8
Iris
San Antonio, Ibiza. Lunes.
Cuando me presenté el lunes en el Serenata Nocturna estaba roja como un tomate de tanto tomar el sol, y me habían salido más pecas que a Pippi Langstrumpf en pleno apogeo de su carrera pirata.
Serían las cinco de la tarde, y encontré a dos desconocidas tras la barra.
Ninguna era Mina, aunque por suerte tampoco Oksana.
Ambas camareras parecían más o menos de mi edad, aunque a diferencia de mí, parecían modelos de revista: una de formas generosas y aspecto delicado, con cabellos negros y acento español; la otra de tez más oscura, cintura de infarto y ojos felinos e inquisidores.
Solo con verlas supe que eran brujas. Se les notaba a la legua, ya solo por el aura que desprendían.
—Así que tú eres la nueva —dijo una de ellas, tendiéndome la mano para presentarse—. Yo soy Naomi, la encargada.
Observé su pelo perfectamente planchado, y el lápiz de ojos azul metalizado que iluminaba sus párpados oscuros, dándole un aspecto de otro planeta.
—Pensaba que la encargada era Oksana —comenté, y aquello no pareció sentarle bien del todo a Naomi—. El viernes estuve aquí, y había quedado con Mina para que me explicara los detalles del trabajo en la agencia. Al menos, así lo acordé con Teo…
—Mina hoy no vendrá —me informó Naomi, sacando un delantal minúsculo de debajo de la barra y atándoselo tras la espalda—.
Se ha puesto enferma. Pero no te preocupes, Selena y yo te lo explicaremos todo.
Para empezar, puedes cambiarte de ropa. Teo te ha dejado un par de cosas ahí.
Considéralo tu uniforme mientras no tengas nada más adecuado.
Puedes cambiarte en el baño. —Señaló el almacén, cuya puerta estaba abierta, y después los pequeños cubículos de madera al otro lado de la terraza—. Cuando te vistas empezamos.
Entré donde me había indicado y solo encontré dos pequeñas prendas de lycra blanca dobladas sobre un taburete.
Las levanté, dudando si aquello era la ropa interior o de verdad querían que me pusiera eso.
Comprobé si había algo más debajo, pero no.
Desconcertada, me encaminé al baño, sintiendo las miradas de ambas chicas sobre mi espalda.
Allí me quité los vaqueros y la camiseta, y estudié con incredulidad la ropa que me habían entregado.
Aquel era el top más pequeño que había visto en mi vida: se parecía más a un bikini con boxers que a un uniforme de cazafantasmas.
Me había esperado un mono de protección con cremalleras y bolsillos, no el conjunto de playa de la Barbie Malibú.
Me lo puse por no discutir, aunque ni siquiera sabía cómo anudar todas las tiras que sobresalían de las prendas. Busqué por todas partes un folleto de instrucciones, pero no llevaban ninguno. Salí del baño bastante molesta, decidida a enviarle un mensaje a Teo con todas mis quejas.
—Te queda genial. Es tu talla —dijo la otra chica, que no había hablado hasta entonces.
Ella llevaba un top muy parecido, aunque el suyo cubría un poco más, y se había recogido un par de mechones de pelo sobre la coronilla con un pasador en forma de estrella—.
Por cierto, yo soy Selena. Si tienes algún problema con el idioma local puedo ayudarte.
O con demonios del inframundo. —Se rio, de modo que no supe si lo decía en serio— Además, me sé de memoria las recetas de los setenta y ocho cócteles de la carta.
—Uno por cada carta del Tarot —añadió Naomi con una sonrisilla petulante.
—Eh… vale, gracias, lo tendré en cuenta. Pero decidme… ¿dónde exactamente están las oficinas de la agencia? Nadie me ha dicho nada. ¿Qué tipo de misiones lleváis a cabo?
Las dos chicas se miraron con una expresión entre asombrada y divertida.
—Selena —dijo Naomi, mirando a su compañera de reojo con una sonrisa cínica—, ¿se lo dices tú o se lo digo yo?
La otra chica me miró con una sonrisa que se pareció demasiado a una disculpa.
—Verás… a lo mejor Teo no ha sido totalmente claro contigo. —Suspiró—. Se lo suele hacer a todas. Se le da bien el márketing…
—¿Qué quieres decir? —exclamé, cruzándome de brazos y cada vez más mosqueada. Al hacerlo me quedó la mitad del sujetador al descubierto, lo cual me quitó bastante autoridad. Selena se dio cuenta y se acercó a mí.
—Lo llevas mal abrochado. Ven, yo te ayudo. Las primeras veces no es tan fácil, ¿verdad?
—¿Primeras veces? —grité—. No sé qué clase de agencia paranormal es esta, pero no pienso volver a ponerme esta cosa nunca más. ¡Esto es ridículo!
Selena me reajustó las tiras de la espalda mientras murmuraba algo que no conseguí entender.
