LAS ALAS DE CLARA Capitulo 42
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Capitulo 42

Adios, querido Hogar

Aquella noche nadie durmió profundamente. Mientras la familia hacía las maletas y decidía qué llevar, yo recorría con la mirada cada rincón de aquella casa que había sido nuestro hogar durante tantos años.

Recordé las risas de Carmen cuando era apenas una niña, sus primeros pasos, sus cumpleaños, nuestras oraciones, las pruebas que habíamos superado y las innumerables bendiciones que nuestro Padre nos había concedido en ese lugar.

Una mezcla de nostalgia y esperanza llenó mi corazón.

¿A dónde nos llevaría ahora nuestro Padre?

No conocía aquel país. No conocía a los hermanos que encontraría allí, ni las pruebas que nos esperarían. Todo era un misterio.

Pero había algo de lo que estaba completamente segura.

Mientras Carmen caminara por el sendero que nuestro Padre había preparado para ella... yo caminaría a su lado.

Porque esa era mi misión.

Y donde estuviera Carmen...

...allí estaría yo.

Ya en casa, todo estaba listo para partir hacia el aeropuerto. Mis tres hermanos y yo permanecíamos atentos, vigilando que nada desconocido se acercara a nuestro alrededor.

Morillo era quien siempre nos guiaba, como un hermano mayor. Aunque Alejandro era, en realidad, el de más edad, su carácter alegre y jovial hacía que pareciera el menor de los dos. Además, nos habíamos acostumbrado a la manera en que Morillo organizaba todo con serenidad y firmeza.

La familia entera estaba nerviosa por el cambio y, al mismo tiempo, invadida por la nostalgia de dejar atrás aquel hogar.

Mirábamos cada rincón de la casa sabiendo que todo lo que habíamos vivido allí permanecería para siempre en nuestros corazones.

Los primeros pasos de Carmen, nuestras alegrías, las pruebas que superamos y las incontables bendiciones de nuestro Padre quedarían grabadas en nuestra memoria.

Más que darle gracias, adoramos a nuestro Padre Dios con profunda devoción por su inmenso amor, por su misericordia y por todos aquellos momentos maravillosos que nos permitió vivir en ese lugar.

—Adiós, querido hogar —susurré en silencio mientras contemplaba la casa por última vez—. Gracias por haber sido el escenario de tantos recuerdos que jamás olvidaremos.