Las Bestias de Nottingham: Campanas de Medianoche 42
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Rose

E l silencio en la habitación era absoluto, Rose solo escuchaba su propia respiración agitada, a medida que las palabras iban deslizándose por sus labios y tomaban fuerza cada vez que continuaba.

—El Régimen ingresó una noche a mi hogar, eran más de cien hombres armados y no discriminaron en edad, sexo o cargo, para masacrar a todos y cada uno de los que encontraron a su paso.

—A medida que Rose se iba acercando a la verdad, las palabras quemaban en su garganta ansiosas por salir—.

Mi madre fue la primera. Ella se encontraba en su estudio de arte cuando los militares entraron, la tomaron del cabello y la llevaron a rastras hacia el salón donde se encontraba mi padre. Luego, delante de él la asesinaron.

Rose tragó con dificultad el nudo que estaba formándose en su garganta.

Hacía muchísimo tiempo que no recitaba esas palabras, que no se permitía recordar nada de esa noche, pero ahora lo hacía delante de tres pares de ojos que la estaban viendo fijamente, con el dolor y la intriga reflejada en sus miradas.

Gabe en cambio, tenía los ojos fijos en un punto del suelo al igual que Enzo.

—Yo me encontraba con mi hermano, se suponía que debía estar durmiendo, pero él me dejaba quedarme en su estudio escuchando música hasta quedarme dormida.

—El fantasma de una sonrisa se formó en sus labios ante el recuerdo de su hermano, y los ojos le escocían por las lágrimas que amenazaban por salir—.

Fue entonces cuando escuchamos el primer disparo.

Al comienzo, creímos que habían sido fuegos artificiales, pero entonces…

—Rose guio sus ojos hacia donde Gabriel se encontraba sentado, su corazón cada vez iba más rápido—.

Pero entonces Gabriel entró en la habitación cubierto de sangre.

—Ahora los tres pares de ojos se intercalaban entre Gabe y Rose.

—¿Ustedes vivían juntos? —preguntó Lemus con el desconcierto reflejado en sus facciones.

Rose le dio un asentimiento, y desvió sus ojos hacia el moreno que justo en ese instante inclinaba la cabeza hacia donde ella se encontraba.

—Sus abuelos eran unos de los empleados más antiguos y queridos de mis padres —explicó Rose—. Así que cuando su madre murió, dejándolo de dos años, lo llevaron a vivir con ellos.

—Desde el primer día nos volvimos familia —agregó Gabriel en voz baja, antes de mirarla e indicarle que continuara.

Rose comenzó a pasearse por la habitación, no podía permanecer quieta mientras ordenaba a su cerebro que recreara toda la pesadilla nuevamente.

—Cuando Gabriel entró en la alcoba, nos dijo a mi hermano y a mí que estábamos bajo ataque.

Ya habían asesinado a muchos empleados y fue entonces cuando los disparos se intensificaron, venían de todas partes.

Mi hermano nos sacó de la habitación para buscar una manera de salir de la casa o encontrar a nuestros padres, pero afuera lo único que encontramos fue la muerte.

En cada rincón de la casa estaban los empleados que durante ocho años había visto, me habían servido, ayudado, todos y cada uno de ellos estaban muertos.

—Las lágrimas habían ganado la batalla y ahora se deslizaban en silencio por las mejillas de Rose—.

Estábamos atrapados, ellos eran demasiados y nosotros solo éramos niños que no tenían a donde ir; entonces mi hermano le dijo a Gabe que me ocultara, que hiciera todo lo posible porque yo viviera, y eso fue exactamente lo que hizo.

El silencio que siguió a las palabras de Rose se prolongó por varios minutos, mientras la pelirroja recobraba la compostura.

Gabriel, sorprendiendo a todos, también tenía el rostro cubierto de lágrimas y Rose pudo notar como disimuladamente Melik extendía la mano hasta atrapar la del moreno y entrelazarla con la suya.

De alguna manera ese pequeño gesto le dio la fuerza que necesitaba para continuar.

—Gabriel me llevó prácticamente a rastras por los pasillos de la casa, hasta que ingresamos en los aposentos de los empleados para buscar a sus abuelos y que ellos nos ayudaran, pero fue demasiado tarde.

Ellos… ellos ya no… —Rose negó con la cabeza y cerró los ojos con fuerza—.

Se encontraban tendidos en el suelo sobre un enorme charco de sangre.