—Mira, preciosa —me dijo Naomi mientras secaba copas con un paño a la velocidad de la luz—.
Lo que tú hayas acordado con Teo es cosa tuya, yo solo hago mi trabajo.
Y a mí me han dicho que mi trabajo es explicarte lo que hacemos aquí.
Punto número uno, nos ponemos la ropa que le sale de las narices al jefe, porque es el que nos paga.
Punto número dos, el trabajo de camarera requiere resiliencia y dedicación, y…
—¿Qué? —aullé levantando los brazos—. ¡Yo no soy camarera! El anuncio decía médium. ¡ Medium !
—Sí, bueno, es más o menos lo mismo, si tenemos en cuenta que la mitad de clientes son lobos, vampiros y otros sobrenaturales —replicó Naomi, alineando las copas sobre un estante de bambú como soldados en formación.
Me pareció ver que agitaba la mano y las copas se alineaban por sí solas, pero ocurrió demasiado rápido para estar segura.
—Naomi, déjame a mí, por favor —se interpuso Selena, la española—.
Naomi es un poco mandona, pero puedes aprender mucho de ella, ya verás —dijo después, mirándome.
Naomi se encogió de hombros y desapareció en el almacén—.
A ver, la regla número uno de este negocio es que nunca debes hablar más de la cuenta con nadie.
—¿De qué negocio? —pregunté, apoyándome en uno de los taburetes frente a la barra. Comenzaba a darme vueltas la cabeza—. ¿Te refieres al bar o a la supuesta agencia?
—Bueno, de cualquier negocio, supongo, pero sobre todo con lo que hacemos aquí…
—Selena se mordió un labio rosado y carnoso antes de continuar—.
Vivos o muertos, no es bueno entretenerse demasiado con ninguno.
No hables demasiado con la gente, ni los toques.
Se te pegará su mala energía, y sus problemas.
Sobre todo, no te dejes morder. —Le lanzó una mirada significativa a Oksana, que justo llegaba de la calle, y la rubia frunció el ceño, como dándose por aludida—.
Solo toma sus pedidos y hazte una limpieza energética todas las noches.
Recuerda: los clientes no son tus amigos…
— Nadie lo es —apuntó Naomi con un destello malicioso en la mirada, mientras salía del almacén con una escoba y un recogedor.
Me los tendió—. A excepción de estos dos.
Estos dos serán tus mejores amigos mientras estés aquí.
Otro consejo: cuando no sepas qué hacer, limpia algo.
Consejo válido para cualquier trabajo, aquí o en un cementerio. Me lo agradecerás. Y el jefe también.
Selena le lanzó una mirada reprobatoria, pero Naomi no se dejó intimidar.
Soltó una risilla aguda, como una adolescente.
Apoyé la escoba contra la barra dando un golpe, cada vez más ofendida y dispuesta a llamar al maldito Theodore d’Alessandro para decirle cuatro cosas bien claras sobre ese supuesto trabajo de cazafantasmas que me había ofrecido.
Por si las cosas no estaban lo bastante fastidiadas, en ese momento se unió a la conversación Oksana, alias La Alegría de la Huerta.
Se acercó a la barra, todavía vestida de calle.
Parecía recién salida de la peluquería, con un look perfecto para una recepción con algún embajador.
Solo su bolso de Hermès debía de costar más que toda la ropa que yo tenía en el armario.
—Todavía no me puedo creer que haya contratado a esta —le dijo Oksana a Naomi, dejando su bolso Birkin sobre la barra, no sin antes pasar el dedo meñique por ella para asegurarse de que estaba limpia y no dañaría sus exclusivos complementos.
Naomi se encogió de hombros y le contestó como si yo no estuviera ahí.
—Dudo que dure mucho. No lleva ni cinco minutos aquí y ya se está quejando de todo… —Después se giró hacia mí—. ¿Qué habilidades tienes, por cierto?
Me crucé de brazos, esforzándome por ignorar su grosería.
—Soy médium. Los muertos me envían mensajes y yo los canalizo.
—Suena útil —comentó Naomi, un poco más interesada. Chasqueó los dedos y el grifo se cerró solo—. ¿Y… por casualidad sabes limpiar retretes?
La miré fijamente, mientras Oksana torcía la boca con cara de «ya te lo dije».
—No me digas que aún no habéis limpiado eso —dijo la rusa con tono asqueado.
—¿Qué dices? Huele peor que la casa de la viuda Gargallo, ¿te acuerdas?
La que durmió con su marido muerto durante seis meses —comentó Naomi con tono ominoso—.
Yo no me atrevo a entrar en esos baños… ¿Alguna voluntaria?
—Me miró a mí, y yo sacudí la cabeza. De ninguna manera.
No pensaba hacer eso —. Ya veo. Otra que nació princesa.
Bueno, ¿y cócteles? ¿Al menos sabes hacer eso?
