Capítulo 13
Un nuevo comienzo
Después del bautizo transcurrió casi un año y todo marchó muy bien.
La mamá de Carmen estaba cada vez más cerca de nuestro Padre Dios. Su fe había fortalecido a toda la familia y la alegría volvía a llenar el hogar.
Faltaban solo unos días para que Carmen cumpliera cinco años y comenzara una nueva etapa de su vida.
La escuela.
Su mamá preparaba todo con mucha ilusión.
Compró su uniforme, los útiles escolares, una mochila nueva y todo lo necesario para aquel gran día.
Finalmente llegó.
—¡Hoy empiezas la escuela, Carmen! —le dije llena de emoción.
Ella me regaló una enorme sonrisa.
Desde hacía mucho tiempo hablaba conmigo y podía escucharme.
Los demás pensaban que yo era su amiga imaginaria.
Pero Carmen sabía que realmente podía verme.
Aquel día también era muy especial para mí.
Yo acababa de cumplir cinco años de servicio como ángel guardián.
No sabía exactamente qué significaba aquello, pero desde hacía varios días sentía que algo estaba cambiando dentro de mí.
Era como si mi corazón se estuviera preparando para una nueva etapa.
Acompañé a Carmen hasta la escuela.
Después de que su mamá la dejara junto a los demás niños, observé que, como siempre, cada uno de ellos estaba acompañado por su ángel guardián.
Entonces escuché una voz muy conocida.
—¡Hola, hermana Clara!
La reconocí enseguida.
—¡Angélica!
Corrí hacia ella y nos abrazamos con mucho cariño.
—¡Qué alegría verte, hermana!
Ella sonrió, aunque pude notar que detrás de aquella sonrisa había un profundo cansancio.
—¿Cómo te ha ido desde la separación de los padres de Ricardo? —le pregunté.
Su expresión cambió de inmediato.
Bajó la mirada antes de responder.
—No muy bien.
Guardó silencio unos instantes.
—Sigo encontrándome con algunos hermanos en el parque. Muchos son nuevos y siempre me aconsejan. He tratado de seguir todo lo que me dicen, pero aun así siento que todavía cometo muchos errores.
Suspiró profundamente.
—Además, Matías me ha visitado varias veces. Siempre llega para orientarme... y también para advertirme de los problemas que podrían presentarse.
La miré con sorpresa.
—A mí también me ha visitado, aunque no con tanta frecuencia. Hace casi un año que no sé nada de él.
Angélica sonrió con tristeza.
—Qué bueno...
Fruncí el ceño.
—¿Por qué dices eso?
Ella levantó lentamente la mirada.
—Porque casi siempre que aparece Matías es porque se acerca una prueba difícil.
Sus palabras me hicieron recordar la conversación que habíamos tenido durante el bautizo de Carmen.
Tomé sus manos entre las mías.
—Ten fe, hermana. No estamos solas. Siempre habrá un hermano caminando a nuestro lado.
La observé con atención.
Estaba muy demacrada.
Debajo de sus ojos habían aparecido unas sombras oscuras.
Sus alas habían perdido parte de su brillo y su voz sonaba cansada, como si llevara mucho tiempo luchando sin descansar.
Antes de despedirse volvió a mirarme.
—Clara... qué vida tan maravillosa llevas con Carmen.
Negué suavemente con la cabeza.
—No lo creo, hermana.
Cada uno de nosotros tiene una misión diferente.
Ella sonrió con nostalgia.
—Ricardo también es un buen niño. Pero últimamente se ha vuelto muy agresivo. Rompe sus juguetes, hace berrinches constantemente y le cuesta controlar su enojo. Yo trato de aconsejarlo con amor, pero debo permanecer atenta todo el tiempo.
Miró hacia el salón donde comenzaban a entrar los niños.
—Espero que hoy tenga un buen día.
Después volvió a sonreír.
Esta vez su sonrisa parecía un poco más sincera.
—Me alegra verte aquí, hermana Clara. Nuestros niños pasarán varias horas en la escuela.
Creo que ahora tendremos mucho más tiempo para conversar.
Sonreí.
—Eso me hace muy feliz.
Comenzamos a caminar detrás de ellos mientras observábamos a nuestros pequeños entrar al salón de clases.
Por alguna razón, sentí que una nueva etapa acababa de comenzar.
No solo para Carmen.
También para mí.
Y, sin saber por qué...
Presentí que, a partir de aquel día, nada volvería a ser igual.