Las voces de los soldados se sentían cada vez más cerca de nosotros, estábamos atrapados.

—La respiración de Rose estaba acelerada, cada cosa que contaba la llevaba de regreso al pasado, al dolor, a la sensación de la sangre—.

Entonces Gabe sin tomarse ni un segundo para llorar, hizo lo único que podía hacer: tomó lo primero que encontró y me golpeó fuerte en la cabeza, la sangre comenzó a fluir por mi rostro y cuando me volteé para verlo con los ojos llenos de lágrimas y nublados por el dolor, él me dijo: “no te muevas” , y eso fue justo lo que hice.

Gabriel me tendió en el suelo junto a sus abuelos y me mezcló con la sangre de ellos, luego se acostó a mi lado y tomó mi mano, cuando las voces estuvieron frente a nosotros perdí el conocimiento.

Las náuseas eran insoportables en ese momento. Rose sentía la sangre pagada en su cuerpo como si hubiera sido ayer, el olor a muerte y los gritos desaforados…

—Creyeron que estabas muerta —murmuró Lemus, sacándola de su espiral de pensamientos y sorprendiendo a todos—. Hace diez años y once meses… —Lemus parecía estar hablando más para él mismo que para ninguno de ellos en particular.

Cuando Lemus inclinó la cabeza hacia donde ella estaba y sus ojos se ampliaron notablemente, en ese instante, Rose lo supo. Fue el momento exacto en que la verdad que tanto había procurado esconder, estaba entrando en él. El castaño lo había descubierto sin necesidad de que ella lo dijera.

—Lyn —dijo Lemus y se puso de pie—. Rose, Lyn.

El castaño tenía la mirada fija en ella al igual que los demás. Enzo se había separado de la pared y ahora se encontraba a su lado.

—Esto… Esto es imposible —dijo Lemus con los ojos desorbitados y el rostro pálido.

—Por favor, ¿alguien me puede explicar qué es lo que es imposible? —preguntó Melik mirando entre Lemus y Rose.

La pelirroja miró a su amigo y con el dorso de la mano se limpió las lágrimas que resbalaban de sus ojos.

—Cuando desperté —continuó Rose con el relato.

Su atención se fijó en Lemus que había empezado a caminar como un león enjaulado—, los soldados aún se encontraban en la casa, y yo seguía en el suelo sobre la sangre de mis seres queridos, en eso, sin que nadie lo notara, abrí los ojos y ahí estaba él, con su uniforme militar lleno de medallas.

En ese entonces era el general Robert. Estaba ahí, caminando sobre los cadáveres.

Caminando sobre mí “cadáver” como si no fuéramos nada y a su lado se encontraba su hijo viendo todo como si fuese un buitre y nosotros su comida.

—No entiendo —la interrumpió Mel—. Hace diez años y once meses, el ejército aún no estaba del todo en el poder, así que ¿por qué los asesinaron?

—Los asesinaron para poder llegar al poder —concluyó Rose.

Luego de eso, ninguno dijo nada, y a Rose le pareció una eternidad. Parecían estar examinando sus palabras. Unos minutos después, los mellizos estaban viéndola con ojos amplios y expectantes, Melik incluso se había inclinado hacia delante desde la cama.

—Tú… tú eres... —Melik no se atrevía a completar la oración.

Rose miró con detenimiento a sus amigos, hasta que sus ojos se encontraron con los de Lemus. Por primera vez desde que Rose lo conocía, no supo descifrar el maremoto que parecía estarse llevando a cabo en su mirada.

—Yo soy Rosalyn Brown, segunda heredera al trono de Inglaterra, y la actual princesa “fallecida”.

Sus amigos no despegaban la mirada de ella, Melisandre incluso, había tapado su boca con ambas manos ahogando un grito, pero la mirada que más le importaba era la de Lemus.

Tomó todo valor que pudo y dio un paso en dirección hacia él.

Lemus estaba viéndola fijamente con el dolor y el desconcierto dibujados en su rostro, y ella podía entender perfectamente el porqué.

—Lemus. —Rose dio otro paso hacia delante—. Yo… yo…

—No. —Lemus extendió su palma abierta en dirección a Rose y retrocedió un paso—. Ahora mismo no puedo hacer esto.

Sin decir nada más, Lemus dio media vuelta y salió de la habitación dando un portazo a sus espaldas, y no fue hasta que el sonido llegó a sus oídos que las lágrimas volvieron aparecer y su cuerpo se contrajo en sollozos.