LAS ALAS DE CLARA Capitulo 47
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Capitulo 47

Mucho mas de lo ves

Nos acomodamos poco a poco en nuestro nuevo hogar. Carmen ya tenía su propio cuarto y su madre estaba emocionada preparando cada detalle para decorarlo y hacerlo sentir como un lugar especial para ella.

Pablo sonreía todo el tiempo. Aníbal no dejaba de comentar lo feliz que se sentía al formar parte de aquella familia que lo había recibido con tanto amor. Después de haber vivido momentos tan difíciles, por fin sentía que pertenecía a un hogar.

El padre de Carmen comenzó su nuevo trabajo y estaba muy contento. Todo parecía encajar como si cada pieza hubiera llegado en el momento indicado.

Mis hermanos y yo continuamos con nuestra rutina. Cada madrugada, antes de que saliera el sol, nos reuníamos para orar y agradecer a nuestro Padre por todas las bendiciones recibidas.

Todo era un maravilloso comienzo en este nuevo país.

Llegó el domingo y nos preparamos para ir a la casa de nuestro Padre.

Cuando llegamos, quedé completamente maravillada.

Era una iglesia enorme, construida con grandes columnas de piedra que se elevaban y se dividían en lo alto como ramas de árboles gigantes. Al observarlas, tuve la sensación de estar caminando dentro de un bosque inmenso y sagrado.

Sus enormes ventanales de cristal dejaban entrar los rayos del sol, llenando el lugar de tonos cálidos y una luz que parecía abrazarlo todo.

El altar era hermoso. La cruz suspendida sobre él transmitía una paz difícil de explicar.

Pero entonces algo llamó mi atención.

Miré alrededor y vi a mis hermanos.

Había tantos ángeles que me quedé sin palabras. Sin embargo, no todos eran guardianes como nosotros. Había ángeles mucho más grandes y antiguos, otros pequeños, con apariencia de niños de tres o cuatro años, que permanecían junto a los ángeles del coro.

Ellos cantaban a su lado, acompañando las alabanzas con una alegría que llenaba todo el templo.

Me acerqué a Morillo sorprendida.

—Hermano, ¿tú también ves a todos esos ángeles?

Él sonrió.

—Sí, Clara.

—¿Pero cómo es posible? Yo nunca había visto tantos.

Morillo me miró con ternura.

— yo veo más de lo que tú puedes ver todavía.

Me quedé pensativa.

—¿Por qué?

—Porque mi edad no es igual a la tuya, hermana Clara. Con el tiempo comprenderás muchas cosas que ahora todavía no puedes ver.

Observé nuevamente aquel lugar lleno de luz.

Por primera vez entendí que mi camino junto a Carmen apenas era una pequeña parte de algo mucho más grande.