Capitulo 46
Un nuevo Hogar
Muy cansados llegamos a nuestro nuevo hogar. Era un departamento en un edificio con tres dormitorios de tamaño mediano, muy diferente a la casa donde habíamos vivido durante tantos años.
Se sentía extraño. Había algo diferente en el ambiente, algo que todavía no conocíamos, pero una cosa me daba tranquilidad: seguíamos juntos.
Desde la ventana podía verse, a lo lejos, una inmensa iglesia. Su presencia transmitía una paz especial. Sabía que ese sería un lugar importante para nosotros, porque aquel domingo la madre de Carmen había decidido llevar a la familia a presentarse y dar gracias por esta nueva etapa.
Mientras observaba aquella iglesia, le pregunté a Morillo:
—Hermano, ¿qué nos esperará este domingo? ¿Encontraremos más hermanos allí?
Morillo sonrió con tranquilidad.
—Por supuesto, hermana Clara. En la casa de nuestro Padre siempre hay hermanos. Algunos ya los conocerás, otros serán nuevos caminos que Él pondrá frente a nosotros.
Miré nuevamente hacia la iglesia. No sabía qué experiencias nos esperaban, ni qué desafíos encontraríamos en este nuevo lugar.
Pero tenía la certeza de algo: mientras Carmen estuviera conmigo, nunca estaría sola.