Las brujas de Ibiza: La saga completa (Libros 1–5) 47
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Iris

San Antonio de Ibiza. Dos semanas más tarde.

Luminix, el gato del Serenata, brillaba con luz verdosa en la noche veraniega.

Lo observé alejarse entre los taburetes del local vacío, mientras Mina lo seguía, preocupada, tratando de lanzarle un hechizo de encubrimiento que ocultara su paranormal luminiscencia. Tras ella corrió Selena, como si quisiera decirle algo urgente.

Me llevé la mano al cuello y froté las escamas de la cadena de plata con nostalgia.

Escuché pasos que venían de la cocina, y Teo salió a través de la cortina de cuentas, vestido como siempre con una de esas camisas blancas de lino entalladas que tan bien le sentaban.

―¿Cómo te encuentras? ―preguntó, posando una mano helada sobre mi hombro.

Sonreí débilmente sin saber qué decir, mientras un tropel de recuerdos me invadía: recuerdos de varias noches antes, cuando habíamos esparcido las cenizas de Katie entre las olas del Mar Mediterráneo.

Mi teléfono vibró, y en la pantalla apareció un mensaje de Arianna, que acababa de regresar a Londres tras su fallido intento de aprender hechizos de desaparición en Nueva Zelanda.

Su mentora, Oonagh, había resultado ser una estafadora y una vendehúmos, tal y como había sospechado yo desde el primer día.

Sin embargo, la buena de mi amiga no le guardaba rencor, porque gracias a ese viaje había conocido a su nuevo amor, Manaaki.

El mensaje decía:

«Acabo de encontrar un piso fabuloso para los tres cerca del centro de la City.

Te paso el enlace para que veas las fotos, ¡menudas vistas!

Bueno, solo se ven desde la escalera de incendios, pero eso es lo de menos: lo vamos a pasar bomba juntos en nuestro nuevo hogar.

Manaaki llega el jueves, ¿y tú, cuándo? Me muero de ganas de verte. ¡Seremos como Los Tres Mosqueteros!»

Cerré la aplicación, recordando que Teo acababa de preguntarme cómo me encontraba y todavía no le había contestado.

―Lo superaré ―respondí, dejando el teléfono a un lado―. Todo se supera, más tarde o más temprano.

Teo se acercó y me abrazó muy fuerte, para después darme un cálido beso en los labios.

―¿Sabes…? ―musitó, comprobando que las otras chicas ya se habían marchado―. Yo también perdí a un hermano, como adivinaste hace tiempo.

―Lo sé. Emmanuel, ¿verdad?

Teo asintió.

―Emmanuel y yo estábamos muy unidos de niños, igual que Katie y tú. ―Se levantó de pronto, rebuscó por la barra y regresó tras un instante con una tetera, de la que me sirvió una humeante taza de té antes de continuar―. Bebe. Una taza de té ayuda con todo.

La apreté entre las manos e inspiré el suave aroma terroso que despedía, deseando que siguiera con su historia.

―¿A Emmanuel también le gustaba el té?

Enarcó las cejas y sonrió.

―Por supuesto. Sobre todo, durante nuestras sesiones de espiritismo. Ambas cosas eran pasatiempos muy populares en la Inglaterra Victoriana, ¿lo sabías?

Asentí.

―Algo he oído. ¿Fue así como Emmanuel…?

Golpeteó nervioso sobre la barra, removiendo el té con una cuchara.

―Podría decirse ―musitó―. Nos gustaba investigar fenómenos paranormales… lo hacíamos por diversión, solo por la emoción de la búsqueda. Por aquel entonces, ni siquiera creíamos demasiado en que fuera real. No comprendíamos la magnitud de las consecuencias.

Sacudió la cabeza y dejó su taza a un lado, exhalando con pesadez.

―Una noche nos adentramos en un cementerio antiguo. Se decía que en ciertas tumbas podían encontrarse reliquias embrujadas… portales a La Umbrícora.

―¿Portales?

―Objetos embrujados, fisuras entre planos para acceder a la Oscuridad Primal; la fuente de todo lo malvado y perverso de este mundo… Ahora, cuando miro atrás, me horrorizo al pensar que todo esto nos pareciese tan divertido por aquel entonces.

―¿Y encontrasteis algo? ―pregunté, conteniendo la respiración.

Teo no respondió de inmediato; se había quedado mirando hacia la playa. A lo lejos, Mina había atrapado a Luminix y lo reprendía junto a la orilla. Selena se había sentado, no muy lejos de ellos, y tiraba piedras al agua, mientras esperaban a que Raoul pasara a buscarlas con la furgoneta.

―Encontramos algo, sí… ―respondió Teo, suspirando―.

Pero no lo que pensábamos. Era algo mucho más oscuro y poderoso de lo que habíamos imaginado.

La Oscuridad se llevó a mi hermano, mientras que a mí me dejó entre la vida y la muerte.

―Me miró fijamente, con el rostro turbado―.

