Las brujas de Ibiza: La saga completa (Libros 1–5) 9
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Iris

Quería creer en Teo, y en su maldita oferta de trabajo.

Quería pensar que había sido una buena idea volver a Ibiza, reabrir heridas pasadas, y empezar una nueva vida precisamente allí, con personas nuevas, tras el fracaso de la librería de Arianna.

De verdad que quería.

Pero en las pocas horas que llevaba en el Serenata Nocturna, Oksana me había tratado peor que a los trozos de comida que embozaban el filtro del fregadero, Naomi me había ignorado y Selena estaba demasiado ocupada para hablar conmigo.

Me limpié la cara con una servilleta, después de vomitar en un rincón detrás del almacén.

Mi fútil intento de demostrar que no era ninguna princesa y podía limpiar sin problemas la letrina de caballeros del Serenata había sido un fracaso rotundo.

Tomé una inspiración profunda, dejando que la fresca brisa marina limpiase mis pulmones.

Obviamente, era una maldita princesa. En los años pasados en la catacumba con los vampiros, jamás había tenido que mover un dedo, ni llevar a cabo tareas de limpieza.

Incluso en Londres, mi casera incluía la limpieza en el precio del alquiler.

Sí. Era cierto. Era una puñetera princesa, pero tampoco necesitaba codearme con gente que me lo restregase por las narices o me menospreciase por ello.

Selena se me acercó sigilosamente, sin que Oksana y Naomi la vieran.

—¿Estás bien? —me preguntó preocupada—. Tienes mala cara.

—Sí, sí, tranquila. Me habrá sentado mal la cena.

—Ya… bueno… mira, tengo algo para ti. Te será útil.

Oteó a un lado y a otro, cautelosa, y me metió algo en el bolsillo del delantal a escondidas.

—¿Qué es esto? —pregunté, sacando un trozo de papel doblado del bolsillo—. ¿Una lista de recetas?

—Es mi grimorio secreto —me dijo guiñando el ojo—. Incluye instrucciones para los setenta y ocho Cócteles del Tarot. ¡No lo pierdas! Me costó semanas compilarlo. Tuve que sonsacarle cada receta a Oksana, y ya sabes lo poco que le gusta perder el tiempo…

La miré y traté de sonreír, mientras la imaginaba corriendo detrás de la rusa con un bolígrafo.

No me interesaban esas recetas, ni mucho menos pasarme la vida mezclando licores para una panda de sobrenaturales borrachos.

Pero tampoco era preciso ensañarme con la única persona que estaba dispuesta a ayudarme, así que le di las gracias.

—Seguro que me será muy útil, Selena. Voy a salir cinco minutos a dar una vuelta por la playa, que necesito tomar el aire —le dije, tratando de remeter los mechones que se habían escapado de mi coleta mientras vomitaba a escondidas tras limpiar los baños—. ¿Vienes?

Ella sacudió la cabeza.

—No, imposible. A esta hora empieza a llegar la gente. Pero ve tú… te hace falta, estás muy pálida. Es normal, son muchas cosas de golpe.

Asentí y bajé de un salto de la plataforma de tablas de madera que delimitaba la terraza del bar. Luego comencé a caminar sin rumbo por la arena, tratando de decidir qué hacer.

¿Debía quedarme unos días más? ¿Presentarme en el Azure Oasis e insistir hasta que me recibieran en persona?

¿O habría sido mejor recoger mis cosas y regresar a Londres esa misma noche?

Cerré los ojos e inventé un ritual improvisado para aclarar mi mente.

Cuatro pasos hacia adelante, uno hacia atrás.

Cuatro, uno. Cuatro, uno.

Cuatro… estabilidad.

Cuatro menos uno, tres.

Tres… éxito.

Me detuve, sintiendo que comenzaba a funcionar.

Lo vi claro al instante: ¿En qué había estado pensando al cambiar mi vida en Londres por…

aquello ? El trabajo con Arianna era rutinario y las clientas no pagaban mucho, pero al menos me había permitido usar mis dones.

¿Qué puñetas iba a hacer yo en un bar, aparte de adivinar qué querían los clientes antes de que pidieran?

Me acerqué al mar lentamente, concentrada en el arrullo de las olas mientras besaban la orilla y rompían los reflejos deshilachados del decadente sol vespertino. Siendo mayo, todavía no había muchos bañistas, y la playa de San Antonio parecía el mismísimo paraíso.

Cuatro pasos. Uno.

Lo había decidido: tenía que hablar con el jefe inmediatamente y exigirle explicaciones.

Saqué el teléfono y encontré un mensaje de Arianna, ¿la habría convocado con el pensamiento? Calculé la hora en Wellington; allí debía de ser ya por la mañana.

«¡Good morning! Iris, ¿qué tal por Ibiza?

¿Has conocido a algún chico interesante?

Por aquí todo bien, aunque de momento lo único que hemos hecho desaparecer son mis ahorros, entre el billete y el alojamiento.

Espero recuperarlo todo pronto, en cuanto despeguen los cursos de invisibilidad de Oonagh.

Tenemos programado un evento este fin de semana, y te aseguro que va a ser la bomba.

Mientras tanto cuídate, darling , y envíame muchas fotos. Kisses, kisses, kisses.”

