LAS ALAS DE CLARA Capitulo 25
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Capitulo 25

Una nueva etapa

A la mañana siguiente, me acerqué a la cama de Carmen, como hacía todos los días.

Sonreí y le di los buenos días.

—¡Feliz cumpleaños, mi pequeña!

Esperé su sonrisa.

Pero no ocurrió.

Carmen abrió los ojos, se estiró y se levantó de la cama sin mirarme.

Me acerqué un poco más.

—Carmen... aquí estoy.

No hubo respuesta.

Volví a llamarla.

Esta vez con más fuerza.

Ella siguió caminando como si yo no existiera.

Sentí un vacío inmenso.

La seguí hasta la cocina preguntándome qué estaba ocurriendo.

Allí estaban Morillo y Alejandro esperándome.

Al verme, Morillo se acercó y me abrazó.

—Hermanita... por favor, no estés triste.

Lo miré con los ojos llenos de lágrimas.

—¿Ustedes ya lo sabían?

Los dos guardaron silencio.

—Díganme qué está pasando.

Morillo señaló una silla.

—Siéntate. Mientras Carmen desayuna, vamos a explicártelo.

Obedecí.

No podía apartar la mirada de mi pequeña.

Morillo comenzó a hablar con serenidad.

—Cuando nuestros protegidos cumplen seis años, empiezan a descubrir el mundo de una manera diferente. Poco a poco su atención deja de estar puesta en las cosas del cielo y comienza a dirigirse hacia las cosas de la Tierra.

Sentí que mi corazón se encogía.

—¿Entonces... ya no podrá verme?

Alejandro respondió con dulzura.

—Así es, hermana.

Las lágrimas rodaron por mis mejillas.

—Pero escucha bien esto.

Morillo tomó mis manos.

—Ella dejará de verte, pero tú nunca dejarás de estar a su lado.

Respiré profundamente.

—Aunque ya no pueda mirarte con sus ojos, seguirá escuchando tu voz en su corazón mientras conserve la fe.

Levanté lentamente la mirada.

—Podrás seguir inspirándola, aconsejándola y guiándola. Esa es la verdadera misión de un ángel guardián.

Guardé aquellas palabras en mi corazón.

—Habrá personas que intentarán acercarla a Dios... y otras que tratarán de alejarla de Él.

Su expresión se volvió más seria.

—También habrá sombras que buscarán desviarla del camino que nuestro Padre preparó para ella.

En ese momento sentí una presencia conocida.

Al levantar la vista vi a nuestro guía.

Matías.

Se acercó con aquella paz que siempre transmitía.

—Hermana Clara...

Me puse de pie.

—A partir de hoy comienza una etapa mucho más difícil para ti.

Esperé sus siguientes palabras.

—Pero no imposible.

Me sonrió con cariño.

—Has crecido mucho desde que llegaste junto a Carmen. Cada año eres más fuerte, más sabia y más fiel a tu misión.

Sentí que la tristeza comenzaba a transformarse en esperanza.

Matías apoyó una mano sobre mi hombro.

—Nunca olvides esto: la fe no consiste en entender todos los caminos de Dios.

Hizo una breve pausa.

—La fe consiste en seguir caminando, incluso cuando no puedes ver el camino completo.

Sonrió una vez más.

—Y tú, Clara... has aprendido a creer.