LAS ALAS DE CLARA Capitulo 41
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Capitulo 41

Un Nuevo destino

Al día siguiente, Aníbal y yo llegamos a la escuela y saludamos a Angélica. Mientras conversábamos, algo llamó mi atención. A unos metros estaba el hermano Amateus junto a su protegida.

Me acerqué con una sonrisa.

—¡Hermano Amateus! Qué alegría verte nuevamente.

Él sonrió con la serenidad que siempre lo caracterizaba.

—Hola, hermana Clara. ¿Cómo has estado?

—Muy bien, hermano. ¿Y tú? ¿Cómo va Aurora? ¿Ha logrado superar los traumas de su pasado?

Amateus miró a la muchacha con ternura.

—Está creciendo. Ahora atraviesa una etapa de rebeldía, como muchos adolescentes, pero sigue teniendo un corazón noble. A veces es muy tímida; creo que apenas está descubriendo quién es y formando su personalidad. Pronto cumplirá catorce años.

Miré a Aurora. Recordé a aquella pequeña niña de brazos vendados que había conocido años atrás en el parque. Verla caminar con más seguridad llenó mi corazón de alegría.

—Me hace muy feliz saber que está bien, hermano.

Amateus asintió.

—Nuestro Padre nunca deja de obrar. Ahora debo regresar con ella. Me alegró mucho volver a verte, hermana Clara.

—Igualmente, hermano. Que nuestro Padre continúe fortaleciéndolos.

Lo observé alejarse junto a Aurora y sentí una inmensa paz. Saber que aquella niña, después de tanto sufrimiento, seguía siendo noble era una hermosa recompensa para el hermano Amateus.

En ese momento apareció Morillo.

—Hermana, tenemos que irnos.

Lo miré sorprendida.

—¿Qué sucede?

Aníbal y yo caminamos detrás de nuestros protegidos mientras Morillo respondía con expresión seria.

—Nos reuniremos con Alejandro en casa. Ha ocurrido algo importante.

Durante todo el camino permanecimos en silencio.

Al llegar, Alejandro ya nos esperaba.

—¿Qué sucede, hermanos? —pregunté inquieta.

Morillo tomó la palabra.

—Al papá de Carmen le han ofrecido un trabajo en otro país. Tendremos que viajar.

Sentí que todo a mi alrededor se detenía.

—¿A otro país? ¿Cuál?

Morillo negó con la cabeza.

—Todavía no lo sabemos.

Dentro de la casa, Carmen y Pablo escuchaban la conversación de sus padres completamente sorprendidos. Ninguno imaginaba dejar el lugar donde habían crecido, a sus amigos, la escuela y todo lo que conocían.

La mamá de Carmen habló con dulzura.

—Es una gran oportunidad para papá y debemos acompañarlo. Una familia debe permanecer unida. No quiero que él enfrente este cambio solo.

El padre asintió.

—Todo ocurrió muy rápido. El compañero que debía viajar enfermó de repente y me ofrecieron ocupar su lugar. Tenemos muy poco tiempo para prepararnos.

Guardó silencio unos segundos antes de continuar.

—Estaremos fuera algunos años... y quizá allí construyamos una nueva vida.

Carmen buscó la mano de Pablo y la apretó con fuerza. Ambos se miraron sin decir una sola palabra.

Yo también sentí un nudo en el corazón.

No sabía qué país nos esperaba... ni qué nuevos caminos había preparado nuestro Padre para todos nosotros.