Solo sé que al despertar me invadió una fuerte sed de sangre…

y desde entonces soy lo que ves. No sé quién me transformó en esto, o si soy simplemente un hijo de La Oscuridad profunda.

―No es así como se crean los vampiros, que yo sepa ―apunté, sacudiendo la cabeza.

Sentí una sacudida, como si una visión espectral se acercase, pero la ignoré: la historia de Teo era demasiado interesante para interrumpirle en ese momento.

―¿Y cómo estás tan segura? ¿Acaso sabes con certeza dónde se originó el primero de nuestra estirpe?

Me encogí en mi fina chaqueta, sintiendo un súbito frío por la espalda.

―No, pero…

―En cualquier caso, no importa. Quienquiera que fuese, o lo que quiera que fuese, me convirtió en la criatura que ahora soy.

Y, desde entonces, mi único objetivo es vengar la memoria de Emmanuel, y luchar contra La Umbrícora en todas sus formas.

Y, ¿quién sabe? Quizás, volver a encontrarlo, si es posible.

―Por eso fundaste la agencia.

―Correcto. Y por eso mismo no me importaría perderlo todo luchando, si es necesario. Debería estar muerto, de todos modos. Lo mismo da si aprovecho esta segunda oportunidad para vengar la memoria de mi hermano, y evitar que haya otros que corran su suerte.

Lo observé, absorta en su relato. Aquel hombre era imponente en su belleza y fuerza sobrenaturales, propias solo de los inmortales. Sin embargo, ni la belleza ni la inmortalidad le habían evitado el sufrimiento propio del más humilde de los humanos.

Me dije para mis adentros que lo entendía más de lo que él pensaba, porque esa misma oscuridad se había llevado a mi única hermana.

Había rezado; había gritado; había dado puñetazos contra las paredes hasta que me sangraron los nudillos, pero nada de eso me devolvió a Katie.

Al final, le pedí a Selena que me ayudase con un ritual curativo, en un intento de guiar el alma de Katie hacia la luz, para que no terminase igual que la desdichada Margalida Tur.

Sin embargo, no había conseguido conectar con ella en todo ese tiempo, y no sabíamos qué había sido de ella.

―Entonces… ¿regresas a Londres con tu amiga y su nuevo novio? ―me preguntó Teo, sacándome de mis pensamientos.

―Bueno… sin la inversión de los Grimmbauer tendrás que cerrar de todos modos, ¿no? A algún sitio tendré que ir.

Los dos vampiros alemanes habían desaparecido en el incendio del Velero de los Condenados, sin dejar rastro. No los echaría de menos, pero lamentaba que Teo no pudiera continuar con su negocio y su misión por falta de fondos.

―De eso quería hablarte. Tras el funeral de Katie hablé con tu padrastro, Clarence Auberon… un tipo con clase, por cierto.

Sonreí con tristeza, recordando la consternación y el horror de mi madre y mi padrastro al enterarse del destino de mi hermana.

No podían creer que su niña, la pequeña Katie, hubiera hecho un pacto de sangre con La Oscuridad para servir a los deseos de un tirano al que pensaba que amaba.

Les costaba comprender por qué una mujer brillante como mi hermana había arruinado su vida por complacer a alguien que ni siquiera la quería de verdad.

Katie, como tantas otras mujeres, había sido víctima del amor ciego, y de seguir al faro equivocado. Y su fe en él la había llevado a estrellarse por sus cantos de sirena, en lugar de llegar al puerto seguro con el que ella soñaba.

Su pérdida nos había dejado a todos desconsolados, pero al menos había sellado la puerta entreabierta de la incertidumbre.

Al fin teníamos respuestas; no eran las que anhelábamos, pero era un cierre.

Además, mi madre al fin había salido de su cueva y había regresado a Londres con Clarence, donde él la estaba ayudando a superar el mal trago con todo su amor y cariño.

―Tu padrastro y su clan se han ofrecido a financiar la agencia durante un tiempo. Quieren crear una especie de fundación en nombre de tu hermana.

Tragué saliva, sintiendo que se me iban a escapar las lágrimas de nuevo.

La Fundación Katherine Andersson.

Sonaba bien.

El suave ronroneo de un motor se acercó al Serenata, y se apagó de golpe al llegar frente a la puerta.

Raoul aparcó la furgoneta cerca del bar y bajó del vehículo negro.

Llegaba a la hora acordada para llevar a Mina y Selena de vuelta a casa.

Nos echó una mirada desde el arco de entrada cubierto de palmas, con las luces ahora apagadas.

Debió de intuir que nuestra conversación era privada, porque dio un gigantesco rodeo alrededor de la terraza para acercarse a Selena sin pasar por nuestro lado.

Raoul caminó hacia Selena, que seguía contemplando las olas con aire soñador, y le dio un golpecito en el hombro.

Ella se giró y le sonrió. Raoul le devolvió la sonrisa, embobado, y le tendió la mano para ayudarla a levantarse.

Luego caminaron pausadamente por la orilla, hacia el rompeolas donde Mina se había sentado con el gato en brazos.

