19
Iris
Abrí los ojos y solo vi un manto de estrellas. Me faltaba el aliento, como si acabara de despertar de una pesadilla, y sentía el cuerpo dolorido.
Me hallaba recostada sobre una manta gris en la hierba, con la espalda sobre algo sólido… o, mejor dicho, alguien . Unos brazos, que solo podían ser los de Teo, me rodeaban, robustos y protectores. Los recuerdos regresaron de golpe, unidos a un dolor fuerte y punzante en el hombro.
Teo y Naomi me habían salvado. Concretamente, si no hubiera sido por aquel vampiro engreído, que se lanzó sobre mí en el último momento para amortiguar el golpe de la piedra de molino, en ese momento estaría muerta, con la cabeza aplastada bajo un pedazo de roca de media tonelada y jugando al parchís con Margalida Tur por el resto de la eternidad.
Lo quisiera o no, ahora le debía mi vida a aquel chupasangre presuntuoso, que encima era mi jefe. Y que, por cierto, tenía un regazo muy cómodo y olía a gloria, me dije mientras trataba de incorporarme entre sus brazos y miraba a mi alrededor, aturdida.
Estábamos en el jardín exterior del hotel.
Vi a las otras chicas desperdigadas por la hierba; en su mayoría sudorosas, jadeando y con sus fuerzas mágicas claramente agotadas.
La única que no jadeaba era Oksana, pero a cambio tenía una expresión incluso más amargada de lo común, si eso era posible.
Mina acariciaba a Luminix, que ronroneaba suavemente en su regazo.
Selena estaba arrodillada junto a Naomi, con los brazos extendidos sobre su torso y los ojos cerrados.
Naomi, por su parte, estaba tumbada sobre la hierba con los brazos y las piernas extendidos, y jugueteaba débilmente con las briznas de césped que se enredaban entre sus dedos.
A juzgar por sus murmullos incoherentes y el hilillo de saliva que le caía por la mejilla mientras sonreía con los ojos cerrados, había caído en un extraño delirio.
Traté de moverme, pero el fuerte abrazo de Teo no me lo permitió. En vez de soltarme, aflojó su tenaza lo justo para poder agachar la cabeza y girarse hacia mí.
Sus ojos delataban preocupación extrema, y su rostro había adquirido un tono ceniciento, más aún de lo normal. Sus labios temblaban, y estaban tan cerca de los míos que me estremecí involuntariamente.
Me pasó la mano por la mejilla y al levantarla pude ver que estaba cubierta de sangre; era difícil saber si era mía o suya.
Alzó un dedo y la lamió lentamente, todavía a meros centímetros de mi rostro.
Al hacerlo, sus colmillos brillaron un instante bajo la luz de la luna, manchándose de rojo.
La imagen era sensual y espeluznante a partes iguales.
—Necesito levantarme —dije poco convencida, mientras me retorcía para que me soltase.
Teo me ignoró por completo, y volvió a envolverme con ambos brazos.
—¿Te das cuenta de que ese fantasma ha estado a punto de matarte? —dijo con voz temblorosa, y luego añadió, un poco forzado—: ¿De matarnos a los dos?
Guardé silencio. Tenía mis motivos, pero era difícil de explicar, y…
—¿A quién se le ocurre ponerse a encender velitas frente a un poltergeist de ese calibre?
—continuó, cada vez más furioso, pero sin dejar de abrazarme—.
¡Esto no es la tienda de estampitas donde trabajabas antes!
Esto es el mundo real. Aquí no hay tiempo para rituales absurdos. O actúas rápido, o te liquidan.
Asentí, sin decir nada todavía.
Necesitaba un momento para ordenar mis pensamientos.
Durante nuestra breve misión en el hotel habían ocurrido varias cosas increíbles.
En primer lugar, había estado a punto de comunicarme de manera bidireccional con Margalida, cosa que jamás me había ocurrido antes.
El espectro me había hablado, y quise responderle.
Sentí que podía hacerlo. Pero también sentí que necesitaba apoyarme en mi ritual de rigor para conectar debidamente con ella; eso conllevaba una serie de pasos organizados, entre ellos mis velas, mi invocación y las tres respiraciones profundas y calmadas.
Pero claro, con un vampiro metiéndome prisa y una difunta lanzándome objetos pesados a la cabeza, aquello se complicaba un poco.
Y, por último, y lo más sorprendente de todo, Margalida había pronunciado un nombre, que resonó alto y claro en mi cabeza.
Sus palabras me dejaron completamente aturdida e incapaz de llevar a cabo los pasos necesarios para contestarle; casi tanto como las que murmuró Teo con voz solemne en ese momento, mientras yo estaba sumida en mis recuerdos:
—Pensé que esa roca te había alcanzado, Iris. ¿Te das cuenta de lo que podría haber ocurrido? No vuelvas a hacerme esto… Soy responsable de proteger lo que es mío, pero esta noche me lo has puesto muy difícil…
Mis ojos debieron de alcanzar un diámetro planetario al oír aquello.
—¿Perdón? —casi grité, incrédula—. ¿Responsable de lo que es tuyo?
Sacudió la cabeza, aflojando los brazos por fin.
