tener varias esposas.

―Pues el consejo de ancianos dijo lo contrario, hermano.

―¡Estupideces! ―gritó Damir―. ¿Qué sabrán esos pueblerinos sin voz ni voto? Cuando unamos las mitades del Prisma y sea todopoderoso, Tanaya Montblanc vendrá por su propio pie a suplicarme que la acepte como concubina. ―Soltó una risotada―. Y yo fingiré pensármelo.

―Léonide te habría matado solo por decir eso.

―Por eso lo maté yo antes, imbécil.

Sus voces se alejaron, y pegué la oreja a la hoja de la puerta, tratando de escuchar el resto de la conversación.

―¿Qué hago con Tanaya? ―preguntó Chamuel―.

¿La mando a casa yo? Porque, si sales tú, se pondrá todavía más borde.

Seguro que ha venido otra vez por lo de la electricidad.

El generador se ha vuelto a estropear, y he tenido que desconectar todas las casas menos la nuestra.

Pensé que no se daría cuenta, en mitad de la noche. Pero es lista, la condenada.

Hubo un silencio de duda antes de que Damir contestase, y se oyeron golpes en el piso de abajo.

―Sí, creo que será mejor que salgas tú. Dile que enseguida lo enchufamos, que habrán saltado los plomos.

Invéntate lo que quieras, pero que se largue cuanto antes.

No puede estar aquí merodeando con el lío que tenemos.

En quince minutos tendremos a su hermanito Raoul en la puerta, y no sería bueno que se cruzasen.

Podrían unirse contra nosotros, y ya sabes que esa zorra tiene muy mal genio.

―Y aun así la quieres de esposa.

―Para que me dé cachorros, idiota. El imbécil de mi padre me hizo casarme con Bruna, que encima de fea es estéril. Yo necesito una hembra fértil… esparcir mi semilla, ¡maldita sea! Tanaya es la mejor de la aldea. Solo hay que verla.

Chamuel emitió una risa que pareció un graznido, interrumpiendo las repugnantes fantasías de su hermano.

―Vale, tío. Salgo yo. ¿Vigilas tú a las mozas? No sé cuál es peor de las tres, ¿eh?

Los pasos se acercaron al baño, donde yo estaba, y alguien tocó a la puerta con brusquedad.

―¡Eh! ―gritó Damir, y yo cerré los ojos con fuerza, conteniendo la respiración. Por favor, que no se dé cuenta de que los estaba espiando ―. ¿Vas estreñida o qué? ¿Cuándo piensas salir, ricura?