―¿Te has fijado en esos dos? ―comenté, cogiendo de nuevo mi taza de té entre las manos. Comprobé que tenía un número par de flores en cada lado, lo cual interpreté como una buena señal―. Yo creo que se gustan…

Teo resopló, señalando vagamente en dirección a la luna, que estaba en cuarto creciente.

―Una bruja y un licántropo… y más aún con historias como las de ellos… ―Sacudió la cabeza―. Lo dudo mucho, la verdad.

―Cosas más raras se han visto ―respondí con una sonrisa traviesa.

Por ejemplo, una bruja cuya hermana desapareció en manos de un vampiro malvado, y que sin embargo se enamoró de otro…

―El tiempo lo dirá ―comentó Teo, sacándome de mis pensamientos―. Me acaban de avisar de un descubrimiento importante en los Pirineos, que podría ayudarme a resolver lo de Emmanuel. Voy a mandarlos juntos allí, y tengo curiosidad por ver qué surge de todo esto…

Mientras Teo hablaba, el gato Luminix saltó del abrazo de Mina al ver a Raoul: sentía el olor a lobo, y su presencia lo atemorizaba.

El gato cruzó frente a los pies de Selena, haciéndola tropezar.

Esta cayó directamente en brazos de Raoul, que la sujetó con destreza, sorprendido y contento a la vez. Sonreí.

―¿Entonces… vuelves a Londres o no? ―preguntó Teo de nuevo, observando el desarrollo de la escena en la playa con creciente interés.

Suspiré, apartando la vista de Raoul y Selena.

―No lo sé. Tengo que dar mi parte de la fianza del apartamento esta semana. ―Lo miré, sintiendo la electricidad de su cercanía como un imán―. ¿Piensas que debería quedarme?

―En el Serenata nos serías de gran ayuda en la lucha contra La Oscuridad, y…

―¿Y…? ―repetí, cada vez más cerca de su rostro.

―Y…

Dudó, removiéndose en el asiento.

―Sabes… ―balbuceé, retorciéndome las manos―. Por una parte, me gusta el Serenata, pero por otra, no estoy segura de que mi sitio esté aquí…

―Sabes que la agencia no es el único motivo.

Enarqué las cejas, pero antes de que pudiera decir nada me besó con pasión, entre la brisa y el rumor de las olas. Permanecimos allí, abrazados, hasta que nos interrumpió el carraspeo de Raoul a nuestras espaldas.

―Perdón… ¿La señorita Iris necesita transporte hasta su hotel, o…?

―Gracias, Raoul. ―Le sonreí―. Esta noche me quedo con Teo. Me llevará él.

―Por supuesto.

El presente se disolvió de golpe, y la visión que llevaba un rato intuyendo sacudió mi cuerpo entero como un relámpago.

La voz de mi hermana se coló en mi mente, por primera vez desde su partida:

«Iris… estoy bien… no te preocupes más por mí. Volveremos a reunirnos un día, cuando llegue el momento. Te quiero, hermanita. Gracias por todo lo que hiciste por mí.»

Se me saltaron las lágrimas al escucharla.

Traté de responder, pero ya se había marchado.

Permanecí así hasta que Teo movió la mano delante de mi cara, sacándome de mi ensimismamiento.

―¿Otra visión? ―dijo, preocupado―. ¿De las buenas o de las espeluznantes?

Agité la cabeza, todavía en shock.

―Nada… luego te lo explico.

―Sabes que puedes compartir conmigo también las cosas malas, ¿verdad? Sobre todo, esas. Para eso estoy. Para superarlas juntos. ―Extendió los brazos alrededor de mi espalda, y aspiré su reconfortante aroma―. Tú y yo, unidos contra La Oscuridad… hoy y siempre.

Le sonreí, agradecida, mientras escuchaba a Raoul encender el motor del coche y llevarse a Mina y Selena a sus casas.

Miré las estrellas, esos puntos de luz que habían guiado a la humanidad desde tiempos inmemoriales.

Me sentí iluminada, por fuera y por dentro.

Después nos abandonamos a un beso lento y pausado bajo la noche ibicenca, y sentí que habíamos renacido más fuertes tras la tormenta y la adversidad compartida.

La Oscuridad seguiría cobrándose víctimas inocentes, igual que nos había arrebatado a Emmanuel y a Katie.

El mundo no era perfecto, y a veces las respuestas a las plegarias no eran exactamente lo que anhelábamos.

Pero, al menos, ya no tendríamos que enfrentarnos solos a esa Oscuridad, pues ambos habíamos encontrado, finalmente, un alma gemela y un aliado en la lucha de la vida.

∽

¡Gracias por leer la historia de Iris y Teo!

A continuación, puedes leer SELENA, LUNA DE LOBOS , donde descubrirás lo que ocurre cuando Selena y Raoul se ven obligados a compartir misión en los Pirineos, en una búsqueda desesperada que se remonta al pasado más oscuro de Teo y Emmanuel.