— De la agencia , quiero decir —contestó atropelladamente, apartándose un poco de mí—. Mi responsabilidad es proteger los activos de la agencia , como comprenderás. Salvaguardar mis inversiones. O sea, yo…
—¿Qué tal vais por aquí?
Por suerte, Selena apareció e interrumpió su diatriba, que se estaba volviendo cada vez más psicodélica.
Había terminado su sesión curativa con Naomi y estaba frente a nosotros, cargando un botiquín de emergencia.
Teo levantó la mirada y apartó por completo los brazos de mi pecho; habría jurado que con reticencia.
—Échale un vistazo a Iris —le dijo Teo a Selena, poniéndose en pie y sacudiéndose la hierba de los pantalones—. La golpeó un trozo de piedra… aquí.
Sus dedos helados me rozaron el hombro, y yo di un respingo.
—Estoy bien —dije, frotándome la parte superior del brazo. Estaba hinchado y manchado de sangre, pero podía moverlo perfectamente.
Selena se agachó a mi lado, frunciendo el ceño.
—Tienes una herida bastante profunda. ¿Me dejas que te la cure?
Negué con la cabeza.
—No hace falta. Es solo un rasguño. Me basta con un trozo de esparadrapo y un poco de desinfectante. —Después me giré hacia Naomi, que seguía hablando sola, con la mirada perdida—. ¿Qué tal está ella? ¿Qué le ha pasado?
Selena me miró con una sonrisa sorprendida.
—Es normal que esté un poco confusa hasta que se recupere del esfuerzo. ¿Viste lo que hizo? ¡Menudo viaje le metió al fantasma! Yo creo que la ha devuelto al lugar de donde vino. Fue increíble. Nunca la había visto lanzar un ataque así.
Enarqué las cejas.
—¿Quieres decir que mató a una muerta ? Eso es imposible, ¿no?
—¡Pues claro que es posible! —replicó Selena—. Lo hemos hecho decenas de veces. Ahora estará en el Más Allá, maldiciendo el día en que salió a recibirnos. —Luego se giró hacia Teo—. Si te parece bien, podemos volver a entrar tú y yo y asegurarnos de que está todo en orden.
Teo asintió y se puso en pie.
—¿Seguro que estás bien? —me preguntó, frunciendo el labio.
—Perfectamente.
Me miró un instante, y una mueca de dolor cruzó fugazmente su rostro.
—De acuerdo. —Luego se giró hacia Selena—. Está bien, dile a Mina que venga también con nosotros. Que Oksana se quede aquí fuera y cuide de las dos lesionadas.
Los tres desaparecieron en el interior del hotel, que había quedado repentinamente silencioso. A lo lejos, cerca de la piscina, avisté a Raoul hablando con un hombre uniformado; probablemente el guardia de seguridad del hotel.
Teo y las otras dos chicas no tardaron en regresar. Los tres lucían una expresión de alivio, y Teo anunció:
—Queridas damas, la misión ha sido un éxito. —Me lanzó una mirada, y no supe si era de admiración o de reproche—. Creo que esto se merece una celebración. —Comenzó a aplaudir lentamente, y el resto del grupo se le sumó—. ¡Por Naomi!
—¡Por Naomi! —corearon todas.
—Y por el equipo completo del Serenata —dijo Teo, palmeándonos la espalda una a una—. Gran trabajo, señoritas.
Teo llamó por teléfono a la dueña del hotel para avisarle de que el poltergeist había sido neutralizado satisfactoriamente.
Después subimos de nuevo a la furgoneta del Hotel Rincón del Mar y regresamos al puerto de Formentera.
Faltaban aún varias horas para el amanecer, pero entre la adrenalina de la misión y la cantidad de café que llevábamos en el cuerpo se me había pasado el sueño por completo; al parecer, no era la única.
—¿Fiesta en el yate? —propuso Naomi al llegar al puerto. Se le había pasado el desvarío durante el trayecto en coche, y había recuperado su actitud jovial de siempre.
Las demás asintieron de buen humor, y Teo nos fue dando la mano con caballerosidad mientras íbamos subiendo a la embarcación.
—Por supuesto, mis queridas damas, la ocasión lo merece. Esta noche invita la casa.
Cuando agarró mi mano para ayudarme a subir, me pareció que tardaba un segundo de más en soltarla.
Las otras chicas fueron directas al salón, pero yo me excusé y me encerré en el baño, alegando que tenía que limpiarme la herida del brazo.
En vez de eso, saqué el teléfono del bolsillo y me puse a leer una novela al azar, desesperada por un poco de paz y soledad después de tanta agitación.
Cuando me sentí un poco más calmada, me desnudé, abrí el grifo y me quedé bajo el chorro de agua caliente, tratando de procesar los eventos de la noche.
Las voces de mis compañeros se difuminaron bajo el sonido del agua, que chapoteaba sobre el lujoso plato de ducha del yate de Teo.
Sin embargo, al fondo pude escuchar otra, más lejana y profunda: era la voz de Margalida Tur, y repetía con rabia un nombre; el nombre del vampiro que me había arrebatado a mi hermana, cinco años atrás.