Gruñí con frustración.
—¡Claro que no! Solo he trabajado en una librería.
—Pues estamos apañadas —bufó Oksana, sacudiendo la cabeza—. Más te vale aprender ambas cosas, y rápido, porque esta noche Mina no está y necesitaremos todas las manos libres que haya. ―Introdujo una mano en su bolso, y sacó un fajo de papeles―. Hablando de Mina, me dio esto para ti.
Tomé los papeles: parecía un contrato. Observé la firma de Teo al final, y me quedé boquiabierta al ver las palabras Contrato a tiempo indefinido en el primer párrafo. A primera vista, el salario tampoco parecía malo, pero había una larga lista al final que…
―Ni se te ocurra ponerte a leerlo ahora ―me advirtió Oksana, adivinando mis intenciones―. Te lo lees en casa, que aquí se viene a trabajar. ¡Vamos! ¡Uno, dos! ¡Espabila!
—A ver, sigamos: norma número dos —continuó Selena, ignorando la impaciencia de sus compañeras—.
Nunca dejes que te afecte el estrés, y ahorra tiempo preparando más de una copa a la vez.
Recoge los pedidos y prepara tantas como puedas de golpe.
Y si está Teo cerca, que no te vea nunca de brazos cruzados. Eso no le gusta nada, nada.
—Te echará —añadió Naomi, sin disimular su deleite ante la idea.
—No va a hacer falta que me eche —dije, haciendo un fardo con mi ropa y poniéndomelo bajo el brazo, junto a los papeles del contrato—. Probablemente me iré yo sola. Es más, creo que me voy ya . Esto es una farsa.
Comencé a caminar hacia la salida, sin molestarme en despedirme.
—Te lo dije —susurró Naomi, dándole un codazo a Oksana—. Es igualita que Desirée.
—¿Desirée? —preguntó Oksana, distraída en frotar una mancha rebelde y pegajosa de la barra—. ¿Te refieres a la francesa? ¿Esa que estuvo aquí cuatro días y luego desapareció?
—Sí, ¿no te acuerdas? El mar se la tragó. O, mejor dicho, se tiró ella sola. Con el tipo ese…
—¡No habléis mal de Desirée! ¡Sabéis que eso no es cierto!
—las reprendió Selena mientras corría tras de mí y me posaba una mano en el hombro—.
¡Iris, espera! No te vayas. De verdad necesitamos ayuda esta noche.
Y el trabajo en la agencia no es tan malo como piensas.
Es solo un poco… diferente de lo que Teo te ha contado.
La miré fijamente.
El calor de su mano se extendió por todo mi cuerpo, haciendo que todos mis músculos se relajaran.
—¿Reiki? —pregunté entrecerrando los ojos. Había algo sobrenatural en su roce. Algo que estaba haciendo que mi furia se esfumase como vapor en el aire.
Selena me devolvió una sonrisa débil, casi triste.
—Más o menos. Ayuda, ¿verdad? —Se encogió de hombros—. Ojalá pudiera usarlo conmigo misma.
Selena apartó la mano, y mi cuerpo dio un espasmo, como liberándose de todo el mal humor de una sola sacudida.
—¿Quién era Desirée? —le pregunté a Selena, frotándome el hombro.
Me detuve bajo el arco de hojas de palma que decoraba la entrada. De pronto ya no sentía tanta prisa por marcharme.
—Desirée… —repitió ella, midiendo sus palabras—. Era una chica que trabajó aquí un par de semanas… pero una noche se fue con un…
Naomi apareció por detrás de ella y carraspeó en voz alta.
—Se fue con un chico —terminó Selena—. No volvimos a verla.
—Ibas a decir otra cosa —dije, cruzándome de brazos frente a Naomi.
—Da igual con quién se fuera. Por aquí pasan todo tipo de personajes raros —dictaminó Oksana, empujándome para poder colocar dos taburetes en su sitio—.
Era una holgazana y aprovechó la primera oportunidad de largarse.
Eso es lo que hizo. Siempre estaba cansada, siempre hablando con la gente en vez de trabajar.
Supongo que alguno le ofreció algo mejor.
Ni siquiera nos dijo que se iba. Apagó el teléfono y jamás volvió a presentarse en el bar. Menudo marrón nos dejó…
—No les hagas caso —dijo Selena con voz pausada—. No le gustaba el trabajo, es cierto, y creo que quería dejarlo. Pero Desirée era una buena chica. Y, en mi opinión, no se fue por voluntad propia.
Naomi y Oksana se encogieron de hombros, y se alejaron, sacudiendo la cabeza ante las palabras de Selena.
—¿Qué quieres decir? —pregunté conteniendo la respiración.
Selena se acercó a mi oído, cuidando que las otras dos no pudieran oírla.
—Desirée no se marchó… —susurró—. No, a Desirée se la llevaron.