Las aguas del Rey Ezär: El encargo del erudito 6 MEMENTO MORI #3
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6 MEMENTO MORI #3

El escuadrón fantasma no perdió tiempo. Llegaron al punto de extracción donde el helicóptero Mil Mi-26 rugía con los motores listos.

El guía local los esperaba jadeante, asegurándose de que el VIP y su cargamento fueran embarcados.

Con aparente gratitud, el comandante ruso se volvió hacia él y le dirigió unas palabras en su lengua, casi como una despedida amistosa.

Acto seguido le entregó una bolsa más bien desgastada en cuyo interior había miles de dólares.

Vartan nunca supo cuánto le pagaron por haberles servido.

Alguno de sus hombres se encargó de aquel acuerdo y, fuera cual fuera la cantidad, para él no era más que una miga de pan en un campo de trigo.

Los hombres abordaron el helicóptero. El rugido de las hélices sustituyó al silencio hospedado en sus tímpanos.

Mientras ascendían, Vartan no pudo evitar mirar hacia abajo.

Siguió con sus ojos al jinete que se alejaban bajo el oscuro manto de la noche y aferrando una bolsa repleta de dinero manchado de sangre.

«Es triste ver cómo el dinero corrompe el alma de las personas, logrando incluso que traicionen sus creencias, su cultura, a su propia gente», reflexionó taciturno mientras el pájaro partía el cielo negro en dos.

***

15 de mayo de 2027 a las 22:37 horas.

The Meridian Aster. Gulf Horizon Avenue, Houston, Texas.

Andrew Summons.

El profesor Andrew Summons, quien durante toda su vida se había caracterizado por ser de lo más aburrido, se encontraba ahora en una reunión clandestina con un peligroso multimillonario.

Le era imposible dejar de preguntarse cómo demonios había llegado a aquella situación y qué sería lo que pasaba por la cabeza, en aquel momento, de su inestable anfitrión.

Largo rato llevaba Vartan con la mirada perdida, en silencio. La misma mirada que había tenido mientras el jinete se alejaba del helicóptero en Bagdad. Cerró un instante los ojos mientras hacía círculos con la mano que sujetaba el whisky.

—Señor Summons —pronunció antes de darle un buen trago a su bebida—.

Plunder y yo teníamos un contrato firmado, con unas condiciones que le habrían convertido en un experto de talla mundial y en un hombre muy rico.

Durante largo tiempo le permití hacer uso de cuantos recursos necesitó para cumplir su promesa.

A cambio solo le pedí resultados. Aun así…

—alzó un tanto la voz con una ira que hasta ese momento no había mostrado—.

¡Mordió mi mano, me escupió a la cara y me robó!

Vartan respiró muy hondo y volvió a su tono de voz calmado.

—Su amigo debe de estar muy bien escondido, porque está escapando a la red de todos mis contactos.

Andrew prestaba atención con los cinco sentidos. No podía permitirse el lujo de pasar por alto ningún detalle, por muy pequeño que fuese.

—Lo que sí le puedo asegurar —prosiguió Arakel— es que daré con él.

No importa cuánto tiempo permanezca una rata escondida, siempre sale a por queso.

En cuanto a usted, señor Summons, podría ordenar a cualquiera de los caballeros que nos acompañan en esta velada que lo torturase hasta que nos dijera dónde se encuentran el resto de los archivos de Plunder, pero me consta que ni siquiera usted tiene la respuesta…

aún. Por tanto, tenga en cuenta que usted finalizará su trabajo con una excepción.

En su caso, la única oferta que le hago es su vida.

Andrew no era capaz de razonar. Estaba aterrado, horrorizado. ¿Cómo era posible que hubiese llegado a esa situación? Le estaban prometiendo su muerte. Nadie le había amenazado así en toda su vida.

—Está tratando de decirme que…

—¡No le estoy tratando de decir nada! Terminará la investigación de Plunder o saldrá de este hotel en un maletero. Y no pienso emplear una bala…

Aquel par de ojos se clavaron en los suyos y lo atravesaron, haciéndole entender que Vartan Arakel no bromeaba. Andrew se hallaba al borde del colapso. Su corazón latía con la velocidad del rotor de un helicóptero.

—Aun así, señor Summons, me considero un hombre de palabra y, aunque me corre cierta urgencia, voy a darle veinticuatro horas. Descanse, prepárese psicológicamente, ponga a punto su equipo y esté aquí con ganas y energía renovadas.

Vartan extendió la mano hacia el profesor. Su sonrisa emanaba calidez, incluso regocijo. Sus ojos, en cambio, reflejaban ira, venganza, muerte… Cuando apretó su mano, Andrew fue testigo de una fuerza descomunal. Aquel hombre era más de lo que aparentaba ser.

Le acompañaron a la salida los dos mismos gorilas que se habían encargado de trasladarlo al hotel y una vez en la calle, le devolvieron sus efectos personales.

Solo cuando se introdujeron de nuevo en el edificio Andrew pudo respirar, aunque solo en parte.

Al otro lado de la calle se encontraba una figura femenina que se hizo conocida.

Aquella silueta se le antojó como la calidez del sol en una mañana de primavera.

Nadia Al-Hassan le hizo un gesto desde la acera contraria para que se acercara lo más rápido posible.

Andrew, por primera vez en muchas horas, se sentía a salvo y no tardó ni un suspiro en dirigirse al otro lado de la calle. Su cuerpo era un recipiente repleto de miedo y dudas que, aun sin desaparecer, se paliaría con tan solo estar cerca de aquella valerosa mujer.