Suspiré, recordando con añoranza la enorme tetera cubierta con una funda de ganchillo que Arianna siempre me preparaba cuando llegaba por las tardes a El Portal Místico .

Nos sentábamos juntas, hablábamos de nuestras cosas…

había sido mi única amiga de verdad en Londres.

Ahora en Ibiza la echaba muchísimo de menos, pero la diferencia horaria hacía difícil la comunicación directa.

Antes de responder busqué el número de Teo. Tenía que ponerme firme y decirle cuatro cosas bien dichas. No iba a tenerme detrás de una barra de manera indefinida y sin darme más datos sobre esos casos paranormales que me habían llevado hasta allí.

D’Alessandro contestó de inmediato, y por su tono debí de haberlo interrumpido en medio de algo importante.

—¿Quién se ha caído en el caldero esta vez?

—me dijo a modo de saludo. Casi pude verlo poner los ojos en blanco.

Aquellos ojos de color marrón verdoso, que a veces centellaban con destellos verdes, luminosos como estrellas—.

No me digas que dejas el trabajo, porque tengo a Mina enferma y unos clientes VIP a punto de llegar a Ibiza…

— Señor Theodore d’Alessandro —dije, esforzándome por usar un tono formal—, no anda usted desencaminado…

Aunque no llamo por eso todavía , me gustaría saber para qué clase de empleo he sido contratada exactamente.

Aunque estoy empezando a imaginármelo, viendo este trozo minúsculo de tela elástica que ustedes apodan camiseta y que, supuestamente, es un requisito primordial para el puesto.

Se oyó un suspiro impaciente al otro lado, y un golpeteo rítmico, como si caminase con prisas mientras hablaba.

—Creo recordar que fuiste contratada por la agencia Serenata Nocturna, tal y como convenimos el viernes —dijo con paciencia forzada—. ¿Oksana no te entregó el contrato?

—Eh, bueno, sí, pero…

—Querida, comprenderás que este, como cualquier puesto, incluye tareas diversas. Tratamos con fantasmas de todo tipo, en ocasiones también demonios y, como buena bruja, se espera de ti que también mezcles pociones… de todo tipo.

—Eso no son pociones, eso son…

—Iris, son solo cosas normales de brujas, si fueras una hechicera de verdad las habrías hecho ya mil veces —dijo, disparando directo al corazón—.  Ni siquiera pensé que fuera digno de mención.

—Creo que limpiar vómito de los inodoros era bastante digno de mención —le espeté con tono desafiante.

—¿Vómito? —Casi me pareció escucharlo reír en voz baja al otro lado—. ¿Estás segura de que no era ectoplasma?

Di una patada a una piedra agujereada y solté un juramento.

—Basta ya, Teo. Solo quiero saber si voy a participar en alguna misión paranormal de verdad o lo único que se espera de mí es que haga de camarera. Necesito saberlo antes de firmar ese contrato.

Teo guardó silencio, como sopesando varias opciones, y cuando volvió a hablar sonó muy serio.

—Habrá misiones sobrenaturales, por supuesto —respondió secamente.

—¿Como, por ejemplo…?

—De momento, esperamos a dos vampiros extremadamente importantes pasado mañana. Y más nos vale tratarlos bien, porque hay mucho en juego.

—¿Me estás diciendo que mi misión consistirá en servir bebidas a vampiros?

—¿Tienes algo contra los inmortales?

Sopesé su pregunta un instante.

—Digamos que prefiero mantenerme alejada de ellos. No me dan… confianza.

—Pues entonces no sé si las Baleares son el mejor lugar para ti —replicó, claramente ofendido por mi comentario—.

Estas islas están plagadas de chupasangres…

Pero tendría que habérmelo imaginado… una niña de buena cuna, existencia privilegiada, creciendo envuelta en todo tipo de lujos…

fuiste una niña de papá, ¿verdad? ¿Habías visto alguna vez un vampiro de verdad?

—Rio en voz alta—. Dudo que hayas empuñado una escoba alguna vez en tu vida…

para volar seguro que no, y para barrer… aún menos.

Será imbécil , pensé.

Aunque, en parte, tenía razón.

—Tengo mis motivos —repliqué, sin poder evitar pensar en Héctor. Y luego, aunque no era asunto suyo, añadí—: Y no, no eres el primer vampiro que veo, ni por asomo. Crecí entre no-muertos. Y mis clientas siempre vuelven, así que alguna capacidad debo de tener.

Al escucharme se quedó sin palabras por un momento, lo cual sirvió para recordarme que nos habíamos desviado del tema de conversación principal. Al parecer, mi nuevo jefe tenía un talento particular para sacarme de mis casillas.

Respiré hondo y cerré los ojos.

—Me contrataste para cazar fantasmas, pero el único fantasma que veo aquí eres tú… y después de lo que acabas de decirme, me están entrando ganas de volver a Londres inmediatamente.

—Como desees, querida —respondió, recuperando rápidamente la compostura—.

No serás la primera ni la última que tira la toalla a los dos días.

Este trabajo no es para todo el mundo, y además me cuentan mis contactos que realmente no viniste aquí con intención de trabajar…

Era una excusa para conseguir un viaje gratis y dedicarte a tus asuntos privados, ¿no es cierto?

Y ahora que has terminado lo que sea que viniste a hacer, estás deseosa de poner pies en polvorosa…