Lady Penelope da siempre su paseo a las diez (Club Astarea 2) Capítulo 17 #3
82%

Capítulo 17 #3

—Eh, vamos, no te preocupes. —Sir Justin fue hacia ella y le pasó un brazo por los hombros. Acarició la cabecita del perro con la otra mano—. Es un truco, Penny. Solo está disimulando, y lo hace porque así se lo han enseñado. Tiene que haber un modo de indicarle que puede despertar.

—No sé... Nomy, usa el silbato, a ver... —Observó que su amiga obedecía, pero sin resultado—. ¡Oh, maldición!

Sir Justin la estrechó más fuerte.

—Penny, por favor, no te preocupes. No le pasa nada, tarde o temprano se levantará, lo verás.

—Tápale la nariz —sugirió Nomy. Lady Penelope la miró espantada.

—¡No! Pero ¿qué dices?

—¡Solo está disimulando! Si le tapas la nariz, tendrá que reaccionar.

—No quiero hacer eso. No seas antipática.

— Toutou, toutou, réveille-toi! —dijo de pronto una voz.

Todos miraron a Blanche—. Viens jouer avec moi!

—De inmediato, el perrito pegó un brinco en brazos de lady Penelope y le lamió la barbilla antes de forcejear para escaparse y correr junto a Blanche.

Dio un salto para subirse al sofá, a su lado, y restregar la cabecita contra su vientre abultado—.

Así, precioso. Tu faisais semblant de dormir, chérie?

—El perrito ladró— . Mais quel bon et obéissant petit chien tu es!

Lady Penelope casi lloró de puro alivio.

—¿Francés? —preguntó sir Justin, sorprendido.

—Sí. Le he dicho que despertase y que viniera a jugar. Le he preguntado si estaba fingiendo dormir. —Acarició la barriguita de Goldie, que jugaba feliz a su lado—. Y le he dicho que es un perrito bueno y obediente.

—Sí, lo entendí. Pero me ha sorprendido que usted llegara a esa conclusión, Blanche.

—Soy francesa, me he fijado en los dos detalles relacionados con mi país: los pantalones del hombre y las voces del ama de llaves de lord Greymark, que, al parecer, también es francesa.

Y el perrito reaccionó con sus lamentos mezcla de inglés y de francés.

No podía estar segura, pero podía probarlo.

—Además, tiene sentido, sí —dijo lady Penelope—. Goldie no obedece nunca, nada. Estoy segura de que lo entrenaron en francés, ese hombre...

—Llamémoslo «el francés», sí.

—¿Los perros saben idiomas? —preguntó divertida Nomy.

—Ya lo creo —dijo lady Penelope, mientras se levantaba del suelo con ayuda de sir Justin—.

Cuando era pequeña, teníamos en Finesword Manor un jardinero alemán que tenía muy entrenado a su perro, y solo respondía a las órdenes en alemán.

Otis y yo tuvimos que aprender algunas palabras para poder jugar con él.

—Qué cosas se aprenden...

—Sí. La cuestión es que ya sabemos cómo se hizo y por qué. Lo difícil va a ser demostrar que lord Trenton está implicado en todo esto.

—No sé cómo esperas hacerlo —reconoció sir Justin—.

La palabra de la señorita Reynolds no servirá para nada.

Tal como ha dicho, él afirmará que la despidió, y todos pensarán que lo acusa por despecho.

No tenemos el cuerpo del francés, aunque no sé si nos serviría de algo lo contrario, porque tampoco podemos relacionarlo con lo demás excepto por la misma testigo.

Y de nuevo lord Trenton podría decir que no sabe nada del tema, y que es ella la culpable.

Lady Penelope se frotó las sienes, intentando que eso la ayudase a pensar.

—Bueno, yo cogí el silbato de su bolsillo. Puedo testificar que está relacionado con el perrito y...

—Sí —admitió sir Justin—. Pero al margen de que eso te pondría en una situación delicada, porque habrías ocultado pruebas...

—¡Lo olvidé! ¡No le di importancia!

—Lo sé, pero es un hecho: te lo quedaste y no llegó a la policía.

De no ser lady Penelope Wilson, estarías metida en un problema.

—Esperó a que ella asintiese, aceptándolo, antes de continuar—: La cuestión es que, al margen de eso, él podría seguir diciendo que no sabe de qué va este asunto.

Que quizá la señorita Reynolds tenía una aventura con el francés y entre los dos estaban confabulados para sacar lo más posible del conde.

Al fin y al cabo, eso estaba funcionando: prácticamente recién llegada de la granja, la joven ya era la sucesora del ama de llaves.

—Pero no les convenía que lord Greymark muriera, no todavía...

—No, cierto –intervino el señor Kirkcallum—.

Pero puede decir que quizá los descubrió en su intento, y que tuvieron que matarlo para que no los denunciase.

Luego, cuando se negó a mantenerla como ama de llaves, lo amenazó con acusarlo a él de todo.

En definitiva, de nuevo será palabra contra palabra.

Y la de ella no estaría en muy buen lugar, me temo.

Lady Penelope hizo una muequita, molesta por tanto problema.

¡Qué frustración! Hasta le entraban ganas de maldecir y todo.

Allá donde mirase, ese canalla tenía un modo de escapar, una maldita madriguera por la que escurrirse, como la rata que era.

Dio un par de vueltas más en silencio por la sala antes de que se le ocurriese algo.

Entonces, sonrió.

—Bueno, pues buscaremos más pruebas.

—¿Ah, sí? —preguntó sir Justin, suspicaz—. ¿Y cómo vas a conseguirlas?

—Es muy sencillo: iremos esta noche a la cripta de Greymark Manor y examinaremos el cuerpo con mucha atención. —Lady Penelope dio unas palmaditas—. ¡Veamos si nos dice algo!