LAS ALAS DE CLARA Capitulo 36
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Capitulo 36

Un rio de luz

Carmen fue aceptada en el coro de la iglesia.

Ricardo también.

Busqué de inmediato a Angélica con la mirada.

Ella sonrió emocionada y yo le devolví la sonrisa.

Aquel gesto significaba mucho más que una simple felicitación.

Ahora nos veríamos con mayor frecuencia y podríamos seguir apoyándonos como hermanas en nuestra misión.

Mientras observábamos a los niños celebrar, Morillo se acercó con expresión serena, aunque firme.

—Cuidado, hermana.

Lo miré sorprendida.

—A partir de ahora tendrás que proteger a Carmen aún más que antes.

—¿Por qué, hermano?

—Porque está fortaleciendo su vínculo con nuestro Padre. Cuando un corazón se acerca más a Dios, también se vuelve más evidente para quienes desean apartarlo de Él. Las tentaciones serán más frecuentes y deberás permanecer siempre atenta.

Miré a Carmen.

Reía con una alegría tan sincera que su corazón parecía irradiar luz.

La contemplé durante unos instantes y una profunda paz llenó mi alma.

No sentí miedo.

Sentí confianza.

Con la ayuda de nuestro Padre y de mis hermanos, sabía que podría cumplir la misión que me había sido confiada.

Al salir de la iglesia, cada hermano guardián extendió discretamente sus alas sobre su protegido.

Algunos acompañaban a las familias hasta sus automóviles.

Otros emprendían el camino a pie hacia sus hogares.

Desde lo alto, aquella escena parecía un inmenso río de luz que avanzaba silenciosamente por el mundo, custodiando a cada hijo de Dios con amor, fidelidad y esperanza.