Capitulo 18
La sombra en el camino
Regresábamos a casa cuando Morillo permanecía junto a su protegida en el asiento del pasajero.
—Clarita, pon atención —me dijo con urgencia.
En ese instante, la mamá de Carmen frenó de golpe.
Delante de nosotros había ocurrido un accidente. Un choque había detenido el tráfico y el ambiente se sentía tenso.
Carmen se asustó de inmediato.
—Tranquila —le susurré—. Estoy aquí. Todo está bien.
La madre de Carmen permanecía en shock, sin saber cómo reaccionar.
Entonces lo vi.
Morillo se inclinó ligeramente hacia su protegida y le susurró con calma, intentando tranquilizarla.
—Calma… calma…
Pero algo más llamó mi atención.
Frente a nuestro vehículo había dos figuras inmóviles.
Eran ángeles.
Sus alas eran completamente oscuras.
Negro absoluto.
Morillo reaccionó al instante. Sin dudarlo, extendió su ala izquierda cubriendo a su protegida, como si actuara por instinto.
Yo hice lo mismo con Carmen, rodeándola con mis alas para protegerla.
Sin embargo, algo dentro de mí quedó expuesto, sin protección, y sentí una alerta inmediata recorrer todo mi ser.
—No digas nada, Clara —ordenó Morillo con voz firme.
Luego, mirando hacia aquellas presencias, habló con autoridad:
—¡Corran, hermanos! ¡Corran a la casa del Padre!
En ese momento percibí una sombra aún más oscura acercándose rápidamente tras ellos.
La escena me paralizó por un instante.
Morillo lo notó.
—Clara, reacciona. Protege a Carmen.
Sacudí el miedo y me concentré en ella, envolviéndola por completo con mi luz.
—¡Oh, no…! —susurró la madre de Carmen con los ojos llenos de lágrimas—. ¿Qué está pasando?
Carmen la miró confundida.
—¿Estás bien, mi vida? ¿Te has hecho daño?
—No, mamá… —respondió ella—. Clara me protegió.
La madre la abrazó con fuerza.
—Gracias a Dios, mi amor.
El tráfico comenzó a moverse lentamente mientras la ambulancia llegaba al lugar del accidente.
Dos personas habían perdido la vida en uno de los vehículos, y en el otro, una mujer de aproximadamente treinta años era trasladada de urgencia al hospital.
Yo seguía en silencio, con el corazón acelerado.
Aquella sombra no se parecía a nada que hubiera visto antes.