LAS ALAS DE CLARA Capitulo 40
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Capitulo 40

Cuando el amor florece

—¡Sí! ¡Por fin empezaremos el colegio! —dijo Carmen llena de emoción.

Miró a Pablo y notó que él permanecía en silencio.

—¿No estás emocionado?

Pablo bajó la mirada.

—Sí... pero tengo miedo de que no me quieran allí.

Carmen le tomó la mano con una sonrisa.

—¿Y por qué no te van a querer? Eres mi hermano y nadie va a molestarte. Además, ya voy a cumplir nueve años y tú tendrás diez. Vamos a cuidarnos el uno al otro.

Pablo sonrió tímidamente.

—¿De verdad?

—Claro que sí. Seremos inseparables toda la vida.

—Gracias, Carmen.

Ella lo abrazó con cariño.

—Yo también te quiero mucho, Pablo. Y este domingo cantaremos juntos en el coro. Nuestro Creador, nuestro Padre del cielo, siempre nos protegerá porque nos ama.

Aquellas palabras me dejaron sin aliento.

Eran las mismas que yo le había susurrado tantas noches, cuando ella era pequeña y oraba antes de dormir.

Sentí una inmensa felicidad.

Había comprendido el amor de nuestro Padre... y ahora era ella quien lo compartía con los demás.

Al llegar a la escuela escuché una voz conocida.

—¡Hermana Clara!

Me giré de inmediato.

—¡Angélica!

Corrimos a abrazarnos.

—Gracias a nuestro Padre por seguir uniendo nuestros caminos, hermana.

—Amén —respondió sonriendo.

Mientras los niños entraban al salón, comenzamos a conversar.

—¿Cómo has estado? Casi nunca podemos hablar en el templo.

Angélica soltó una pequeña risa.

—¿Y quién conversa cuando estamos deleitándonos con aquellas alabanzas?

No pude evitar reír también.

—Tienes toda la razón.

—¿Y Ricardo? —pregunté.

Su sonrisa se hizo más serena.

—Va creciendo muy bien, pero últimamente está inquieto cuando duerme. Tiene pesadillas. Cada vez que ocurre reviso su corazón y sigue siendo tan noble como siempre. No he visto sombras alrededor de él, aunque sí he sentido una presencia parecida cerca de sus padres.

Guardé aquellas palabras en mi corazón.

Entonces Angélica volvió a sonreír.

—Pero también tengo una hermosa noticia. Ricardo tendrá dos hermanitas. Su mamá está embarazada de gemelas.

Abrí los ojos llena de alegría.

—¡Qué maravillosa noticia, hermana! Tu familia está creciendo.

Ella me miró con cariño.

—Igual que la tuya.

Al terminar las clases, Carmen y Pablo salieron corriendo para abrazar a su mamá.

Morillo se acercó junto a Aníbal.

—¿Cómo les fue en este primer día?

—Muy bien, hermano —respondí—. Pero Angélica me comentó que Ricardo está teniendo pesadillas y está preocupada.

Aníbal levantó la mirada.

—Son ataques durante el sueño.

Todos guardamos silencio.

Él continuó:

—Yo también tuve que luchar contra eso cuando Pablo vivía solo. Muchas veces las sombras intentan sembrar miedo y desesperanza mientras nuestros protegidos duermen.

—¿Se pueden combatir? —pregunté.

Aníbal asintió con firmeza.

—Sí. La oración hecha con fe las debilita inmediatamente. Es una de las armas más poderosas que nuestro Padre nos ha dado.

Pensé enseguida en Angélica.

—Mañana mismo se lo diré.

Aníbal sonrió.

—Si quieres, hermana, me uniré a ustedes. Quizá mi experiencia pueda ayudarla.

Lo miré agradecida.

Cada día comprendía mejor que ninguna batalla debía enfrentarse en soledad.

Nuestro Padre nos había dado hermanos para sostenernos cuando nuestras fuerzas comenzaban a faltar.